Alejandro Guanes Recalde

Un poeta posromántico

A dos años de haber terminado la Guerra Guasú (1864-1870), nació en Asunción el 18 de noviembre uno de los más significativos intelectuales paraguayos: Periodista, ensayista y poeta, cubrió con su trabajo literario el espectro temporal del 900.

Según algunos investigadores, Alejandro Guanes se inspiró en su casa familiar para escribir el poema, pero que de manera metafórica los versos se refieren en realidad al país (fotografía de la Casa Guanes, Colección Charles Müller; curador, Arq. Jorge Rubbiani)
Según algunos investigadores, Alejandro Guanes se inspiró en su casa familiar para escribir el poema, pero que de manera metafórica los versos se refieren en realidad al país (fotografía de la Casa Guanes, Colección Charles Müller; curador, Arq. Jorge Rubbiani)

En el báratro de sombras alocado el viento brega,
ya blasfema, ya baladra, ora silba y ora juega
con el tul de la llovizna, con las ramas que deshoja,
   con la estola de una cruz;
ya sus ímpetus afloja, ya retorna, ora dibuja
   del relámpago a la luz,
un fantástico esqueleto que aterido se arrebuja
   del sudario en el capuz.

Estos son los versos iniciales del poema épico Las Leyendas de 1909, publicado en el libro póstumo «De Paso por la Vida», y que le valiera el aprecio y el respeto de otros connotados integrantes de la intelectualidad de la época como Juan E. O’Leary, Manuel Domínguez y Cecilio Báez.

 
Caserón de añejos tiempos, el de sólidos sillares,
con enormes hamaqueros en paredes y pilares,
el de arcaicas alacenas esculpidas, ¡qué de amores,
   qué de amores vio este hogar!,
el que sabe de dolores y venturas de otros días,
   estructura singular,
viejo techo ennegrecido, ¡qué de amores y alegrías
   y tristezas vio pasar!

Guanes había realizado sus estudios en la Argentina y muy pronto dio a conocer sus primeras estrofas poéticas. Al regresar al Paraguay colaboró intensamente con la prensa nacional y, sobre todo, con la revista del Instituto Paraguayo (1896-1908), insigne publicación que recibió en sus hojas, en 64 números que se editaron en total, a lo mejor del arte nacional e internacional de la época.

Por los ángulos oscuros de sus cuartos vaga el pora.
Es quizás un alma en pena que la vida rememora,
vida acaso de grandeza, tal vez mísera existencia,
   ¡vida de héroe tal vez!
En pesada somnolencia la tertulia se sumerge
   en confusa placidez;
es la hora en que sus formas toma el pora y en que emerge
   de la triste lobreguez. (…)

El poeta falleció el 25 de mayo de 1925, apenas con 52 años. Analistas de la literatura paraguaya como José Rodríguez Alcalá, Sinforiano Buzó, Hugo Rodríguez Alcalá, Beatriz González de Bosio, Teresa Méndez-Faith y Carlos Villagra Marsal le dedicaron estudio y páginas en sus respectivas publicaciones a este gran vate poco estudiado y referido.

Con su obra Las Leyendas, Guanes legó una gran elegía panegírica al país, cuya todavía sangrante herida provocada por la guerra que había socavado sus cimientos estaba muy presente en el paraguayo. Para rescatar el ser nacional, el trabajo de éste y otros grandes poetas e intelectuales de la época estuvo al lado del ciudadano apuntalándolo.

Fuente:
Buzó, J.S. Indice de la poesía paraguaya (1959). Edic. Niza, Asunción.
Centurión, C.R. Historia de la cultura paraguaya (1961). Buenos Aires

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Flores y la fuerza del destino

Ya sea como resultado de un plan creado por Dios, o por la sucesión inevitable de acontecimientos que ocurren en el pasado y cuyas consecuencias afectan el presente y el futuro, o ya porque está escrito que así deba ocurrir inexorablemente, el hecho es que las cosas ocurren, muchas veces de manera inexplicable.

Músicos tocando en el centro de Asunción en alguna fiesta popular (Colección Charles Müller)
Músicos tocando en el centro de Asunción en alguna fiesta popular (Colección Charles Müller)

El Paraguay, y Asunción, trataban de superar la tragedia de la todavía reciente confrontación (1864-1870) mientras vivía sacudida por hechos sociales y políticos derivados de la inquietud ciudadana en muchos aspectos: gobierno, educación, derechos y tendencias entre otros aspectos.

En ese contexto propicio llegan al Paraguay los abuelos y el padre de Flores, Juan; en ese ambiente se cría la madre de Flores, Magdalena; en ese espacio cultural Nicolino y Salvador crean la Banda de Músicos de la Policía; en ese ambiente social, herencia de la guerra, la soltería de muchas madres iba constituyéndose en una cuestión social de muchas dimensiones y profundidad con consecuencias hasta nuestros días.

De padrino ilustre (Manuel Gondra), hijo de madre soltera, José Agustín Flores (a los 21 años cambiaria Agustín por Asunción), a quien le correspondía por derecho el apellido paterno Volta según una investigación del historiador Luis Verón, se crió en los alrededores de la Chacarita donde vivió; la calle, el centro de Asunción, la plaza Uruguaya y el puerto fueron sus lugares de juego y de travesuras, fruto de las cuales fue a parar varias veces a la comisaría.

En una de esas ocasiones, con 12 años a cuesta, comenzó su formación musical con Salvador Déntice en la Banda de la Policía, la forjadora de tantos y brillantes músicos a lo largo de su prolongada historia que se inicia en 1912.

Y el destino, sea cual fuere el concepto que se acepte de él, comenzó su tarea. Se dedicó a la música y al trombón, conoció a Ortiz Guerrero gracias a Serrato, asumió de Delfín Chamorro su base ideológica, estudió en El Gimnasio, conoció a Catalina y tuvo hijos, frecuentó la intelectualidad de la época y, sobre todo, se cuestionó acerca de la música paraguaya experimentando con un ritmo más lento, el 6×8.

El destino, al que se abraza o se rechaza pero del que no se escapa, conformó su persona, su profesión, su vida y su aporte más significativo a la historia de la cultura del Paraguay y del mundo: la creación de la guarania, cuyo día se recuerda en nuestro país como homenaje a la fecha del nacimiento de Flores, el 27 de agosto de 1904.

Bibliografía:
Bareiro, L. y col. Hitos del Bicentenario. Edit. Servilibro, Asunción (2011)
Bernabé, J. Hombres y Símbolos. Edic. del autor, Asunción (1971)
Amaral, R. Escritos Paraguayos. Edic. Mediterráneo, Asunción (1984)

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El Ateneo Paraguayo y su derrotero

El 28 de julio se recordarán 130 años de la fecha de fundación del Ateneo Paraguayo, ocurrida en 1883 en la ciudad de Asunción, a escasos 13 años de haber culminado la Guerra Guasu.

La construcción de dos plantas de la derecha, en primer plano, es el Palacio Barrios, casa del yerno de don Carlos, Vicente Barrios, construcción ya desaparecida en Pdte. Franco e Independencia Nacional. A ese lugar se mudó el Instituto cuando fue derribada la Casa López-Carrillo. La de la izquierda es el fondo de la actual Farmacia Catedral (fotografía Colección Charles Müller)
La construcción de dos plantas de la derecha, en primer plano, es el Palacio Barrios, casa del yerno de don Carlos, Vicente Barrios, construcción ya desaparecida en Pdte. Franco e Independencia Nacional. A ese lugar se mudó el Instituto cuando fue derribada la Casa López-Carrillo. La de la izquierda es el fondo de la actual Farmacia Catedral (fotografía Colección Charles Müller)

El país estaba tratando de salir de la tremenda crisis producida por la Guerra contra la Triple Alianza por diversos medios. Uno de ellos era el intento de reconstrucción de las instituciones y la instalación de otras que nunca estuvieron presentes en el país.

De hecho, las acciones culturales en el país siempre fueron escasas, ya sea por lo «cerrado» del Dr. Francia o porque no hubo tiempo de consolidar el proyecto transformador encarado por don Carlos debido a la contienda contra Argentina, Brasil y Uruguay entre 1864 y 1870.

Sin embargo, ni bien fue ocupada Asunción en 1869 por los Aliados, la capital y el resto del país se abrieron de nuevo y comenzó la ardua tarea reconstructora de la nación.

En ese ambiente de grandes movimientos sociales se conformó el Ateneo por muchos de los más brillantes intelectuales del país: Los nombres de Adolfo Decoud, Benjamín Aceval, Ramón Zubizarreta, Alejandro Audivert, Leopoldo Gómez de Terán y Cecilio Báez pueden leerse en el acta fundacional junto al de otras importantes figuras de distintas áreas y especialidades.

Pero la institución no duraría mucho tiempo; apenas seis años, puesto que en 1889, debido quizá a desavenencias personales de sus integrantes y lo convulsionado de la política criolla, disolvió sus actividades.

Sin embargo, el germen de la asociación estaba presente. En 1895 aquel impulso inicial dio paso a la formación de otro grupo que sería igualmente importante: el Instituto Paraguayo, órgano continuador de los esfuerzos del Ateneo.

A ese impulso se sumó, en 1913, la creación del Gimnasio Paraguayo y el Club de Gimnasia y Esgrima, conformados en su mayoría por jóvenes paraguayos que volvían de usufructuar becas en el exterior.

El país vivía una de sus eras más brillantes, la conocida como el Novecentismo. En ese ámbito, la unión de los tres grupos se concretó en diciembre de 1933, adoptándose como nombre propio el del anterior Ateneo Paraguayo como un homenaje al grupo inicial.

Esta denominación no está libre de polémica, ya que algunos investigadores como Raúl Amaral sostienen que un Ateneo y otro difieren mucho en intereses generales y, por lo tanto, no son la misma institución. Como fuere, lo que no se puede negar es el impulso y el apoyo que estos tres grupos dieron a la cultura de nuestro país y a su desarrollo con el propósito de sacar al país del sitio en donde le sumió la guerra.

Bibliografía:
Amaral, Raúl. Escritos Paraguayos. Editorial Mediterráneo (1984). Asunción
Gamarra Doldán, Pedro. En el Centenario del Gimnasio Paraguayo. Suplemento Cultural del diario ABC Color (2013). Asunción
Pérez Acosta, Francisco. Núcleos Culturales del Paraguay Contemporáneo. Edit. del autor (1959). Buenos Aires

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El 1 de mayo…

Sin lugar a dudas, el 1 de mayo es una fecha sumamente importante para el mundo entero por cuanto se recuerda el Día Internacional del Trabajador. Pero, sin embargo, para los paraguayos, esa fecha pasa casi desapercibida en relación a otro acontecimiento de suma trascendencia en la historia de nuestra nación.

Tratado de la Triple Alianza
Tratado de la Triple Alianza

Apenas 25 años antes de los hechos que dieron origen a la fecha recordatoria de los trabajadores (Chicago, mayo de 1886), en América del Sur tres países reunidos en secreto, Argentina, Brasil y Uruguay, dieron pie a uno de los actos más bochornosos y polémicos de la historia reciente: el Tratado de Alianza contra el Paraguay.

En 19 artículos más un protocolo, definieron la suerte del Paraguay con acciones cuyas consecuencias incluso se sienten en la actualidad, más allá de cualquier intento de reconciliación por parte de los firmantes de dicho documento que fue dado a conocer a la opinión pública en el Parlamento británico en 1866 y publicado en Francia en abril de ese mismo año con traducción y comentarios atribuidos al intelectual argentino Juan Bautista Alberdi, una de las figuras públicas más críticas del tratado, de sus firmantes y de sus intenciones.

Y es que ese documento secreto que incluso imponía nuevos límites territoriales al Paraguay, castigos monetarios e indemnizaciones, tuvo amplia repercusión a nivel mundial y ganó para el Paraguay la simpatía de muchos alrededor del mundo ante la tremenda aplicación de la fuerza por parte de los países aliados al pueblo de la Nación que pretendían doblegar mediante la guerra.

Muchas fueron las voces de protesta que se alzaron en Europa y América ante la desproporción del enfrentamiento y sobre todo ante el cinismo del «contrato» que firmaron esos países para traer una supuesta guerra «libertadora en contra del Gobierno y no del pueblo» como reza en su texto en algún capítulo, cuando lo que en realidad hicieron fue expoliar las riquezas y apoderarse de territorios del Paraguay imponiendo la ley del vencedor.

Y ciertamente, 4 años y 10 meses después de la firma del infame Tratado con el que fueron responsables de uno de los episodios más sangrientos del siglo XIX, Argentina, Brasil y Uruguay acababan la guerra con la muerte del Mariscal Francisco Solano López y la exterminación de gran parte de la población paraguaya en fecha 1 de marzo de 1870, dando así cumplimiento a la letra del documento mencionado y la intención de sus firmantes. Todavía quedaría mucho más por escribirse en la historia luego de esa fecha, pero eso es tema de otro capítulo.

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Acerca del ferrocarril paraguayo

Los tambores de guerra contra los aliados estaban sonando fuerte ya cuando en 1864 el ferrocarril paraguayo inauguró su recorrido Luque-Areguá-Patiño un día como hoy, 5 de marzo.

Tren Lechero_Rev. Asunc_1951
Imagen del conocido como Tren Lechero, que unía San Lorenzo con Asunción

Una de las instituciones más emblemáticas del Paraguay es el ferrocarril «Presidente Carlos Antonio López», llamado así en homenaje al mandatario en cuyo gobierno las obras de progreso cambiaron la faz del país.

Luego de ocupar la presidencia a la muerte del Dr. Francia, don Carlos encaró con firmeza la modernización del país. Envío a su hijo Francisco en misión diplomática y comercial a Europa, contrató técnicos para residir aquí, modernizó la flota militar y mercante, abrió oficinas de negocios en otros países, apoyó la educación y fomentó las obras de infraestructura.

Entre esas obras resaltaba un medio relativamente nuevo que revolucionaría el transporte en el mundo entero: el ferrocarril. Con una visión progresista encaró los primeros trabajos a partir de 1854 y luego solicitó a los agentes del Paraguay en Europa la compra de todo lo necesario para que tengamos un tren.

El 24 de marzo de 1856 le fue enviado a los hermanos Blyth, encargados de negocios de Paraguay en Londres, una primera entrega de 200 mil pesos oro para la compra de todo lo necesario para cubrir 13 leguas de ferrocarril, la distancia aproximada entre Asunción y Cerro León: rieles, vagones y locomotoras» (Pérez Acosta, J.: Carlos A. López, Obrero Máximo. 1948).

Comenzaba de esa manera el camino largo, sinuoso y amargo de un medio que lamentablemente no llegó a consolidarse en nuestro país, en parte como consecuencia de la guerra contra los aliados. Hoy en día se extraña un medio de transporte como el ferrocarril, tan importante en otros países del mundo.

El ferrocarril en las Américas

La historia del ferrocarril en las Américas comenzó en los EE.UU. en 1831; luego le siguió Cuba, en 1834. En Sudamérica este transporte comenzó a rodar en Chile en 1851; en Brasil, en 1854 (según algunos autores), y en la Argentina en 1857. Para Pérez Acosta, Paraguay fue el tercer país sudamericano en contar con este medio de transporte (Pérez Acosta, J.: Carlos A. López, Obrero Máximo. 1948); para otros fue el cuarto, ya que Paraguay echó a rodar sus primeros vagones oficialmente el 25 de diciembre de 1861, a pesar de que en 1854 ya estaban trabajando en las obras para sostener las vías y aproximadamente a partir de esa fecha comenzó a funcionar un tramo que unía el arsenal con el puerto, pero para el uso de zorras estiradas a caballos y no locomotoras a vapor (Verón, L.: Ferrocarril del Paraguay. 2002).

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