Incorporaciones a la Colección Vera-Scuderi

La Colección Vera-Scuderi se complace en presentar dos nuevas incorporaciones que pronto estarán al alcance de sus usuarios.

Tapa del libro de Hipólito Sánchez Quell
Tapa del libro de Hipólito Sánchez Quell

En el año 1974, bajo los auspicios de la editorial Casa América, el historiador nacional Hipólito Sánchez Quell publicó el libro «El caricaturista Miguel Acevedo y su época», una semblanza del prolífico dibujante paraguayo y su contexto.

Con un importante prólogo de Enrique de Gandía, en 16 artículos y 277 páginas, Sánchez Quell va desgranando detalles de las distintas ciudades en las que vivió y trabajó Acevedo, como Nueva York, Buenos Aires, México, Asunción o París.

El texto es imprescindible para quien realiza estudios de las artes gráficas paraguayas y esté interesado en el desarrollo de las mismas.

 

Tapa del compendio Los partes del conductor
Tapa del compendio Los partes del conductor

Por otro lado, desde el Comando en Jefe de las FF.AA. de la Nación, editado por la Sección Historia e Imprenta Militar en el año 1950, ofrecemos «Los partes del conductor. Comunicados oficiales sobre la Guerra del Chaco», un material imprescindible para quien esté interesado en la historiografía del conflicto bélico que nos enfrentó a Bolivia entre 1932 y 1935.

En 268 páginas, con profusas fotografías y mapas, este compendio ofrece información imperdible para el interesado en estos temas.

Pronto, ambos serán subidos a la página web en formato de lectura en streaming, a disposición de todos los usuarios de Aranduvera.

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El manuscrito Domingo Parodi

Domingo Parodi fue un ciudadano italiano que nació en 1823 en Génova y falleció en París en 1889. Estuvo al servicio de los López antes y durante la Guerra contra la Triple Alianza.

Carátula del Manuscrito Parodi (1880)
Carátula del Manuscrito Parodi (1880)

Ya de niño llegó a Uruguay, primero, donde se formó académicamente y luego, en 1856, llegó al Paraguay donde abrió una botica y se dedicó a la prospección mineral y vegetal. Fruto de dichos estudios son numerosas publicaciones y colecciones, algunas de ellas llevadas a cabo con el botánico sueco Eberhard Munck, al que lo ata incluso una polémica sobre la propiedad de los herbolarios formados.

En 1869 es alistado por López y se suma al ejército en Azcurra, quedando a cargo de bienes del Mariscal. Finalizada la guerra cae prisionero y es llevado a Asunción, donde es sometido a interrogatorios, sobre todo aquellos llevados a cabo por la famosa Comisión Mixta organizada por el gobierno provisorio para investigar lo ocurrido durante la guerra.

Sin embargo, luego de un juicio breve logró recuperar todos sus bienes y emigró a Buenos Aires, donde se integró comercial y socialmente con la comunidad porteña, adquiriendo fama, prestigio y fortuna, para fallecer en París, víctima del cáncer, en 1889.

Domigno Parodi es, a la vez, padre del no menos famoso Enrique D. Parodi, hombre de letras y fundador de la Revista del Paraguay, de muy importante labor en la cultura de la generación del 900.

En esta oportunidad, la Colección Vera–Scuderi, a través de la Biblioteca Histórica Pública Digitalizada Aranduvera ofrece a sus lectores e interesados en general, un manuscrito del año 1880 que involucra al ciudadano Domingo Parodi y que contiene transcripciones de la Comisión Mixta investigadora de los acontecimientos de la Guerra Grande.

El mismo fue descubierto en la ciudad de Buenos Aires por el fundador del proyecto, el Lic. Carlos Vera Abed, adquirido y posteriormente sometido a restauración y conservación digital para finalmente ser donado al Archivo Nacional de Asunción (ANA) para su guarda y custodia oficial en febrero del año 2015.

Con sumo placer es ofrecido dicho manuscrito en formato de lectura en streaming. Pero si alguien necesita una copia en formato pdf, solo tiene que suscribirse a la página de Aranduvera siguiendo los procedimientos habituales y luego solicitar una copia que gustoso será enviada.

Para visualizar el archivo, haga clic encima del enlace que se encuentra a continuación.

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Paraguay Catholico

Paraguay Catholico en sus principales provincias convertidas a la Santa Fé, y Vassallage del Rey de España por la predicación de los Missioneros Zelosos De la Compañía de Jesus: en gran parte arruinada por los Mamelucos del Brasil, y restablecidas por los mismos Missioneros. Parte Segunda. Escrito por el Padre Joseph Sanchez Labrador Missionero en la misma Provincia del Paraguay. Año de 1769. En Ravenna.

Copia digital del original manuscrito de el Paraguay Catholico, parte II, del padre Sanchez Labrador, perteneciente a la Real Academia de Historia de España
Copia digital del original manuscrito de el Paraguay Catholico, parte II, del padre Sanchez Labrador, perteneciente a la Real Academia de Historia de España

El SJ Jospeh Sanchez Labrador escribió este y otros materiales fundamentales para el entendimiento de la labor de los jesuitas en las misiones luego de sufrir el extrañamiento. Algunos de sus títulos son, por ejemplo, Peces y Aves del Paraguay, Yerba Mate y otros importantes títulos que no se publicaron.

Este caso específicamente, el Paraguay Catholico, está dividido en dos partes, la segunda fue editada por el padre Furlong junto a Viu y Zona, Buenos Aires, en 1936, y hay una anterior de 1910 por la editora Coni Hnos. de Buenos Aires.

Sobre el SJ Joseph Sanchez Labrador (*)

Sánchez Labrador, nació en La Guardia, pueblo manchego del arzobispado de Toledo, España un 19 de setiembre de 1717. Llegó al Río de la Plata en 1734, enseguida se trasladó a Córdoba para terminar sus estudios hasta 1739 cuando fue ordenado sacerdote. Sus biografos cuentan que entre 1740 y 1743 estuvo nuestro misionero en Montevideo o Buenos Aires. Vuelto a Córdoba dictó clases durante algunos años y luego pasó a las misiones guaraníticas. Seguramente allí, rodeado por los paisajes magníficos y exuberantes de nuestra selva misionera, fijó su intelcto tantas descripciones de la naturaleza sudamenricana.

En aquel entonces para consolidar la conquista espiritual del Gran Chaco fue necesario en aquel enconces encontrar alguna ruta que uniese las ciudades de Asunción del Paraguay y Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, para desde allí seguir camino hacia Perú. Le tocó a Sanchez Labrador después de tantos sacrificios descubrir ese camino, al respecto el P. Peramás escribió … Sin grandes esfuerzos, sin gastos, sin peligro de la vida del explorador se llevó a cabo esta hazaña, en cuya realización habían anteriormente sucumbido [los padres Juan Bautista Zea, Juan Neumann, Agustín Castañares, Agustín Arce y Bartolome Blende, quienes] en la misma empresa cayeron en poder de los indios enemigos … Sanchez Labrador traspasó aquella barrera que hasta enconces detenía a los expañoles y llegó hasta los pueblos de Chiquitos sano y salvo….

A su regreso, en junio de 1767 Sanchez Labrador recobraba fuerzas cuando fue anoticiado de la orden de extrañamiento “… Legué a la Reducción de Nuestra Señora de Belén entre 7 y 8 de la noche… pasé… algunos días y en el que me hallé algo libre se nos intimó por soberano decreto otro viaje calificado de destierro y expatriación.” Meses después, fue embarcado en la Fragata de Guerra la Esmeralda dispuesta en Montevideo para zarpar rumbo a Cádiz, con el tiempo se instaló en Ravena, Italia donde escribió sus obras. Falleció un 10 de octubre de 1798.

(*) Fuente bibliográfica sobre el padre Sánchez Labrador:
http://www.scricciolo.com/Nuovo_Neornithes/Labrador_Jos%C3%A9_.htm

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La Universidad en el Paraguay y sus historias

VITAM IMPENDERE VERO (II)

En 1941, Viriato Díaz Pérez, aquel español que dio lustre al Paraguay como muchos de sus compatriotas, refiriéndose a esta patria con palabras lustrosas, escribió en su libro Literatura del Paraguay, Vol. II (De los días coloniales a 1939) lo siguiente:

Escultura de fray Trejo de Sanabria ubicada en la plaza principal de la Universidad de Córdoba, Argentina
Escultura de fray Trejo de Sanabria ubicada en la plaza principal de la Universidad de Córdoba, Argentina

«Aunque mediatizada la ciudad por su geografía da, empero, el primer Gobernador criollo del Continente en el gran Hernandarias de Saavedra. Adentrada en sus selvas, es asiento del primer Obispado del Río de la Plata, en 1548, con el Obispo Juan de Barrios. Después de despoblada Buenos Aires, elevada por Irala a la categoría de ciudad, es en Asunción donde celebra sesión el primer Cabildo rioplatense.

De cultura restringida, en su aislamiento mediterráneo, produce a Rui Díaz de Guzmán, el primer historiador rioplatense. No tiene Universidad, pero sus hijos la fundan allende fronteras como Hernando Trejo de Sanabria, en la Córdoba americana.

Parecía estar llamada a lograr la ingencia de urbe populosa y congestiva como otras capitales similares, y resulta destinada a ser madre de pueblos, de grandes ciudades, y, así, desde 1553 a 1595, en treinta años de vitalidad, el solar asunceño engendra treinta y tres ciudades».

Dicen los que saben que el primer proyecto de una universidad en el Paraguay fue producto de un sueño de Hernando Arias de Saavedra, nuestro gobernador Hernandarias y hermano de madre con fray Hernando Trejo y Sanabria, fundador de lo que sería con los años la Universidad Nacional de Córdoba, en la Argentina.

Dicen también los que saben que la negativa del virrey de Lima a la autorización para ello se debería a cuestiones que todavía, en la época, 1598, se le cobrarían a Asunción por la Primera Revolución Comunera, antecedente principal de los espíritus emancipadores de las Américas.

Lo cierto es que Fray Hernando Trejo y Sanabria, como se dijo hermano de madre de Hernandarias, nacido sabemos en la ciudad de San Francisco (Brasil) y llegado al Paraguay en 1556 con su familia, ordenado sacerdote de la congregación franciscana y luego nombrado obispo de la Gobernación Eclesiástica de Tucumán, decidió en 1610 dotar a Córdoba de una institución educativa superior.

Para ello donó sus salarios para que los jesuitas crearan el Colegio Máximo en 1613. En él se dictaban clases de filosofía y teología, conformando la simiente de la futura Universidad de la ciudad de Córdoba, sitio donde muchos paraguayos recibieron educación, entre ellos el prócer Gaspar Rodríguez de Francia.

La historia dice que fue apenas unos años luego de que a Asunción le fuera negada la autorización para su propia Universidad, gestionada por su propio pariente, en 1598. Hernandarias, lejos de dejarse amilanar por la adversidad, designa a los jesuitas para enseñar doctrina, letras y buenas costumbres. Esos son los humildes comienzos, los inicios de nuestra Universidad Nacional de Asunción.

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Francisco Sauvageod de Dupuis y el Himno nacional

Francés de nacimiento (1813), no existe mucha información acerca de él hasta que recaló en Asunción en 1853, contratado por don Carlos Antonio López como parte de sus acciones para modernizar el Paraguay.

Portada del resultado de la encuesta llevada a cabo por el Instituto Paraguayo para la dilucidación de la originalidad del Himno nacional paraguayo en 1923 y cuyos resultados fueron entregados en 1930 al Estado para ser promulgado en 1934 (copia del original propiedad del autor)
Portada del resultado de la encuesta llevada a cabo por el Instituto Paraguayo para la dilucidación de la originalidad del Himno nacional paraguayo en 1923 y cuyos resultados fueron entregados en 1930 al Estado para ser promulgado en 1934 (libro, propiedad del autor)

Muchos fueron los técnicos y especialistas europeos cuyo servicio don Carlos había solicitado a Europa con la idea de darle al Paraguay una fisonomía moderna. Fue así que en 1853 llegó al Paraguay Francisco Sauvageod de Dupuis para hacerse cargo de la organización musical del Paraguay. Fue tan importante su contratación que percibía más que un ministro de Gobierno (mientras él ganaba 100 pesos fuertes, Francisco S. López ganaba 50).

Unos años antes habían comenzado los intentos por dotar al Paraguay de un himno. Información de ello se puede encontrar en el periódico El Paraguayo Independiente de 1845. Lo cierto es que ante lo caro que iba a costar que el autor del himno argentino, Vicente López, escribiera el nuestro, el poeta uruguayo Francisco Acuña de Figueroa tomó la iniciativa y en 1846 le obsequió al Paraguay los versos indicando en el manuscrito original que la música era igual a la del Uruguay pero sin acompañar partitura alguna.

Ese detalle ayudó a alimentar la polémica sobre el verdadero compositor de la música de nuestro Himno. Algunos sostienen que fue Dupuis, otros que fue el húngaro Debalí. Lo cierto es que el italiano Cavedagni, músico que llegó al país en 1874, fue el primero que lo publicó en ese mismo año en Buenos Aires. También hay otras versiones de Cantalicio Guerrero, Nicolo Pellegrini y Remberto Giménez.

Luego de la Guerra contra la Triple Alianza, el himno quedó relegado como muchas otras cuestiones de Estado, y se conocieron y utilizaron otras «canciones patrióticas», tanto en guaraní como en castellano, sobre todo alimentadas por la catástrofe que provocó la contienda.

Recién en 1934 se oficializó al Himno, pero con una curiosa base anecdótica: la encuesta que en 1923 iniciara el afamado Instituto Paraguayo «a fin de dilucidar diversos puntos obscuros y dudosos a su respecto», la que culminó con el veredicto de que el mismo era auténtico basado en diversos estudios bibliográficos y emerográficos.

Por último, el 20 de mayo es recordado como el del Himno Nacional paraguayo porque ese día fue entregado por el poeta Acuña de Figueroa a los representantes nacionales con dedicatoria especial al Paraguay y al presidente Carlos A. López. Dupuis fallecería en 1861, un día como hoy, 2 de julio, y Acuña de Figueroa el 6 de octubre de 1862, pocos días después que don Carlos Antonio López.

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