Juan Sinforiano Bogarín

Obispo y primer arzobispo de Asunción

Juan Sinforiano Bogarín, una de las figuras más importantes de la curia nacional, tiene entre sus ascendientes a otras como San Roque González de Santa Cruz, el misionero Amancio González y el prócer Javier Bogarín.

Monseñor Juan Sinforiano Bogarín
Monseñor Juan Sinforiano Bogarín

Mons. Bogarín escribió sus memorias, las que son un documento muy original para leer la historia del país, relatada desde su función pastoral. Vale la pena echar un vistazo a ellas.

Nació en Mbuyapey, localidad del departamento de Paraguarí, el 21 de agosto de 1863, apenas un año antes del inicio de la Guerra Grande, contienda en la cual perdió a sus progenitores. Primero a su padre, durante la defensa de Humaitá, y luego a su madre por la enfermedad del cólera, residenta en la localidad de Borja.

Huérfanos él y sus tres hermanos fueron criados por una tía materna durante esos duros años que fueron los de guerra y posguerra para el Paraguay. Cuando el Seminario Conciliar de Asunción abrió sus puertas en 1880 para continuar la prolífica labor que desempeñó durante años, teniendo sus antecedentes inmediatos en el Real Colegio Seminario de San Carlos, el joven Bogarín fue de la primera generación de ordenados, específicamente en 1886, el 24 de febrero.

Designado al siguiente año como párroco de la Catedral, los años en que estuvo al frente sirvieron para encarar proyectos de remodelación y restauración del templo, venido muy abajo por el tiempo y las acciones de la guerra contra los aliados, cuyos efectos también se hicieron sentir en la conformación del clero nacional que estaba reducido y desorganizado.

Precedido de un gran prestigio popular por la sencillez de su prédica como pastor, su trabajo apostólico y el apoyo a las diferentes organizaciones que rodeaban a la Iglesia, su nombre fue propuesto en una terna junto a Claudio Arrúa y Antonio Palacios para cubrir la vacancia dejada por el obispo Pedro Juan Aponte a su muerte en 1891.

En 1894, mediante Bula Papal, León XIII lo exaltó a Obispo del Paraguay, siendo consagrado el día de San Blas, el 3 de febrero de 1895, por el monseñor Luis Lasagna. En el año 1929, fue creada la Provincia Eclesiástica del Paraguay y en 1930 Juan Bogarín recibió el cargo arzobispal, convirtiéndose en el primero en este cargo en nuestro país.

Luego de 54 años de gran labor pastoral en que le cupo la reorganización del clero nacional, después del ordenamiento de casi cien jóvenes paraguayos, luego de haber apoyado la llegada de otras órdenes religiosas al país, de un gran apoyo a las organizaciones sociales y campesinas en defensa de sus derechos y de sus tierras; habiendo precautelado en un periodo de gran crispación civil por los enfrentamientos internos políticos los intereses de su feligresía con sendas Cartas Pastorales, falleció a los 85 años de edad el 25 de febrero de 1949, apenas luego de emitir la última de ellas siete días antes, un día como hoy 18 de febrero.

Fuentes:
Zubizarreta, Carlos. Cien vidas paraguayas. 1985. Editorial Servilibro, Asunción
Amaral, Raúl. Forjadores del Paraguay.
Seiferheld, Alfredo. Mis apuntes. Memoria de Monseñor Sinforiano Bogarín. 1986. Editorial Histórica. Asunción
Bray, Arturo. Hombres y épocas del Paraguay. 1957. Buenos Aires

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La importancia del audiovisual como registro de la memoria

A propósito del Día Mundial del Patrimonio Audiovisual (I)

Al hablar de audiovisual estamos refiriéndonos a la unión de las dos formas de expresión: lo auditivo y lo visual, la que generó este nuevo lenguaje o forma expresiva tan importante en nuestra manera de comunicarnos en la actualidad a partir de la aparición del cine sonoro hacia 1930.

Imagen muy conocida de la película "Le Voyage dans la Lune" (Viaje a la Luna), dirigida por Georges Méliès en 1902 basada en una novela de Julio Verne
Imagen muy conocida de la película «Le Voyage dans la Lune» (Viaje a la Luna), dirigida por Georges Méliès en 1902 basada en una novela de Julio Verne

Si bien es cierto el cine tiene sus antecedentes en «El caballo en movimiento», la serie de fotografías tomadas por el inglés Edward James Muggeridge publicada en 1887 en Filadelfia, EE.UU., un experimento nacido de la necesidad de averiguar si, en un momento de su trote, los caballos dejan de apoyar sus extremidades en el piso, la verdadera historia comenzó en 1895 con la primera proyección pública de los hermanos Lumière.

El éxito del kinetoscopio, el protocinematógrafo, fue inmediato en todo el mundo. Aparecieron figuras de la talla de Georges Méliès y su «Viaje a la Luna» de 1902 y el «Viaje a lo imposible» de 1904, considerados los primeros espectáculos de cine creados con el propósito de divertir. Había nacido en ese acto, la poderosa industria del cine y directores de la talla de Murnau, Eisenstein, Wiene, Lang y Stroheim darían rienda suelta a su creatividad detrás de una cámara.

Es evidente que en los 126 años que pasaron desde el experimento de Muggeridge, el cine ha servido no sólo para entretener; ha servido también para  registrar acontecimientos, para contar historias, para enlazar la literatura con lo visual, para darle respaldo a lo sonoro y apoyarse en él.

«Por su capacidad de trascender las fronteras lingüísticas y culturales, atraer inmediatamente la vista y el oído, a las personas alfabetizadas y a las analfabetas, los documentos audiovisuales han transformado la sociedad» (fragmento), expresan los antecedentes de la ONU y su órgano cultural, la UNESCO, al momento de declarar al 27 de octubre como Día Mundial del Patrimonio Audiovisual en 1980.

La utilización de este lenguaje para narrar el transcurrir del ser humano y la toma de conciencia acerca de la importancia de la guarda de los documentos visuales o audiovisuales le otorgan una trascendencia superlativa a esta fecha en la que se recomiendan acciones diversas que tiendan a la protección del patrimonio y el empoderamiento del lenguaje y de la técnica como poderosas formas de expresión.

Fuente:
Resolución 33 C/53 de la UNESCO.
AUMONT, Jacques. Historia general del cine. Madrid, Cátedra, 1995

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El Ateneo Paraguayo y su derrotero

El 28 de julio se recordarán 130 años de la fecha de fundación del Ateneo Paraguayo, ocurrida en 1883 en la ciudad de Asunción, a escasos 13 años de haber culminado la Guerra Guasu.

La construcción de dos plantas de la derecha, en primer plano, es el Palacio Barrios, casa del yerno de don Carlos, Vicente Barrios, construcción ya desaparecida en Pdte. Franco e Independencia Nacional. A ese lugar se mudó el Instituto cuando fue derribada la Casa López-Carrillo. La de la izquierda es el fondo de la actual Farmacia Catedral (fotografía Colección Charles Müller)
La construcción de dos plantas de la derecha, en primer plano, es el Palacio Barrios, casa del yerno de don Carlos, Vicente Barrios, construcción ya desaparecida en Pdte. Franco e Independencia Nacional. A ese lugar se mudó el Instituto cuando fue derribada la Casa López-Carrillo. La de la izquierda es el fondo de la actual Farmacia Catedral (fotografía Colección Charles Müller)

El país estaba tratando de salir de la tremenda crisis producida por la Guerra contra la Triple Alianza por diversos medios. Uno de ellos era el intento de reconstrucción de las instituciones y la instalación de otras que nunca estuvieron presentes en el país.

De hecho, las acciones culturales en el país siempre fueron escasas, ya sea por lo «cerrado» del Dr. Francia o porque no hubo tiempo de consolidar el proyecto transformador encarado por don Carlos debido a la contienda contra Argentina, Brasil y Uruguay entre 1864 y 1870.

Sin embargo, ni bien fue ocupada Asunción en 1869 por los Aliados, la capital y el resto del país se abrieron de nuevo y comenzó la ardua tarea reconstructora de la nación.

En ese ambiente de grandes movimientos sociales se conformó el Ateneo por muchos de los más brillantes intelectuales del país: Los nombres de Adolfo Decoud, Benjamín Aceval, Ramón Zubizarreta, Alejandro Audivert, Leopoldo Gómez de Terán y Cecilio Báez pueden leerse en el acta fundacional junto al de otras importantes figuras de distintas áreas y especialidades.

Pero la institución no duraría mucho tiempo; apenas seis años, puesto que en 1889, debido quizá a desavenencias personales de sus integrantes y lo convulsionado de la política criolla, disolvió sus actividades.

Sin embargo, el germen de la asociación estaba presente. En 1895 aquel impulso inicial dio paso a la formación de otro grupo que sería igualmente importante: el Instituto Paraguayo, órgano continuador de los esfuerzos del Ateneo.

A ese impulso se sumó, en 1913, la creación del Gimnasio Paraguayo y el Club de Gimnasia y Esgrima, conformados en su mayoría por jóvenes paraguayos que volvían de usufructuar becas en el exterior.

El país vivía una de sus eras más brillantes, la conocida como el Novecentismo. En ese ámbito, la unión de los tres grupos se concretó en diciembre de 1933, adoptándose como nombre propio el del anterior Ateneo Paraguayo como un homenaje al grupo inicial.

Esta denominación no está libre de polémica, ya que algunos investigadores como Raúl Amaral sostienen que un Ateneo y otro difieren mucho en intereses generales y, por lo tanto, no son la misma institución. Como fuere, lo que no se puede negar es el impulso y el apoyo que estos tres grupos dieron a la cultura de nuestro país y a su desarrollo con el propósito de sacar al país del sitio en donde le sumió la guerra.

Bibliografía:
Amaral, Raúl. Escritos Paraguayos. Editorial Mediterráneo (1984). Asunción
Gamarra Doldán, Pedro. En el Centenario del Gimnasio Paraguayo. Suplemento Cultural del diario ABC Color (2013). Asunción
Pérez Acosta, Francisco. Núcleos Culturales del Paraguay Contemporáneo. Edit. del autor (1959). Buenos Aires

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Sobre los museos (III)

Si bien hubo esfuerzos antes del suyo, en realidad al de Juan Silvano Godoy se le debe el hecho de que se pueda contar hoy en día con una colección como la del Museo Nacional de Bellas Artes del Paraguay.

Retrato de Juan Silvano Godoy exhibido en el Museo Nacional de Bellas Artes, autoría de Teófilo Castillo, óleo sobre tela (1901). Fotografía de Jorge Candia Coronel para la SNC
Retrato de Juan Silvano Godoy exhibido en el Museo Nacional de Bellas Artes, autoría de Teófilo Castillo, óleo sobre tela (1901). Fotografía de Jorge Candia Coronel para la SNC

La poderosa figura de Juan Silvano Godoy, así como sus conflictivas acciones, amenazan con cubrir sus logros, sobre todo los que hacen referencia a la conformación de lo que se daría en llamar posteriormente Museo Nacional de Bellas Artes del Paraguay.

Sin pretender hacer juicio de valor sobre su personalidad, cabe destacar que la afición que cultivó estando en el exilio en Buenos Aires, y tras sus viajes por Europa que le llevaron a la formación de un acervo artístico y editorial importante, fueron la base del principal museo del país.

Para ello hizo buen uso de sus fondos patrimoniales, que fueron importantes y le posibilitó codearse con la crema y nata porteña y santafecina, ciudades donde estudió y, luego, vivió como refugiado político luego de 1877 tras ser acusado de tener participación en el magnicidio del presidente Juan Bautista Gill.

Con la ayuda del argentino Eduardo Schiaffino, luego fundador del Museo Nacional de Bellas Artes de la Argentina, así como del coleccionista Aristóbulo del Valle, fue adquiriendo obras en galerías y subastas, así como también en sus viajes por el Viejo Mundo donde optó por las escuelas tradicionales de España, Francia, Italia e Inglaterra.

De igual manera compró esculturas, efigies, bustos y muebles; también libros. Con estos últimos conformó la importante colección conocida como Biblioteca Americana que luego fuera adquirida por el Estado en 1940 junto con su acervo para la creación del museo nacional.

A su regreso del destierro político gracias a una amnistía decretada por el presidente Egusquiza en 1895, trajo consigo sus pertenencias y las exhibió en su señorial domicilio de las actuales calles Juan E. O’Leary y Presidente Franco, actual sede de la Vicepresidencia.

Los 18 años que pasó fuera, viviendo en la Argentina y viajando por el mundo sirvieron para concretar una colección muy importante, la que él mismo denominaba como «museo de obras de arte pictórico de don Juansilvano Godoi». Dotó de esa manera al Paraguay de un sitio trascendente para la recuperación de la cultura nacional y posibilitó con sus acciones el acrecentamiento del patrimonio material intelectual de la nación.

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