Dos novelas de Emilio Salgari y el Paraguay

Emilio Salgari escribió dos novelas de ficción con protagonistas paraguayos, una de ellas con base histórica en la Guerra contra la Triple Alianza. Aquí les presentamos una de ellas para su lectura en streaming.

Tapa del libro El Tesoro del Presidente del Paraguay en su edición de 1958, Editorial Pulga, Barcelona

Emilio Salgari (Verona, 1862–Turín 1911), escritor, marino y periodista, nació apenas un par de años antes que comience la Guerra contra la Triple Alianza (1864–1870). Escribió, principalmente, obras de aventura.

La más conocida de ellas es el Pirata Sandokan, perteneciente a la serie o ciclo «Piratas de Malasia». Acostumbrado a realizar sus escritos en series, también se suman los ciclos Piratas del Caribe, Piratas de las Bermudas, Aventuras en el Far–West y otros denominadas menores, entre las que se encuentra la conocida como Los dos marineros, de las que forman parte El Tesoro del Presidente del Paraguay y El Continente Misterioso.

El Tesoro del Presidente del Paraguay

Esta novela fue editada en Turín y publicada en 26 entregas en el periódico Il Novelliere Ilustrato desde el 7 de enero hasta el 15 de julio de 1894.

La trama de esta obra, ambientada en 1869, incluye un viaje misterioso desde la ciudad de Boston, USA, a bordo de un barco, el Pilcomayo, que debía navegar hasta el Sudamérica y forzar el paso por el río Paraguay para hacer llegar al Mcal. Francisco Solano López un cargamento de armas y municiones en pleno desarrollo de la guerra.

La tripulación está formada por un capitán, dos marineros paraguayos y un funcionario del Estado que sufren mil peripecias para tratar de cumplir su tarea que incluía la entrega de algo mucho más importante que las armas, una carga importante de diamantes para financiar la guerra.

La aventura continúa con la voladura del barco ante el fracaso de la misión, así como el vuelo en globo aerostático de los paraguayos. Reseñamos hasta ahí, dejando que la lectura del libro dé las respuestas a las preguntas que pudieran haberse formado.

El Continente Misterioso

El Continente Misterioso, por su parte, fue publicada en 1894 también en Turín, bajo la forma de una novela de aventuras protagonizada en Australia de fines del siglo XIX, por un puñado de exploradores occidentales, entre los que se encontraban los mismos protagonistas paraguayos de El Tesoro del Presidente del Paraguay, que se enfrentan a la hostilidad de la naturaleza y de las tribus nativas.

Emilio Salgari, a pesar de la prolifidad de su obra, sufrió del desdén del algunos colegas y editores de la época debido a que lo consideraban un escritor «liviano», poco comprometido y afecto a la ficción. Sin embargo, la lectura de sus obras refleja todo lo contrario, demuestran un compromiso social muy importante.

En cuanto a las obras sobre el Paraguay, que se sepa nunca estuvo por estas tierras y que alimentó su conocimiento en las bibliotecas y libros referentes al Paraguay ya que los detalles descriptivos son muy exactos.

Desde Aranduvera Biblioteca Digital Abierta les recomendamos fechacientemente la lectura de la obra de Emilio Salgari, y sobre todo de aquellas dos referentes a temas y personajes paraguayos. Más abajo les dejamos el enlace que le llevará al material de lectura en streaming de El Continente Misterioso.

Enlace a la obra El Continente Misterioso

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Antecedentes de la bibliotecología en el Paraguay

Sobre la importante labor que cumple el bibliotecario y la relación con la fecha de su día de recordación, vale este pequeño homenaje desde la historia a quienes cumplen un destacado trabajo en la planificación, conservación y metodización de los fondos documentales de la sociedad.

“… Un teatro nuevo , diseñado por el arquitecto italiano ya mencionado (por Alejandro Ravizza. Nota del autor), estaba medio concluido cuando llegué al país, y queda todavía en el mismo estado; en realidad es muy grande para la población y es necesario que pase un siglo para que le cuadre. El arquitecto declaró con toda injenuidad á Mr. Whytehead  que no se hallaba capaz de concluirlo… Había lo que se llamaba Biblioteca pública; pero siendo teolójicos casi todos los libros, nunca supe que hubiese quien los leyera…” (Masterman, 1870, p. 63).

El Dr. Francia, según Lorenzana
El Dr. Francia, según Lorenzana

De esta manera tan particular, el médico y boticario inglés que llegó al Paraguay en 1861 contratado por Carlos Antonio López para organizar la sanidad nacional, describe al país, su gente, sus modos, usos y costumbres en un libro ácido y con un lenguaje casi despectivo desde su posición europea, y sobre todo británica, acerca de las cuestiones paraguayas.

En 1836 don José Gaspar creó la primera biblioteca pública del país, en Asunción, con un fondo documental de aproximadamente 5.000 volúmenes, en su mayoría confiscados de las familias que el Dictador consideraba oligárquicas y otros heredados por el Estado. Hay que tener en cuenta en este punto que el decomiso de libros fue una práctica constante en muchos períodos de la historia de la humanidad; y sin la necesidad de citar ejemplos que vayan más allá de las fronteras nacionales, basta recordar que Carlos Antonio López también habría de hacer lo mismo en su oportunidad:

“Los comandantes militares de la Villa de la Encarnacion y del campamento de San José de la otra banda del río Paraná recogerán hasta otra disposición todos los impresos que viniesen á esos puntos, y los remitirán al Gobierno en primera ocasion, sin dispensar consideracion alguna sobre este mandato, á que han dado lugar graves motivos, quedando responsables del cumplimiento. Circúlese en las dos comandancias referidas para los fines consiguientes. Asuncion, Febrero 24 de 1844” (Repertorio Nacional, 1844, Nº 4, p. 1).

Continuando con esto, Richard Alan White señala igualmente que:

“Seis años después de la muerte de la viuda de Cavañas (refiriéndose a Atanasio Cavañas, caudillo de la Cordillera y héroe de la batalla de Tacuarí que no había dejado heredero. Nota del autor), Francia confiscó la propiedad de la familia, entregando las casas al maestro de Piribebuy, las imágenes religiosas al mayordomo de la iglesia de la ciudad, las ropas a los sirvientes; el acero, sal y tabaco a la estancia del estado de Gazarí; el algodón al ejército para los uniformes de las tropas y los libros a la nueva biblioteca pública de Asunción. Todos los artículos restantes fueron vendidos a los pobladores a precios razonables” (White, 1989, p. 115).

A la muerte José Gaspar Rodríguez de Francia, un país ordenado, estructurado, con producción propia interna, con campesinos ryguãta porã (bien satisfechos, en guaraní. Nota del autor), con fondos públicos disponibles, aguardaba al siguiente representante de la sociedad política paraguaya de la época, a Carlos Antonio López, quien gobernó durante 22 años en el período que muchos historiadores llaman de “reconstrucción” o “renacimiento nacional” puesto que éste se convierte en el primer presidente constitucional del Paraguay y comienza al mismo tiempo una época “dorada” de grandes proyectos, obras y acciones culturales que acompañarían al país hasta la llegada de la cruenta y despiadada Guerra contra la Triple Alianza en 1865, la que dejó a la nación al borde de la desaparición literalmente hablando.

Un tanto como homenaje, un tanto como acto de justicia, la Junta de Gobierno que asumió el poder luego de la muerte de José Gaspar decidió, el 16 de octubre de 1840, que se “abra y franquee” la biblioteca fundada por el “Finado Señor Dictador” para que en adelante sea “útil y ventajoso” para la “ilustración de los ciudadanos”, fijándose un “bibliotecario interino”, el señor José Gabriel Benítez, con goce de sueldo de “15 $ (pesos. Nota del autor) fuertes mensuales por ahora y hasta que se forme un reglamento” para que maneje dicho establecimiento. Este hecho es considerado como un antecedente primigenio de la profesión de bibliotecario en el país, así como desde luego lo es acerca de las bibliotecas públicas nacionales (Vázquez, 1975).

Extracto de la tesina de grado: La actividad cultural en el Paraguay a partir de un estudio hemerográfico sobre el periódico La Regeneración (1869-1870), Instituto Superior de Arte Olga Blinder, Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (U.N.A.), autoría del Prof. Lic. Carlos Vera Abed

Bibliografía:
Masterman, Jorge Federico (1870). Siete años de aventuras en el Paraguay. Buenos Aires. Imprenta Americana
Vázquez, Antonio José (1975). El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos. Buenos Aires. Editorial Universitaria de Buenos Aires
White, Richard Alan (1989). La primera revolución popular en América, Paraguay (1810.1840). Asunción. Carlos Schauman Editor

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Alejandro Guanes Recalde

Un poeta posromántico

A dos años de haber terminado la Guerra Guasú (1864-1870), nació en Asunción el 18 de noviembre uno de los más significativos intelectuales paraguayos: Periodista, ensayista y poeta, cubrió con su trabajo literario el espectro temporal del 900.

Según algunos investigadores, Alejandro Guanes se inspiró en su casa familiar para escribir el poema, pero que de manera metafórica los versos se refieren en realidad al país (fotografía de la Casa Guanes, Colección Charles Müller; curador, Arq. Jorge Rubbiani)
Según algunos investigadores, Alejandro Guanes se inspiró en su casa familiar para escribir el poema, pero que de manera metafórica los versos se refieren en realidad al país (fotografía de la Casa Guanes, Colección Charles Müller; curador, Arq. Jorge Rubbiani)

En el báratro de sombras alocado el viento brega,
ya blasfema, ya baladra, ora silba y ora juega
con el tul de la llovizna, con las ramas que deshoja,
   con la estola de una cruz;
ya sus ímpetus afloja, ya retorna, ora dibuja
   del relámpago a la luz,
un fantástico esqueleto que aterido se arrebuja
   del sudario en el capuz.

Estos son los versos iniciales del poema épico Las Leyendas de 1909, publicado en el libro póstumo «De Paso por la Vida», y que le valiera el aprecio y el respeto de otros connotados integrantes de la intelectualidad de la época como Juan E. O’Leary, Manuel Domínguez y Cecilio Báez.

 
Caserón de añejos tiempos, el de sólidos sillares,
con enormes hamaqueros en paredes y pilares,
el de arcaicas alacenas esculpidas, ¡qué de amores,
   qué de amores vio este hogar!,
el que sabe de dolores y venturas de otros días,
   estructura singular,
viejo techo ennegrecido, ¡qué de amores y alegrías
   y tristezas vio pasar!

Guanes había realizado sus estudios en la Argentina y muy pronto dio a conocer sus primeras estrofas poéticas. Al regresar al Paraguay colaboró intensamente con la prensa nacional y, sobre todo, con la revista del Instituto Paraguayo (1896-1908), insigne publicación que recibió en sus hojas, en 64 números que se editaron en total, a lo mejor del arte nacional e internacional de la época.

Por los ángulos oscuros de sus cuartos vaga el pora.
Es quizás un alma en pena que la vida rememora,
vida acaso de grandeza, tal vez mísera existencia,
   ¡vida de héroe tal vez!
En pesada somnolencia la tertulia se sumerge
   en confusa placidez;
es la hora en que sus formas toma el pora y en que emerge
   de la triste lobreguez. (…)

El poeta falleció el 25 de mayo de 1925, apenas con 52 años. Analistas de la literatura paraguaya como José Rodríguez Alcalá, Sinforiano Buzó, Hugo Rodríguez Alcalá, Beatriz González de Bosio, Teresa Méndez-Faith y Carlos Villagra Marsal le dedicaron estudio y páginas en sus respectivas publicaciones a este gran vate poco estudiado y referido.

Con su obra Las Leyendas, Guanes legó una gran elegía panegírica al país, cuya todavía sangrante herida provocada por la guerra que había socavado sus cimientos estaba muy presente en el paraguayo. Para rescatar el ser nacional, el trabajo de éste y otros grandes poetas e intelectuales de la época estuvo al lado del ciudadano apuntalándolo.

Fuente:
Buzó, J.S. Indice de la poesía paraguaya (1959). Edic. Niza, Asunción.
Centurión, C.R. Historia de la cultura paraguaya (1961). Buenos Aires

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A 147 años de la célebre batalla de Curupayty

«¿No llegan hasta vuestro oído los aires marciales de una diana vibrante y arrebatadora? La batalla va a empezar. Mirad con vuestro pensamiento el soberbio panorama de aquella tarde inolvidable. Aquí, detrás de estas trincheras esperan nuestros leones, ávidos de pelear, devorados por la fiebre de una ansiedad incontenible».

Cuadro del pintor argentino Cándido López, llamado también el Manco de Curupayty ya que participó de la batalla y allí perdió el brazo derecho hasta el codo. Fue el principal ilustrador de la contienda a partir de los bocetos que realizó durante la misma
Cuadro del pintor argentino Cándido López, llamado también el «Manco de Curupayty» ya que participó de la batalla y allí perdió el brazo derecho hasta el codo. Fue el principal ilustrador de la contienda a partir de los bocetos que realizó durante la misma

De esa manera, Juan E. O’Leary rememora y homenajea el valor del soldado paraguayo y el ingenio del Gral. Díaz en la batalla de Curupayty (El Libro de los Héroes, pág. 260: 1922), la mas brillante y resonante victoria del Ejército paraguayo durante la guerra.

Luego de ser rechazado de las tierras aliadas el Ejército paraguayo, las acciones de la Guerra contra la Triple Alianza se desarrollarían totalmente en territorio paraguayo hasta finalizar en 1870. Tomaron el dominio de los ríos Paraguay y Paraná con el objetivo de llegar a Asunción, pero en el camino les esperaba la fortaleza de Curupayty y, más arriba, Humaitá.

Antes de la contienda, el 12 de setiembre, López y Mitre se reunieron en Yataity Corá para buscar una salida elegante al conflicto, acuerdo que no llegaría a causa de los brasileños. Entonces no quedó más que seguir con las acciones. El 22 de setiembre de 1866, Bartolomé Mitre, comandante de las fuerzas aliadas, ordenó el asalto de Curupayty que días antes 5.000 paraguayos fortificaron eficazmente.

El lodazal producido por una lluvia de tres días, la posición elevada, una laguna, el estero, las trincheras y las trampas que el Gral. Díaz ordenó que se plantaran rodeando la fortaleza fueron las murallas contra las que chocaron una y otra vez los soldados aliados en número de 9 y 8 mil argentinos y brasileños, respectivamente.

Carga tras carga eran rechazados. Los soldados aliados retrocedían y eran empujados de nuevo al frente por la retaguardia pasando por encima de los cuerpos de sus propios compañeros. Cuando Mitre ordenó la retirada, a las 17 hs., sobre el campo de batalla quedaron alrededor de 9 mil muertos e incontables heridos aliados, entre ellos la mayoría de los jefes de batallones y cuerpos.

En el lado paraguayo, las bajas fueron un jefe, tres oficiales y 19 soldados. La victoria fue completa y el efecto sobre la moral de los aliados fulminante. Varios cambios se produjeron como resultado de la batalla: el Brasil cambió a sus jefes principales, Mitre tuvo que volver a la Argentina a enfrentar revueltas internas a causa del desacuerdo con la guerra y las acciones se detuvieron por 10 meses aproximadamente.

Fue el tiempo corto de una paz impensada, de la calma que precede a la tormenta. Al año siguiente las cosas cambiarían y los aliados, repuestos de su derrota y aprendida la lección, atacarían de nuevo y ya no pararían hasta entrar sobre Asunción el 5 de enero de 1869.

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El periódico La Regeneración y su valor fundamental

Si bien es cierto en nuestro país se recuerda al 26 de abril como el Día del Periodismo Paraguayo en homenaje a la aparición de El Paraguayo Independiente (26/4/1845 – 18/9/1852), otro periódico, La Regeneración, marcó la inauguración del periodismo independiente en el Paraguay.

Facsimilar de La Regeneración (colección del autor)
Facsimilar de La Regeneración (colección del autor)

El 5 de enero de 1869 Asunción había sido ocupada por las fuerzas aliadas y se declaró la capital como ciudad abierta. Luego de los saqueos protagonizados por los soldados brasileños, hecho profusamente documentado, el Paraguay todavía en guerra mientras Solano López viviera, trataba de reorganizar su existencia.

En este sentido, al recuperarse la libre navegación de los ríos, Asunción se convirtió en un hervidero de gente que venía de todos lados: comerciantes, militares, familiares de los soldados, oferta de placeres, migrantes y exiliados llegaron al país.

Fueron épocas muy duras, pero al mismo tiempo de solidaridad y de lucha por la imposición de derechos sociales fundamentales. Ideas como la necesidad de una Carta Magna moderna, la participación femenina en la política, la separación de la Iglesia del Estado, la secularización del Gobierno y la reorganización de la educación ocupaban el espacio de la discusión ciudadana en bares, hogares y calles.

En ese propicio ambiente de agitación social apareció La Regeneración, el primer periódico independiente del Paraguay, el 1 de octubre de 1869 en Asunción. Perteneciente a la familia Decoud, contraria a los López desde mucho antes, inauguró de esa manera una época sumamente importante en las comunicaciones y dio pie a que se consolide el periodismo en el Paraguay.

La reorganización del Estado, la inquietud social, el entretenimiento, la publicidad, la historia, y su propia versión de ella, la información internacional y nacional fueron los componentes de este medio de comunicación que cerró sus puertas el 23 de setiembre de 1870, apenas 11 meses después de abierto, a causa de un acontecimiento sumamente llamativo y poco conocido en nuestro país conocido como «La noche triste de los italianos».

En honor a la verdad La Regeneración no tuvo la relevancia histórico-temporal de El Paraguayo Independiente, la primicia comunicacional de La Aurora y El Eco del Paraguay; o tal vez la presencia documental de El Semanario así como tampoco el romanticismo del enfrentamiento de las armas con las palabras del Cabichu’i, ni la ironía de El Centinela y La Estrella, todas publicaciones propiciadas por el Estado.

Pero la importancia de La Regeneración no es menor a ninguna de los citados anteriormente porque marcó decididamente el inicio una época moderna e independiente, de un periodismo que con sus luces y sus sombras ya no pararía más.

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Flores y la fuerza del destino

Ya sea como resultado de un plan creado por Dios, o por la sucesión inevitable de acontecimientos que ocurren en el pasado y cuyas consecuencias afectan el presente y el futuro, o ya porque está escrito que así deba ocurrir inexorablemente, el hecho es que las cosas ocurren, muchas veces de manera inexplicable.

Músicos tocando en el centro de Asunción en alguna fiesta popular (Colección Charles Müller)
Músicos tocando en el centro de Asunción en alguna fiesta popular (Colección Charles Müller)

El Paraguay, y Asunción, trataban de superar la tragedia de la todavía reciente confrontación (1864-1870) mientras vivía sacudida por hechos sociales y políticos derivados de la inquietud ciudadana en muchos aspectos: gobierno, educación, derechos y tendencias entre otros aspectos.

En ese contexto propicio llegan al Paraguay los abuelos y el padre de Flores, Juan; en ese ambiente se cría la madre de Flores, Magdalena; en ese espacio cultural Nicolino y Salvador crean la Banda de Músicos de la Policía; en ese ambiente social, herencia de la guerra, la soltería de muchas madres iba constituyéndose en una cuestión social de muchas dimensiones y profundidad con consecuencias hasta nuestros días.

De padrino ilustre (Manuel Gondra), hijo de madre soltera, José Agustín Flores (a los 21 años cambiaria Agustín por Asunción), a quien le correspondía por derecho el apellido paterno Volta según una investigación del historiador Luis Verón, se crió en los alrededores de la Chacarita donde vivió; la calle, el centro de Asunción, la plaza Uruguaya y el puerto fueron sus lugares de juego y de travesuras, fruto de las cuales fue a parar varias veces a la comisaría.

En una de esas ocasiones, con 12 años a cuesta, comenzó su formación musical con Salvador Déntice en la Banda de la Policía, la forjadora de tantos y brillantes músicos a lo largo de su prolongada historia que se inicia en 1912.

Y el destino, sea cual fuere el concepto que se acepte de él, comenzó su tarea. Se dedicó a la música y al trombón, conoció a Ortiz Guerrero gracias a Serrato, asumió de Delfín Chamorro su base ideológica, estudió en El Gimnasio, conoció a Catalina y tuvo hijos, frecuentó la intelectualidad de la época y, sobre todo, se cuestionó acerca de la música paraguaya experimentando con un ritmo más lento, el 6×8.

El destino, al que se abraza o se rechaza pero del que no se escapa, conformó su persona, su profesión, su vida y su aporte más significativo a la historia de la cultura del Paraguay y del mundo: la creación de la guarania, cuyo día se recuerda en nuestro país como homenaje a la fecha del nacimiento de Flores, el 27 de agosto de 1904.

Bibliografía:
Bareiro, L. y col. Hitos del Bicentenario. Edit. Servilibro, Asunción (2011)
Bernabé, J. Hombres y Símbolos. Edic. del autor, Asunción (1971)
Amaral, R. Escritos Paraguayos. Edic. Mediterráneo, Asunción (1984)

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El Ateneo Paraguayo y su derrotero

El 28 de julio se recordarán 130 años de la fecha de fundación del Ateneo Paraguayo, ocurrida en 1883 en la ciudad de Asunción, a escasos 13 años de haber culminado la Guerra Guasu.

La construcción de dos plantas de la derecha, en primer plano, es el Palacio Barrios, casa del yerno de don Carlos, Vicente Barrios, construcción ya desaparecida en Pdte. Franco e Independencia Nacional. A ese lugar se mudó el Instituto cuando fue derribada la Casa López-Carrillo. La de la izquierda es el fondo de la actual Farmacia Catedral (fotografía Colección Charles Müller)
La construcción de dos plantas de la derecha, en primer plano, es el Palacio Barrios, casa del yerno de don Carlos, Vicente Barrios, construcción ya desaparecida en Pdte. Franco e Independencia Nacional. A ese lugar se mudó el Instituto cuando fue derribada la Casa López-Carrillo. La de la izquierda es el fondo de la actual Farmacia Catedral (fotografía Colección Charles Müller)

El país estaba tratando de salir de la tremenda crisis producida por la Guerra contra la Triple Alianza por diversos medios. Uno de ellos era el intento de reconstrucción de las instituciones y la instalación de otras que nunca estuvieron presentes en el país.

De hecho, las acciones culturales en el país siempre fueron escasas, ya sea por lo «cerrado» del Dr. Francia o porque no hubo tiempo de consolidar el proyecto transformador encarado por don Carlos debido a la contienda contra Argentina, Brasil y Uruguay entre 1864 y 1870.

Sin embargo, ni bien fue ocupada Asunción en 1869 por los Aliados, la capital y el resto del país se abrieron de nuevo y comenzó la ardua tarea reconstructora de la nación.

En ese ambiente de grandes movimientos sociales se conformó el Ateneo por muchos de los más brillantes intelectuales del país: Los nombres de Adolfo Decoud, Benjamín Aceval, Ramón Zubizarreta, Alejandro Audivert, Leopoldo Gómez de Terán y Cecilio Báez pueden leerse en el acta fundacional junto al de otras importantes figuras de distintas áreas y especialidades.

Pero la institución no duraría mucho tiempo; apenas seis años, puesto que en 1889, debido quizá a desavenencias personales de sus integrantes y lo convulsionado de la política criolla, disolvió sus actividades.

Sin embargo, el germen de la asociación estaba presente. En 1895 aquel impulso inicial dio paso a la formación de otro grupo que sería igualmente importante: el Instituto Paraguayo, órgano continuador de los esfuerzos del Ateneo.

A ese impulso se sumó, en 1913, la creación del Gimnasio Paraguayo y el Club de Gimnasia y Esgrima, conformados en su mayoría por jóvenes paraguayos que volvían de usufructuar becas en el exterior.

El país vivía una de sus eras más brillantes, la conocida como el Novecentismo. En ese ámbito, la unión de los tres grupos se concretó en diciembre de 1933, adoptándose como nombre propio el del anterior Ateneo Paraguayo como un homenaje al grupo inicial.

Esta denominación no está libre de polémica, ya que algunos investigadores como Raúl Amaral sostienen que un Ateneo y otro difieren mucho en intereses generales y, por lo tanto, no son la misma institución. Como fuere, lo que no se puede negar es el impulso y el apoyo que estos tres grupos dieron a la cultura de nuestro país y a su desarrollo con el propósito de sacar al país del sitio en donde le sumió la guerra.

Bibliografía:
Amaral, Raúl. Escritos Paraguayos. Editorial Mediterráneo (1984). Asunción
Gamarra Doldán, Pedro. En el Centenario del Gimnasio Paraguayo. Suplemento Cultural del diario ABC Color (2013). Asunción
Pérez Acosta, Francisco. Núcleos Culturales del Paraguay Contemporáneo. Edit. del autor (1959). Buenos Aires

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El Mcal. Estigarribia y la Constitución de 1940

En la edición 19 del 11 de junio pasado de este suplemento, habíamos hablado acerca de la Constitución nacional de 1870 y sus antecedentes sociales y políticos. En este número comentaremos algunos pormenores de la Carta Magna de 1940 y sus circunstancias.

La Guerra del Chaco (Paraguay y Bolivia, 1932-1935) tuvo dos actores principales en cuando a la conducción militar (de la civil nos ocuparemos luego), el coronel Rafael Franco y el general José Félix Estigarribia. Ambos fueron también protagonistas de otra historia militar poco tiempo después. El 17 de febrero de 1936, el conocido como «Presidente de la Victoria», Dr. Eusebio Ayala, renunció a la primera magistratura luego de un alzamiento militar que desembocó en cruentos combates en Asunción, asumiendo la dirección del país de manera provisoria el Cnel. Rafael Franco.

Apenas 16 meses después, el gobierno del Cnel. Franco fue depuesto por otro golpe militar y el poder le fue entregado de nuevo al Partido Liberal, que en una elección unipartidista en 1939 presentó a José Félix Estigarribia como candidato presidencial.

Lo cierto es que fue el breve gobierno del Mcal. Estigarribia el que propuso y promulgó la Constitución de 1940, nacida luego de la Guerra del Chaco, en reemplazo de la de 1870, nacida luego de la Guerra contra la Triple Alianza.

«Los instrumentos políticos con que contaba el Estado para gobernar a la Nación eran deficientes e ineficaces» para alcanzar la restauración del país, rezaba el preámbulo de la Constitución de 1940, por lo tanto se volvió necesario declarar caduca la anterior y encarar un nuevo documento nacional.

La sanción de la Carta del 10 de julio de 1940 firmada por Estigarribia decía: «Artículo 1°. Desde esta fecha entra en vigencia la presente Constitución en substitución de la Carta Política de 1870. Artículo 2°. Someto la presente Constitución al veredicto del pueblo, a cuyo efecto convoco a todos los ciudadanos a plebiscito, que se realizará el 4 de agosto próximo venidero, de acuerdo con las leyes electorales vigentes y a la reglamentación que se irá oportunamente. Artículo 3°. Comuníquese, publíquese y dése al Registro Oficial».

Los 94 artículos de este documento entraron en vigencia a partir del 15 de agosto del mismo año y las pretensiones de Estigarribia de apoyarse en este importante instrumento para llevar adelante sus planes fueron truncadas apenas un mes después. El 7 de setiembre de 1940, yendo a pasar un fin de semana a la ciudad de San Bernardino junto a su esposa Julia Miranda Cueto, el avión que los trasladaba capotó cerca de la ciudad de Altos pereciendo todos en el accidente, incluído el piloto Cap. Carmelo Peralta. El título de Mariscal le fue impuesto a Estigarribia en carácter post morten ante esta situación.

En el año 1967, estando en el Gobierno otro militar, el Gral. Alfredo Stroessner, el Paraguay volvería a ver modificarse la Constitución nacional. Pero esa es otra historia que veremos más adelante.

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La Constitución de 1870, sus antecedentes

En enero de 1869 ocuparon la ciudad de Asunción las fuerzas aliadas de Argentina, Brasil y Uruguay, y con ello terminaba una época y comenzaba otra en la historia de nuestro país, tal como la reconstrucción de las instituciones que sufrieron daño y la creación de otras nuevas.

Acta manuscrita de la Convención Nacional Constituyente (1870). Archivo digital, gentileza de la Biblioteca Nacional del Paraguay, copia del autor
Copia facsimilar del acta manuscrita de la Convención Nacional Constituyente (1870). Archivo digital, gentileza de la Biblioteca Nacional del Paraguay, copia del autor

Una de esas instituciones es la Constitución, una de las consagraciones más importantes del sistema jurídico de cualquier nación, fruto de la inteligencia y el entendimiento de su pueblo reunido en convención constituyente para llevar adelante el objetivo nacional.

Si bien es cierto que en 1842 se tuvo el primer intento de una Carta Magna durante el gobierno de don Carlos Antonio López, ésta no llegó más allá de un reglamento de gobierno. Tampoco hubo mucho tiempo de avanzar, porque la Guerra con la Triple Alianza llegaría pocos años después con su carga trágica para el pueblo paraguayo.

Y es así que las fuerzas aliadas enemigas ocuparon en enero de 1869 la ciudad de Asunción mientras el Mcal. López iniciaba su camino sin regreso hacia el norte del país para terminarlo en Cerro Corá 14 meses después.

Mientras tanto, la injerencia de los países de la Triple Alianza, especialmente del imperio del Brasil y de la Argentina se hizo sentir por mucho tiempo sobre todos los asuntos políticos y sociales en nuestro país, incluso hasta hoy en día.

La efervescencia política en Asunción, luego de la ocupación, alcanzó niveles muy altos. Comenzaron los grandes movimientos populares que terminarían con la creación de los dos grandes partidos políticos, la discusión sobre los derechos civiles y la laicidad del Estado, la recuperación de la educación y del comercio, y comenzaron los movimientos inmigratorios y la repatriación.

De igual manera, en cumplimiento del Tratado de Alianza contra el Paraguay del 1 de mayo de 1865, sus integrantes se prestaban a imponer sus condiciones a través de un protocolo y los políticos paraguayos aceptaron, exactamente un día como hoy pero de 1869, las condiciones de los enemigos para la conformación de un gobierno provisorio en el Paraguay que tendría, entre otras, la misión de convocar a una asamblea nacional constituyente para la creación de una Constitución.

Fueron momentos muy álgidos, de mucha actividad social y política, de acuerdos, de convulsiones, de necesidades y un gran ímpetu por tratar de salir de las pésimas condiciones en que la guerra dejó al país.

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El 1 de mayo…

Sin lugar a dudas, el 1 de mayo es una fecha sumamente importante para el mundo entero por cuanto se recuerda el Día Internacional del Trabajador. Pero, sin embargo, para los paraguayos, esa fecha pasa casi desapercibida en relación a otro acontecimiento de suma trascendencia en la historia de nuestra nación.

Tratado de la Triple Alianza
Tratado de la Triple Alianza

Apenas 25 años antes de los hechos que dieron origen a la fecha recordatoria de los trabajadores (Chicago, mayo de 1886), en América del Sur tres países reunidos en secreto, Argentina, Brasil y Uruguay, dieron pie a uno de los actos más bochornosos y polémicos de la historia reciente: el Tratado de Alianza contra el Paraguay.

En 19 artículos más un protocolo, definieron la suerte del Paraguay con acciones cuyas consecuencias incluso se sienten en la actualidad, más allá de cualquier intento de reconciliación por parte de los firmantes de dicho documento que fue dado a conocer a la opinión pública en el Parlamento británico en 1866 y publicado en Francia en abril de ese mismo año con traducción y comentarios atribuidos al intelectual argentino Juan Bautista Alberdi, una de las figuras públicas más críticas del tratado, de sus firmantes y de sus intenciones.

Y es que ese documento secreto que incluso imponía nuevos límites territoriales al Paraguay, castigos monetarios e indemnizaciones, tuvo amplia repercusión a nivel mundial y ganó para el Paraguay la simpatía de muchos alrededor del mundo ante la tremenda aplicación de la fuerza por parte de los países aliados al pueblo de la Nación que pretendían doblegar mediante la guerra.

Muchas fueron las voces de protesta que se alzaron en Europa y América ante la desproporción del enfrentamiento y sobre todo ante el cinismo del «contrato» que firmaron esos países para traer una supuesta guerra «libertadora en contra del Gobierno y no del pueblo» como reza en su texto en algún capítulo, cuando lo que en realidad hicieron fue expoliar las riquezas y apoderarse de territorios del Paraguay imponiendo la ley del vencedor.

Y ciertamente, 4 años y 10 meses después de la firma del infame Tratado con el que fueron responsables de uno de los episodios más sangrientos del siglo XIX, Argentina, Brasil y Uruguay acababan la guerra con la muerte del Mariscal Francisco Solano López y la exterminación de gran parte de la población paraguaya en fecha 1 de marzo de 1870, dando así cumplimiento a la letra del documento mencionado y la intención de sus firmantes. Todavía quedaría mucho más por escribirse en la historia luego de esa fecha, pero eso es tema de otro capítulo.

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