Día de la Mujer Paraguaya

A propósito del 24 de febrero (I)

Como es sabido, el 24 de febrero es recordado el Día de la Mujer Paraguaya gracias al esfuerzo y a la propuesta, ante el Congreso Nacional, de la diputada Carmen Casco de Lara Castro, sumado a los esfuerzos de la investigadora Idalia Flores de Zarza.

Serafina Dávalos, primera mujer en el Paraguay en ingresar a la universidad y primera abogada; gran luchadora de los derechos de la mujer

Cabe recordar que dicho acontecimiento tiene una base histórica, y es la Primera Asamblea de Mujeres Paraguayas llevada a cabo en 1867 durante la Guerra contra la Triple Alianza, misma en la que se había propuesto y aceptado la donación de joyas para financiar los costos de la contienda.

Pero la lucha a favor de los derechos de la mujer en el Paraguay tiene en este hecho, y en otros, los inicios de un intento de justa reivindicación a la labor y la función que cumplen. Hay que recordar, simplemente, el martirio de las residentas para comprender lo justiciero del homenaje y del reconocimiento de igualdad de trato y oportunidades.

Tal es así que al ser ocupada la ciudad de Asunción en 1869 y una vez fundado el periódico La Regeneración de la familia Decoud, éste fue uno de los voceros de la implementación de los derechos de las personas en el Paraguay. Entre ellos la institución del casamiento civil, la separación de la Iglesia del Estado, la igualdad de géneros en la educación y la libertad de acción de la mujer.

La discusión acerca del Paraguay que se pretendía se llevaba a cabo en todos los ámbitos de la sociedad y en todos los lugares posibles: bares, cafeterías, casas de familia, teatros improvisados y escenarios callejeros. Todos con un propósito final, devolver al país su estado de nación moderna con leyes justas e igualitarias. Se sucedían entre los oradores, grandes educadoras como Asunción Escalada y otras compañeras.

Pero hasta llegar a 1974, año en que se instituye el día como un objeto de reflexión y justiciero homenaje, pasó igualmente mucha agua bajo el puente. No es que no se había hecho nada, se estaba trabajando, y algunas de las acciones o antecedentes son los siguientes:

Año 1901: 36 mujeres de Concepción enviaron un telegrama al Senado nacional protestando por la elección de José Segundo Decoud para ocupar una bancada. Este hecho es considerado como una de las primeras manifestaciones políticas de la mujer en el Paraguay.

Año 1904: Las integrantes del Comité Pro Paz solicitaron al presidente Benigno Ferreira que evitara desatar la inminente guerra civil de esa fecha.

Año 1946: La Unión Democrática de Mujeres formaron la más importante organización social para lograr la amnistía y la vigencia de las libertades de “profesar su culto, pensar libremente, trabajar sin hambre y vivir sin miedo”.

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Los primeros rectores

VITAM IMPENDERE VERO (IV)

«Conocer la historia del lugar en que uno está sentado» es una declaración de actitud con la cual cerré el anterior número. En este momento en que la proliferación de la información relativiza el conocimiento, damos por sentado mucho y en consecuencia investigamos poco.

Dr. Ramón Zubizarreta, primer Rector de la UNA (1889-1891)
Dr. Ramón Zubizarreta, primer Rector de la UNA (1889-1891)

José Segundo Decoud, como articulador de la ley de creación de la Universidad Nacional de Asunción había tenido agrios enfrentamientos por algunos temas álgidos con algunas personalidades de la época. Entre ellos el mencionado en el número anterior en referencia a la autonomía de la institución y la necesidad de tal como un argumento cierto en la construcción de la Universidad.

Otro tema discutido fue la cantidad de alumnos necesarios para la apertura de sus aulas y la pertinencia o no de la nacionalidad para formar parte del plantel de docentes. En todos los casos, la firme postura y la doctrina de José Segundo Decoud prosperaron y así se pudo contar con varios de los más brillantes intelectuales extranjeros que en la época desarrollaban sus actividades en el Paraguay.

De tal manera la naciente Universidad se pudo beneficiar del aporte de los Zubizarreta (primer Rector hasta 1891), Olascoaga, Vallory, Lindner, Jordán, Lofruscio, Zanotti, Calderara y Finis por citar algunos extranjeros, quienes junto a los Audivert, Aceval, Domínguez, Benza, López Moreira, Barbero, Taboada y otros paraguayos fueron construyendo la base académica y pedagógica de la Institución (Monte de López Moreira, M.G. Historia de la Universidad Nacional de Asunción (1889-1989), Vol. I, 1990).

Esa idea surgida de la inspiración de Decoud, la de la autonomía tan preciada, alejada de los vaivenes políticos de todas las épocas, está traducida en el Capítulo II, de la Autonomía Universitaria, art. 5 del Estatuto de la UNA y dice así: «La autonomía implica la plena capacidad de la Universidad Nacional de Asunción para dictar los estatutos y normas que la rijan, determinar sus órganos de gobierno, elegir autoridades, ejercer las funciones de docencia, investigación y extensión, y las actividades administrativas y de gestión que en consecuencia sean desarrolladas», y así está inscrito en el último documento refrendado en el año 2005.

Volviendo a José Segundo Decoud, para tener un semblante un poco más claro de su figura, aquel que fuera político y periodista, intelectual, escritor y traductor; canciller durante cinco distintas presidencias, que hablaba perfectamente varios idiomas, que fue enemigo declarado de los López y formó parte de la Legión Paraguaya contra su propio país en la Guerra Grande, cosa que poco le fuera perdonado; que fue exiliado y regresó, que nunca pudo llegar a la primera magistratura a pesar de su capacidad, que fuera el puntal de la creación de la UNA y sostenedor de su ideología programática, cuando se encontró aislado y marginado políticamente luego de la Revolución de 1904, decidió poner fin a su vida, siendo senador de la Nación, autoeliminándose en 1909 (Zubizarreta, C. Cien Vidas Paraguayas. Bibl. Centenario Nº 6, 2ª Edic., Edit. Servilibro, Asunción. 2011), apagándose así una vida que recién a la distancia puede ser analizada, valorada y justipreciada de cabal forma, sobre todo en el ámbito universitario de la UNA, su espacio por naturaleza propia, la que debe asumir el papel protagónico en esta nueva mirada a la historia de la Institución.

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La Universidad Nacional de Asunción y su fundador

VITAM IMPENDERE VERO (III)

Si bien es cierto, y como hemos visto hasta ahora, existen figuras muy importantes en la antecedencia de la creación de la Universidad como institución educativa en nuestro país, sobresale de todas ellas la de José Segundo Decoud.

José Segundo Decoud, imagen obtenida del libro Historia de la Universidad Nacional de Asunción (1889-1989), Vol. I, Edit. UNA. 1990

Podría hablar de la biografía de José Segundo Decoud, pero eso sería limitarme nada más que a un detalle de su prolífica vida al servicio del Paraguay. Quisiera concentrarme en ciertos aspectos, sobre todo los que hacen a la creación de una institución de educación superior en el país, lo que luego sería la Universidad Nacional de Asunción.

El 13 de julio de 1889, presentó en el Senado su Proyecto de Ley de Enseñanza Secundaria y Superior, el cual fue publicado al día siguiente en el periódico La Razón, que escribió: «Importante es el proyecto presentado ayer á la consideración del Senado por el miembro de aquella alta Cámara, el ilustrado estadista don José Segundo Decoud./ Por el se pretende establecer tres colegios mas de segunda enseñanza; uno en Villa Concepción, otro en Villa Rica y el otro en Villa del Pilar, y además una universidad en la capital» (La Razón, Nº 87, 14 de julio de 1889, pág. 1).

A continuación, el articulista transcribió la alocución de Decoud (ver recorte de prensa de la época). La propuesta, con algunas modificaciones, fue aprobada en ambas Cámaras pero luego vetada por el Poder Ejecutivo, lo que generó una amplia discusión y una firme posición de parte del Senado a favor de la apertura de la universidad.

El Poder Ejecutivo, encabezado por Patricio Escobar, no tuvo otro remedio que aceptar la propuesta y promulgó la ley el 24 de setiembre (fecha fundacional de la UNA) y se dispuso su inauguración para el 1 de marzo de 1890, fecha histórica a 20 años de la culminación de la Guerra Grande.

Mientras tanto, las polémicas continuaron a la par de los procesos de ordenamiento y estructuración de la futura alta casa de estudios, entre ellas una caballerosa pero dura discusión en la prensa nacional entre el Dr. Benjamín Aceval (hermano de Emilio Aceval, luego presidente del Paraguay) y José Segundo Decoud, sobre todo acerca de la pertinencia o no de la injerencia del Poder Ejecutivo en las cuestiones que hacían al gobierno de la universidad.

«Dejar al ejecutivo el resorte exclusivo de la reglamentación en materias que versan sobre principios de enseñanza es esponerse a que el espíritu de la ley sea adulterado en su esencia. Tal facultad sería muy peligrosa», expuso Decoud afirmando el principio de autonomía de la casa de estudios (Monte de López Moreira, M.G. Historia de la Universidad Nacional de Asunción (1889-1989), Vol. I, 1990). Dicha libertad está refrendada en el actual estatuto de la UNA del 2005, Capítulo II, arts. 5 y 6.

En el próximo capítulo se dará culminación a esta serie de notas con más datos que hacen a la historia profunda de la UNA, pues al decir de un antiguo funcionario y docente de esta casa de estudios, el Lic. en Historia Francisco Brítez (FADA), «uno debe conocer la historia del lugar donde está sentado».

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El periódico La Regeneración y su valor fundamental

Si bien es cierto en nuestro país se recuerda al 26 de abril como el Día del Periodismo Paraguayo en homenaje a la aparición de El Paraguayo Independiente (26/4/1845 – 18/9/1852), otro periódico, La Regeneración, marcó la inauguración del periodismo independiente en el Paraguay.

Facsimilar de La Regeneración (colección del autor)
Facsimilar de La Regeneración (colección del autor)

El 5 de enero de 1869 Asunción había sido ocupada por las fuerzas aliadas y se declaró la capital como ciudad abierta. Luego de los saqueos protagonizados por los soldados brasileños, hecho profusamente documentado, el Paraguay todavía en guerra mientras Solano López viviera, trataba de reorganizar su existencia.

En este sentido, al recuperarse la libre navegación de los ríos, Asunción se convirtió en un hervidero de gente que venía de todos lados: comerciantes, militares, familiares de los soldados, oferta de placeres, migrantes y exiliados llegaron al país.

Fueron épocas muy duras, pero al mismo tiempo de solidaridad y de lucha por la imposición de derechos sociales fundamentales. Ideas como la necesidad de una Carta Magna moderna, la participación femenina en la política, la separación de la Iglesia del Estado, la secularización del Gobierno y la reorganización de la educación ocupaban el espacio de la discusión ciudadana en bares, hogares y calles.

En ese propicio ambiente de agitación social apareció La Regeneración, el primer periódico independiente del Paraguay, el 1 de octubre de 1869 en Asunción. Perteneciente a la familia Decoud, contraria a los López desde mucho antes, inauguró de esa manera una época sumamente importante en las comunicaciones y dio pie a que se consolide el periodismo en el Paraguay.

La reorganización del Estado, la inquietud social, el entretenimiento, la publicidad, la historia, y su propia versión de ella, la información internacional y nacional fueron los componentes de este medio de comunicación que cerró sus puertas el 23 de setiembre de 1870, apenas 11 meses después de abierto, a causa de un acontecimiento sumamente llamativo y poco conocido en nuestro país conocido como «La noche triste de los italianos».

En honor a la verdad La Regeneración no tuvo la relevancia histórico-temporal de El Paraguayo Independiente, la primicia comunicacional de La Aurora y El Eco del Paraguay; o tal vez la presencia documental de El Semanario así como tampoco el romanticismo del enfrentamiento de las armas con las palabras del Cabichu’i, ni la ironía de El Centinela y La Estrella, todas publicaciones propiciadas por el Estado.

Pero la importancia de La Regeneración no es menor a ninguna de los citados anteriormente porque marcó decididamente el inicio una época moderna e independiente, de un periodismo que con sus luces y sus sombras ya no pararía más.

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