Francisco Sauvageod de Dupuis y el Himno nacional

Francés de nacimiento (1813), no existe mucha información acerca de él hasta que recaló en Asunción en 1853, contratado por don Carlos Antonio López como parte de sus acciones para modernizar el Paraguay.

Portada del resultado de la encuesta llevada a cabo por el Instituto Paraguayo para la dilucidación de la originalidad del Himno nacional paraguayo en 1923 y cuyos resultados fueron entregados en 1930 al Estado para ser promulgado en 1934 (copia del original propiedad del autor)
Portada del resultado de la encuesta llevada a cabo por el Instituto Paraguayo para la dilucidación de la originalidad del Himno nacional paraguayo en 1923 y cuyos resultados fueron entregados en 1930 al Estado para ser promulgado en 1934 (libro, propiedad del autor)

Muchos fueron los técnicos y especialistas europeos cuyo servicio don Carlos había solicitado a Europa con la idea de darle al Paraguay una fisonomía moderna. Fue así que en 1853 llegó al Paraguay Francisco Sauvageod de Dupuis para hacerse cargo de la organización musical del Paraguay. Fue tan importante su contratación que percibía más que un ministro de Gobierno (mientras él ganaba 100 pesos fuertes, Francisco S. López ganaba 50).

Unos años antes habían comenzado los intentos por dotar al Paraguay de un himno. Información de ello se puede encontrar en el periódico El Paraguayo Independiente de 1845. Lo cierto es que ante lo caro que iba a costar que el autor del himno argentino, Vicente López, escribiera el nuestro, el poeta uruguayo Francisco Acuña de Figueroa tomó la iniciativa y en 1846 le obsequió al Paraguay los versos indicando en el manuscrito original que la música era igual a la del Uruguay pero sin acompañar partitura alguna.

Ese detalle ayudó a alimentar la polémica sobre el verdadero compositor de la música de nuestro Himno. Algunos sostienen que fue Dupuis, otros que fue el húngaro Debalí. Lo cierto es que el italiano Cavedagni, músico que llegó al país en 1874, fue el primero que lo publicó en ese mismo año en Buenos Aires. También hay otras versiones de Cantalicio Guerrero, Nicolo Pellegrini y Remberto Giménez.

Luego de la Guerra contra la Triple Alianza, el himno quedó relegado como muchas otras cuestiones de Estado, y se conocieron y utilizaron otras «canciones patrióticas», tanto en guaraní como en castellano, sobre todo alimentadas por la catástrofe que provocó la contienda.

Recién en 1934 se oficializó al Himno, pero con una curiosa base anecdótica: la encuesta que en 1923 iniciara el afamado Instituto Paraguayo «a fin de dilucidar diversos puntos obscuros y dudosos a su respecto», la que culminó con el veredicto de que el mismo era auténtico basado en diversos estudios bibliográficos y emerográficos.

Por último, el 20 de mayo es recordado como el del Himno Nacional paraguayo porque ese día fue entregado por el poeta Acuña de Figueroa a los representantes nacionales con dedicatoria especial al Paraguay y al presidente Carlos A. López. Dupuis fallecería en 1861, un día como hoy, 2 de julio, y Acuña de Figueroa el 6 de octubre de 1862, pocos días después que don Carlos Antonio López.

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El Poder Judicial

La Justicia, junto al Legislativo y el Ejecutivo conforma la institucionalidad de nuestro país y su sistema de gobierno democrático basado en la división e independencia de poderes.

La Justicia y su disposición en nuestro país no fueron siempre como las conocemos ahora. Por su origen colonial, las cuestiones judiciales de la antigua Provincia del Paraguay, creada en 1776, estaban sujetas a lo que disponía la corona española.

Pero no se debe pensar que al no existir un Poder Judicial constituido faltaba la figura, sólo había una forma distinta de impartir Justicia acorde a la época, centralizada y enfocada en el poder del rey.

Para decidir cómo dar a cada cual lo suyo estaban el Cabildo, los gobernadores, los alcaldes y los tribunales de alzada. Se dependió durante un tiempo de la Real Audiencia de Charcas, pero a partir de 1783, cuando se estableció la Real Audiencia de Buenos Aires, Paraguay cayó bajo esa jurisdicción.

Una acción de independencia

La libertad de la Provincia del Paraguay no debía ocurrir sólo en el ámbito político, también en el judicial. El Congreso General de junio de 1811 dispuso la independencia de la Justicia de Comercio separándonos de Buenos Aires, y en 1812 definió la separación total de la Real Audiencia de Buenos Aires «a fin de soltar las últimas amarras que tenían al Paraguay ligado al viejo régimen colonial».

El 19 de marzo de 1812 fue remitida a la Junta de Buenos Aires una nota en que se exigía la devolución de todos los casos judiciales pendientes para ser atendidos en la Provincia del Paraguay por sus jueces naturales. El gobierno porteño entendió que había justicia en tal pedido y ordenó el 20 de abril de ese mismo año que se diera lugar a lo solicitado.

Ese fue el acto que conquistó la independencia de la Justicia como un poder independiente en el Paraguay, aunque todavía faltaría un largo camino por recorrer para concretar la figura como una Institución, cosa que ocurriría recién a partir de la Constitución de 1870.

Provincia por República, y más aún

A dos años de la independencia, el 30 de setiembre de 1813, se reunió en Asunción el 2º Congreso de la Provincia del Paraguay a solicitud del Dr. Francia.

Varias e importantes fueron las resoluciones tomadas, entre las que se debe citar las siguientes:

  1. Se reafirmó la declaración de la independencia y se aprobó el cambio de denominación del país pasando de Provincia del Paraguay a República del Paraguay.
  2. Se adoptaron la bandera y el escudo nacionales.
  3. Se aprobó un Reglamento de Gobierno, conformando lo que podría darse en llamar la primera Constitución Nacional.
  4. Se estableció la figura del Consulado, ejercido por dos ciudadanos en igualdad de condiciones y poder que deberían gobernar por el término de un año.

Bibliografía:
Silvero, Jorge. En Los orígenes del Poder Judicial Paraguayo en el siglo XIX. El Poder Judicial en el Paraguay, sus Orígenes y Organización 1870-1900. Tomo I. Corte Suprema de Justicia. Asunción. 2011.

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