“Con este signo vencerás…”

“IN HOC SIGNO VINCES”

Cuenta la historiografía religiosa cristiana que en las vísperas de un combate decisivo, en el año 312, al emperador Constantino le apareció en el cielo una cruz de fuego rodeada con esa inscripción.

Portada de la enciclopedia vexilológica “Banderas” de Harold Rönnebeck. (Biblioteca Vera-Scuderi)
Portada de la enciclopedia vexilológica “Banderas” de Harold Rönnebeck. (Biblioteca Vera-Scuderi)

Constantino, quien –sigue diciendo la historia– desconocía el significado, soñó al día siguiente con Cristo que le dijo que debía utilizar ese signo contra sus enemigos. Así lo hizo y venció a Majencio el 28 de octubre de 312 en la batalla del Puente Milvio en las afueras de Roma con un lábaro (estandarte) con los símbolos de la cruz y la letra P.

Este episodio de Constantino, según algunos investigadores, es un antecedente inmediato de la bandera moderna como estandarte y signo de representación cargado de simbolismo y misticismo que guía, en principio, al combatiente en pos de la victoria, señalando la presencia de la autoridad y la fuerza de la identidad por una relación de pertenencia con el objeto.

En el Paraguay, las banderas que se utilizaron a lo largo de nuestra historia tienen una cronología muy interesante de destacar. Harold Rönnebeck, en su libro Banderas de 1986 cita, coincidiendo con otros investigadores como Vargas Peña, Queirolo y Pérez Acosta, la siguiente:

1) El estandarte primitivo de los indígenas que utilizaban diversos objetos para ello; 2) la bandera de España, en la época colonial; 3) la bandera azul con una estrella blanca en la esquina superior izquierda, utilizada desde el 15 de mayo hasta el 16 de junio de 1811; 4) la tricolor terciada horizontal rojo, amarillo y azul, del 17 de junio al 15 de agosto de 1811; 5) la tricolor terciada horizontal rojo, blanco más ancho y azul creada por la Primera Junta Superior de Gobierno, usada desde el 15 de agosto de 1811 al 30 de setiembre de 1812; 6) la tricolor terciada horizontal con tres fajas de igual ancho, del 15 de agosto de 1812 hasta 1826 aproximadamente; 7) en 1826 el Dr. Francia instauró de nuevo, por decreto, la bandera azul con estrella blanca de seis puntas, alternando con la anterior hasta 1840 en que fallece el Dictador, y 8) vuelve la tricolor rojo, blanco y azul con fajas iguales tal como la utilizamos hasta hoy día por mandato del Congreso Extraordinario de 1842, pero con el agregado de los dos escudos, el de hacienda y el oficial.

Ese importante evento ocurrió el 25 de noviembre de 1842, hace 171 años y su aniversario fue recordado el día de ayer. La bandera, como tal, nos convoca, nos guía y compromete, a través de su significación, con la patria, su legado, su historia y su gente.

Bibliografía:
Rönnebeck, H. Banderas (1986). Edición del autor. Asunción
Vázquez, J.A. El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos (1975). Editorial Universitaria de Buenos Aires. Buenos Aires
Pérez Acosta, J.F. Carlos Antonio López: Obrero máximo, labor administrativa y constructiva (1948). Editorial Guarania. Buenos Aires

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El Sabio Moisés Bertoni

Las efemérides de nuestro país están llenas de acontecimientos significativos a consecuencia de todo tipo de circunstancias. Junio no es la excepción a la regla. Por casualidad, tal vez, dos hechos muy importantes por su significado están vinculados a este mes y nos reúnen en esta nota.

Portada del libro La Civilización Guaraní, de Moisés Bertoni, vol. I
Portada del libro La Civilización Guaraní, de Moisés Bertoni, vol. I

Es innegable el aporte positivo de la migración en el contexto del desarrollo social de una sociedad. Paraguay, a finales del siglo XIX, como parte de la gran oleada de europeos que llegaron a estas tierras americanas, recibió al que se convertiría en uno de los más grandes exponentes de la ciencia a través de sus estudios, investigaciones, observaciones y acciones.

Dueño de un sueño, él y sus compañeros de aventuras, su familia, se instalaron a orillas del indomable río Paraná conquistando el bosque nativo. Fundó una colonia que llevó por nombre el de uno de sus hijos, Guillermo Tell, homónimo del legendario héroe suizo, y allí se dedicó al estudio antropológico y botánico.

Su labor fue tan importante que tuvo gran repercusión en el país, al que representó internacionalmente y para quien organizó la disciplina agropecuaria como estudio formal. Publicó libros muy importantes, fruto de su aguda observación, tales como la Descripción Física y Económica del Paraguay, los Anales Científicos Paraguayos, Plantas Usuales del Paraguay y Países Limítrofes, y varios boletines especializados entre otros materiales que vieron la luz en su propia imprenta instalada en la selva, a la manera de aquellas pioneras jesuitas de principios del siglo XVIII.

Pero de todos las publicaciones, quizás las más llamativas sean las que hacen referencia a sus estudios antropológicos y científicos sobre el nativo. De esa manera escribió toda una serie conocida como La Civilización Guaraní en tres partes que hace una descripción completa sobre los usos y costumbres, así como la religión, la moral, la civilización, la economía e historia del guaraní.

En una época en la que sus habitantes probablemente no hubieran considerado importante la protección de la naturaleza, los estudios de Bertoni hicieron que se implementara en el Paraguay, a sugerencia suya, la recordación del Día del Árbol cada 14 de julio desde el año 1904. Esta fecha sería cambiada luego, en 1954, al 19 de junio por el Ministerio de Educación.

La otra fecha importante en junio, relacionada con el «sabio», es el día 15, pues en ese día del año 1857 había nacido en Suiza; en 1929, en la ciudad de Foz de Yguazú, falleció a los 72 años dejando un gran legado, de aquellos que convierten al hombre en mito y al mito en patrimonio de todo un país.

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Días de la mujer

Febrero y marzo son fechas importantes en el recordatorio nacional al referirnos a la mujer. El 24 de febrero se recuerda el Día de la Mujer Paraguaya y el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer, ambas fechas muy cercanas al paraguayo por su gran significado histórico y cultural.

Lavanderas
Lavanderas en un arroyo de Asunción (Foto de la Colección Charles Müller)

La importancia del festejo va mucho más allá que una simple marca en el calendario para su recordación. El merecimiento de la mujer hace que las fechas que se pudieran establecer para un homenaje, en realidad se dediquen para una profunda reflexión y muestra de admiración hacia el papel que desempeña ella como amalgama de la familia y la sociedad.

El 8 de marzo fue establecido como fecha internacional por la ONU en 1911 para homenajear a un grupo de mujeres obreras que tomaron las calles en la ciudad de Nueva York (EE.UU.), en 1857, para protestar por las pésimas condiciones en que trabajaban.

Luego, ante el despertar de las reivindicaciones femeninas que buscaban mejorar sus condiciones sociales y económicas, así como establecer la igualdad en el trato con el hombre, fueron sucediéndose varias acciones en todo el mundo que llevaron finalmente que la Organización de las Naciones Unidas declarase tal fecha como internacional con el objetivo de reflexionar profundamente acerca del rol de la mujer en los quehaceres del mundo.

En el Paraguay

En el Paraguay, aparte del 8 de marzo también recordamos el 24 de febrero como el Día de la Mujer Paraguaya, establecido en 1974 gracias a una propuesta en el Congreso de la diputada nacional Carmen Casco de Lara Castro a iniciativas de la historiadora Idalia Flores de Zarza, quien basó su proposición en la Primera Asamblea de Mujeres Americanas que se llevó a cabo en Asunción en 1867 en la que las damas de la sociedad paraguaya decidieron donar sus joyas para contribuir a financiar la causa nacional, iniciativa que tuvo eco notable y a la que se adhirieron mujeres de todo el país.

La historia del Paraguay está jalonada de situaciones en que la mujer fue protagonista principal. Desde la época de la Colonia con Mencia Calderón de Sanabria o Jesusa de Bocanegra, pasando por las indígenas cuyos vientres gestaron la simiente del mestizaje que dio origen a la raza paraguaya, o las heroicas mujeres que sufrieron las penurias de la Guerra Grande y que luego tuvieron que reconstruir el país con las mismas manos con las que enterraron a sus seres queridos.

Cómo olvidar a todas aquellas que durante la otra contienda que enlutó al Paraguay, la Guerra del Chaco, labraron la tierra, sostuvieron económicamente al país, curaron las heridas y llevaron solaz a los soldados con una brillante actuación en todos los ámbitos de la sociedad.

Cómo no recordar, entonces, a todas las mujeres que construyeron esta nación al lado de los hombres, codo a codo sin amilanarse: conquistadoras, audaces guerreras, educadoras, mártires, enfermeras, brillantes profesionales, madrinas, esposas, madres, hijas y hermanas. Heroínas ciudadanas que merecen todo homenaje que el pueblo les pueda brindar, así como el instante de reflexión que su labor necesita para saber apreciar su verdadero valor.

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