Antecedentes de la bibliotecología en el Paraguay

Sobre la importante labor que cumple el bibliotecario y la relación con la fecha de su día de recordación, vale este pequeño homenaje desde la historia a quienes cumplen un destacado trabajo en la planificación, conservación y metodización de los fondos documentales de la sociedad.

“… Un teatro nuevo , diseñado por el arquitecto italiano ya mencionado (por Alejandro Ravizza. Nota del autor), estaba medio concluido cuando llegué al país, y queda todavía en el mismo estado; en realidad es muy grande para la población y es necesario que pase un siglo para que le cuadre. El arquitecto declaró con toda injenuidad á Mr. Whytehead  que no se hallaba capaz de concluirlo… Había lo que se llamaba Biblioteca pública; pero siendo teolójicos casi todos los libros, nunca supe que hubiese quien los leyera…” (Masterman, 1870, p. 63).

El Dr. Francia, según Lorenzana
El Dr. Francia, según Lorenzana

De esta manera tan particular, el médico y boticario inglés que llegó al Paraguay en 1861 contratado por Carlos Antonio López para organizar la sanidad nacional, describe al país, su gente, sus modos, usos y costumbres en un libro ácido y con un lenguaje casi despectivo desde su posición europea, y sobre todo británica, acerca de las cuestiones paraguayas.

En 1836 don José Gaspar creó la primera biblioteca pública del país, en Asunción, con un fondo documental de aproximadamente 5.000 volúmenes, en su mayoría confiscados de las familias que el Dictador consideraba oligárquicas y otros heredados por el Estado. Hay que tener en cuenta en este punto que el decomiso de libros fue una práctica constante en muchos períodos de la historia de la humanidad; y sin la necesidad de citar ejemplos que vayan más allá de las fronteras nacionales, basta recordar que Carlos Antonio López también habría de hacer lo mismo en su oportunidad:

“Los comandantes militares de la Villa de la Encarnacion y del campamento de San José de la otra banda del río Paraná recogerán hasta otra disposición todos los impresos que viniesen á esos puntos, y los remitirán al Gobierno en primera ocasion, sin dispensar consideracion alguna sobre este mandato, á que han dado lugar graves motivos, quedando responsables del cumplimiento. Circúlese en las dos comandancias referidas para los fines consiguientes. Asuncion, Febrero 24 de 1844” (Repertorio Nacional, 1844, Nº 4, p. 1).

Continuando con esto, Richard Alan White señala igualmente que:

“Seis años después de la muerte de la viuda de Cavañas (refiriéndose a Atanasio Cavañas, caudillo de la Cordillera y héroe de la batalla de Tacuarí que no había dejado heredero. Nota del autor), Francia confiscó la propiedad de la familia, entregando las casas al maestro de Piribebuy, las imágenes religiosas al mayordomo de la iglesia de la ciudad, las ropas a los sirvientes; el acero, sal y tabaco a la estancia del estado de Gazarí; el algodón al ejército para los uniformes de las tropas y los libros a la nueva biblioteca pública de Asunción. Todos los artículos restantes fueron vendidos a los pobladores a precios razonables” (White, 1989, p. 115).

A la muerte José Gaspar Rodríguez de Francia, un país ordenado, estructurado, con producción propia interna, con campesinos ryguãta porã (bien satisfechos, en guaraní. Nota del autor), con fondos públicos disponibles, aguardaba al siguiente representante de la sociedad política paraguaya de la época, a Carlos Antonio López, quien gobernó durante 22 años en el período que muchos historiadores llaman de “reconstrucción” o “renacimiento nacional” puesto que éste se convierte en el primer presidente constitucional del Paraguay y comienza al mismo tiempo una época “dorada” de grandes proyectos, obras y acciones culturales que acompañarían al país hasta la llegada de la cruenta y despiadada Guerra contra la Triple Alianza en 1865, la que dejó a la nación al borde de la desaparición literalmente hablando.

Un tanto como homenaje, un tanto como acto de justicia, la Junta de Gobierno que asumió el poder luego de la muerte de José Gaspar decidió, el 16 de octubre de 1840, que se “abra y franquee” la biblioteca fundada por el “Finado Señor Dictador” para que en adelante sea “útil y ventajoso” para la “ilustración de los ciudadanos”, fijándose un “bibliotecario interino”, el señor José Gabriel Benítez, con goce de sueldo de “15 $ (pesos. Nota del autor) fuertes mensuales por ahora y hasta que se forme un reglamento” para que maneje dicho establecimiento. Este hecho es considerado como un antecedente primigenio de la profesión de bibliotecario en el país, así como desde luego lo es acerca de las bibliotecas públicas nacionales (Vázquez, 1975).

Extracto de la tesina de grado: La actividad cultural en el Paraguay a partir de un estudio hemerográfico sobre el periódico La Regeneración (1869-1870), Instituto Superior de Arte Olga Blinder, Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (U.N.A.), autoría del Prof. Lic. Carlos Vera Abed

Bibliografía:
Masterman, Jorge Federico (1870). Siete años de aventuras en el Paraguay. Buenos Aires. Imprenta Americana
Vázquez, Antonio José (1975). El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos. Buenos Aires. Editorial Universitaria de Buenos Aires
White, Richard Alan (1989). La primera revolución popular en América, Paraguay (1810.1840). Asunción. Carlos Schauman Editor

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La Constitución de 1870, sus antecedentes

En enero de 1869 ocuparon la ciudad de Asunción las fuerzas aliadas de Argentina, Brasil y Uruguay, y con ello terminaba una época y comenzaba otra en la historia de nuestro país, tal como la reconstrucción de las instituciones que sufrieron daño y la creación de otras nuevas.

Acta manuscrita de la Convención Nacional Constituyente (1870). Archivo digital, gentileza de la Biblioteca Nacional del Paraguay, copia del autor
Copia facsimilar del acta manuscrita de la Convención Nacional Constituyente (1870). Archivo digital, gentileza de la Biblioteca Nacional del Paraguay, copia del autor

Una de esas instituciones es la Constitución, una de las consagraciones más importantes del sistema jurídico de cualquier nación, fruto de la inteligencia y el entendimiento de su pueblo reunido en convención constituyente para llevar adelante el objetivo nacional.

Si bien es cierto que en 1842 se tuvo el primer intento de una Carta Magna durante el gobierno de don Carlos Antonio López, ésta no llegó más allá de un reglamento de gobierno. Tampoco hubo mucho tiempo de avanzar, porque la Guerra con la Triple Alianza llegaría pocos años después con su carga trágica para el pueblo paraguayo.

Y es así que las fuerzas aliadas enemigas ocuparon en enero de 1869 la ciudad de Asunción mientras el Mcal. López iniciaba su camino sin regreso hacia el norte del país para terminarlo en Cerro Corá 14 meses después.

Mientras tanto, la injerencia de los países de la Triple Alianza, especialmente del imperio del Brasil y de la Argentina se hizo sentir por mucho tiempo sobre todos los asuntos políticos y sociales en nuestro país, incluso hasta hoy en día.

La efervescencia política en Asunción, luego de la ocupación, alcanzó niveles muy altos. Comenzaron los grandes movimientos populares que terminarían con la creación de los dos grandes partidos políticos, la discusión sobre los derechos civiles y la laicidad del Estado, la recuperación de la educación y del comercio, y comenzaron los movimientos inmigratorios y la repatriación.

De igual manera, en cumplimiento del Tratado de Alianza contra el Paraguay del 1 de mayo de 1865, sus integrantes se prestaban a imponer sus condiciones a través de un protocolo y los políticos paraguayos aceptaron, exactamente un día como hoy pero de 1869, las condiciones de los enemigos para la conformación de un gobierno provisorio en el Paraguay que tendría, entre otras, la misión de convocar a una asamblea nacional constituyente para la creación de una Constitución.

Fueron momentos muy álgidos, de mucha actividad social y política, de acuerdos, de convulsiones, de necesidades y un gran ímpetu por tratar de salir de las pésimas condiciones en que la guerra dejó al país.

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Acerca del ferrocarril paraguayo

Los tambores de guerra contra los aliados estaban sonando fuerte ya cuando en 1864 el ferrocarril paraguayo inauguró su recorrido Luque-Areguá-Patiño un día como hoy, 5 de marzo.

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Imagen del conocido como Tren Lechero, que unía San Lorenzo con Asunción

Una de las instituciones más emblemáticas del Paraguay es el ferrocarril «Presidente Carlos Antonio López», llamado así en homenaje al mandatario en cuyo gobierno las obras de progreso cambiaron la faz del país.

Luego de ocupar la presidencia a la muerte del Dr. Francia, don Carlos encaró con firmeza la modernización del país. Envío a su hijo Francisco en misión diplomática y comercial a Europa, contrató técnicos para residir aquí, modernizó la flota militar y mercante, abrió oficinas de negocios en otros países, apoyó la educación y fomentó las obras de infraestructura.

Entre esas obras resaltaba un medio relativamente nuevo que revolucionaría el transporte en el mundo entero: el ferrocarril. Con una visión progresista encaró los primeros trabajos a partir de 1854 y luego solicitó a los agentes del Paraguay en Europa la compra de todo lo necesario para que tengamos un tren.

El 24 de marzo de 1856 le fue enviado a los hermanos Blyth, encargados de negocios de Paraguay en Londres, una primera entrega de 200 mil pesos oro para la compra de todo lo necesario para cubrir 13 leguas de ferrocarril, la distancia aproximada entre Asunción y Cerro León: rieles, vagones y locomotoras» (Pérez Acosta, J.: Carlos A. López, Obrero Máximo. 1948).

Comenzaba de esa manera el camino largo, sinuoso y amargo de un medio que lamentablemente no llegó a consolidarse en nuestro país, en parte como consecuencia de la guerra contra los aliados. Hoy en día se extraña un medio de transporte como el ferrocarril, tan importante en otros países del mundo.

El ferrocarril en las Américas

La historia del ferrocarril en las Américas comenzó en los EE.UU. en 1831; luego le siguió Cuba, en 1834. En Sudamérica este transporte comenzó a rodar en Chile en 1851; en Brasil, en 1854 (según algunos autores), y en la Argentina en 1857. Para Pérez Acosta, Paraguay fue el tercer país sudamericano en contar con este medio de transporte (Pérez Acosta, J.: Carlos A. López, Obrero Máximo. 1948); para otros fue el cuarto, ya que Paraguay echó a rodar sus primeros vagones oficialmente el 25 de diciembre de 1861, a pesar de que en 1854 ya estaban trabajando en las obras para sostener las vías y aproximadamente a partir de esa fecha comenzó a funcionar un tramo que unía el arsenal con el puerto, pero para el uso de zorras estiradas a caballos y no locomotoras a vapor (Verón, L.: Ferrocarril del Paraguay. 2002).

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