Tres nuevas entradas interesantes

Tres nuevas entradas interesantes se suman a la colección de Aranduvera Biblioteca Digital Abierta.

 

 

 

 

 

 

 

 

«El Ejército de la Independencia», de Benigno Riquelme García con prólogo de Augusto Roa Bastos; «El Doctor Francia (1843)», en la versión de Thomas Carlyle, la primera traducción del original al castellano hecha por encargo de La Revista del Paraguay por el Dr. Luis M. Dragó, e «Independencia o Muerte, Estudio Biográfico del Brigadier General D. Fulgenio Yegros» con prólogo del Dr. Rafael Oddone.

Los libros se encuentran en formato de lectura en streaming, por lo que se puede acceder a él desde cualquier dispositivo digital, computadora, tablet o celular. Solo debe hacer clic en el enlace correspondiente al material que quiera leer.

Esperamos que sean de su agrado…

ENLACE A «EL EJERCITO DE LA INDEPENDENCIA»
ENLACE A «EL DOCTOR FRANCIA (1843)
ENLACE A «INDEPENDENCIA O MUERTE»

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Antecedentes de la bibliotecología en el Paraguay

Sobre la importante labor que cumple el bibliotecario y la relación con la fecha de su día de recordación, vale este pequeño homenaje desde la historia a quienes cumplen un destacado trabajo en la planificación, conservación y metodización de los fondos documentales de la sociedad.

“… Un teatro nuevo , diseñado por el arquitecto italiano ya mencionado (por Alejandro Ravizza. Nota del autor), estaba medio concluido cuando llegué al país, y queda todavía en el mismo estado; en realidad es muy grande para la población y es necesario que pase un siglo para que le cuadre. El arquitecto declaró con toda injenuidad á Mr. Whytehead  que no se hallaba capaz de concluirlo… Había lo que se llamaba Biblioteca pública; pero siendo teolójicos casi todos los libros, nunca supe que hubiese quien los leyera…” (Masterman, 1870, p. 63).

El Dr. Francia, según Lorenzana
El Dr. Francia, según Lorenzana

De esta manera tan particular, el médico y boticario inglés que llegó al Paraguay en 1861 contratado por Carlos Antonio López para organizar la sanidad nacional, describe al país, su gente, sus modos, usos y costumbres en un libro ácido y con un lenguaje casi despectivo desde su posición europea, y sobre todo británica, acerca de las cuestiones paraguayas.

En 1836 don José Gaspar creó la primera biblioteca pública del país, en Asunción, con un fondo documental de aproximadamente 5.000 volúmenes, en su mayoría confiscados de las familias que el Dictador consideraba oligárquicas y otros heredados por el Estado. Hay que tener en cuenta en este punto que el decomiso de libros fue una práctica constante en muchos períodos de la historia de la humanidad; y sin la necesidad de citar ejemplos que vayan más allá de las fronteras nacionales, basta recordar que Carlos Antonio López también habría de hacer lo mismo en su oportunidad:

“Los comandantes militares de la Villa de la Encarnacion y del campamento de San José de la otra banda del río Paraná recogerán hasta otra disposición todos los impresos que viniesen á esos puntos, y los remitirán al Gobierno en primera ocasion, sin dispensar consideracion alguna sobre este mandato, á que han dado lugar graves motivos, quedando responsables del cumplimiento. Circúlese en las dos comandancias referidas para los fines consiguientes. Asuncion, Febrero 24 de 1844” (Repertorio Nacional, 1844, Nº 4, p. 1).

Continuando con esto, Richard Alan White señala igualmente que:

“Seis años después de la muerte de la viuda de Cavañas (refiriéndose a Atanasio Cavañas, caudillo de la Cordillera y héroe de la batalla de Tacuarí que no había dejado heredero. Nota del autor), Francia confiscó la propiedad de la familia, entregando las casas al maestro de Piribebuy, las imágenes religiosas al mayordomo de la iglesia de la ciudad, las ropas a los sirvientes; el acero, sal y tabaco a la estancia del estado de Gazarí; el algodón al ejército para los uniformes de las tropas y los libros a la nueva biblioteca pública de Asunción. Todos los artículos restantes fueron vendidos a los pobladores a precios razonables” (White, 1989, p. 115).

A la muerte José Gaspar Rodríguez de Francia, un país ordenado, estructurado, con producción propia interna, con campesinos ryguãta porã (bien satisfechos, en guaraní. Nota del autor), con fondos públicos disponibles, aguardaba al siguiente representante de la sociedad política paraguaya de la época, a Carlos Antonio López, quien gobernó durante 22 años en el período que muchos historiadores llaman de “reconstrucción” o “renacimiento nacional” puesto que éste se convierte en el primer presidente constitucional del Paraguay y comienza al mismo tiempo una época “dorada” de grandes proyectos, obras y acciones culturales que acompañarían al país hasta la llegada de la cruenta y despiadada Guerra contra la Triple Alianza en 1865, la que dejó a la nación al borde de la desaparición literalmente hablando.

Un tanto como homenaje, un tanto como acto de justicia, la Junta de Gobierno que asumió el poder luego de la muerte de José Gaspar decidió, el 16 de octubre de 1840, que se “abra y franquee” la biblioteca fundada por el “Finado Señor Dictador” para que en adelante sea “útil y ventajoso” para la “ilustración de los ciudadanos”, fijándose un “bibliotecario interino”, el señor José Gabriel Benítez, con goce de sueldo de “15 $ (pesos. Nota del autor) fuertes mensuales por ahora y hasta que se forme un reglamento” para que maneje dicho establecimiento. Este hecho es considerado como un antecedente primigenio de la profesión de bibliotecario en el país, así como desde luego lo es acerca de las bibliotecas públicas nacionales (Vázquez, 1975).

Extracto de la tesina de grado: La actividad cultural en el Paraguay a partir de un estudio hemerográfico sobre el periódico La Regeneración (1869-1870), Instituto Superior de Arte Olga Blinder, Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (U.N.A.), autoría del Prof. Lic. Carlos Vera Abed

Bibliografía:
Masterman, Jorge Federico (1870). Siete años de aventuras en el Paraguay. Buenos Aires. Imprenta Americana
Vázquez, Antonio José (1975). El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos. Buenos Aires. Editorial Universitaria de Buenos Aires
White, Richard Alan (1989). La primera revolución popular en América, Paraguay (1810.1840). Asunción. Carlos Schauman Editor

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Una recordación al Karai Guasu en su aniversario

«Al tomarle el pulso, Francia abrió los ojos y lo conoció cuando más se acercaba el último trance. El Dictador aprovechó este momento para preguntar de su estado. El médico (Dr. Vicente Estigarribia), con toda franqueza contestóle: señor, la enfermedad no tiene remedio…».

El Dr. Francia, según Lorenzana
El Dr. Francia, según Lorenzana

De esa manera relata el investigador Antonio Ramos en su obra «La muerte del Dictador Francia» (El Liberal, 1935) el transcurrir de los últimos minutos del Karai Guasu.

Acostumbrado a dar largos paseos a caballo por la ciudad en las tardes, un aguacero le sorprendió en el mes de julio de 1840 produciéndole un malestar del que se vio recuperado aparentemente. Sin embargo, su salud, con 74 años a cuesta, no iba a mejorar a pesar del reposo y los cuidados de su médico personal.

«Cada día que pasaba su estado se agravaba y en la segunda quincena de setiembre una fuerte crisis no tardó en poner fin a sus días» (Núñez, 1972). Luego de pasar tres días, desde el 17 de setiembre, sin ninguna mejoría, aquel hombre poderoso que no se dejó vencer por la adversidad durante 25 largos años, dictó al oído del médico su última voluntad acerca de la distribución de sus bienes personales. Francia partió definitivamente al mediodía del 20, a las 13:30 en presencia de su médico, de su fiel de fechos Policarpo Patiño, de María Roque Cañete y Ubalda García (Cháves, 1958).

El Congreso, en 1841, decidió distribuir los bienes de Francia de la siguiente manera: De sus sueldos no cobrados, una parte al Colegio Seminario junto a sus joyas personales; otra parte para pagar las honras fúnebres al recordarse el primer aniversario de su desaparición; otra parte más a su hermana, Petrona Regalada Francia, junto con un baúl y cajas con ropas; sus esclavos fueron declarados libres de toda servidumbre. A Ubalda y a María Roque, su chacra de Yvyray, y a la tropa de los cuarteles de los fuertes y la frontera un mes de sueldo (Núñez, 1972).

«No podía haber acontecido un suceso más triste, que el que con mayor dolor nos reúne en este templo a celebrar las exequias del Excmo. Señor Dictador Perpetuo de esta República», cita el presbítero Manuel Antonio Pérez en la Iglesia de la Encarnación durante la ceremonia del sepelio.

Había ocurrido lo que no parecía ser. Se habían acabado 25 años de gobierno autocrático y muy particular de Francia. Mucho ocurrió en ese tiempo: el desaire a Bolívar, la prisión de sus enemigos, el paredón para algunos y para otros el exilio, el enclaustramiento del país, una educación dirigida al campo y la conformación de una estructura social totalmente dependiente de su figura darían paso a otra generación de políticos que esperaban su momento.

Llegó el tiempo de los López, de don Carlos y, luego, de su hijo, Francisco; de la modernización del Paraguay en manos del primero y de la destrucción por efecto de la Guerra contra la Triple Alianza en manos del segundo.

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La fecha y el Día del Folclore Paraguayo

El 22 de agosto de 1846, apenas cuatro años después de que falleciera el Dr. Francia y estando el Paraguay con la intención de encaminar su vida institucional con don Carlos A. López, el arqueólogo inglés William John Thoms acuñó el término compuesto «Folklore»: «folk», pueblo, y «lore» saber o ciencia»; en pocas palabras, saber o conocimiento popular.

Si bien es cierto la instalación de la fecha como de recordación del folclore nacional se debe a factores externos, como muchas de las cuestiones que hacen a una nación como la nuestra, crisol de muchas otras nacionalidades inserta en el contexto mundial, no por ello deja de tener suma importancia para nuestra cultura.

Recién en 1960 la Unesco estableció que se recordara en dicha fecha como día oficial del folclore y recomendaba que se realicen acciones en cada país para celebrar su idiosincrasia de la manera que creyera más conveniente.

Nuestro país ha sido desde su base misma, con el aporte de las distintas etnias que ocupaban estas tierras, más la suma de los españoles y los ciudadanos de las demás naciones que confluyeron en estas regiones, la suma de varias fuentes de costumbres, tradiciones, conocimientos y saberes que nos constituyen en entes sociales muy especiales; parecidos a los de otros países, pero particulares al mismo tiempo.

Tenemos, por ejemplo, tradiciones culinarias y costumbres parecidas a las de nuestros vecinos, pero al mismo tiempo son diferentes porque tienen nuestra impronta particular. El guaraní se habla en varios países del subcontinente, pero no está distribuida ni es parte tan importante del ser nacional como en el Paraguay.

Nos gusta mucho el tereré, y también el mate aunque esta última infusión se da más en los países vecinos. Nos unen lo culinario que tiene que ver con el maíz en toda América, desde el norte hasta el sur; sin embargo, en cada país, con pequeñas diferencias, la utilidad es prácticamente la misma.

La danza, la música, los instrumentos; rica herencia de los europeos mezclada con el ritmo y la percusión de los africanos y los nativos de esta tierra, son la salsa que adereza nuestros oídos cada día.

Nuestros juegos de San Juan, el caminar sobre el fuego, la corrida con el toro candil, el palo enjabonado, las fogatas son una remembranza de antiguas cuestiones paganas traídas del norte de Europa y que, en estas tierras, se afincaron fuertemente y echaron raíces que, incluso, pensamos que son exclusivamente nuestras, como la mandioca. ¿Quién no ha oído decir «más paraguayo que la mandioca»? Sin embargo la mandioca está presente en muchos otros países alrededor del mundo.

Pero de todas maneras, esa es nuestra tradición, la que se construyó día a día desde hace cientos de años con los que llegaron en caravelas y plantaron una cruz en las tierras morenas de América.

Bibliografía a tener en cuenta:
González T., Dionisio. Folklore del Paraguay (2007). Editorial Servilibro. Asunción
Alvarez, M. Folklore Paraguayo (2002). Editorial El Lector. Asunción
Melià, B. Tradiciones Guaraníes en el Folklore Paraguayo (2003). Fundación León Cadogan. Asunción

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Sobre los museos (II)

Hace unos días, el 18 de mayo, se recordaba el Día Internacional de los Museos. Esta fecha tan especial da pie para que hablemos de algunas cuestiones acerca de estas instituciones en el Paraguay.

Catecismo de la lengua guarani, de Antonio Ruyz de Montoya
Carátula del libro Catecismo de la Lengua Guaraní del padre jesuita Montoya publicado en Madrid en 1640. El primer libro bilingüe guaraní-español (Fuente: archive.org, copia del autor).

Carátula del libro Catecismo de la Lengua Guaraní del padre jesuita Montoya publicado en Madrid en 1640. El primer libro bilingüe guaraní-español (Fuente: archive.org, copia del autor).

A partir del siglo XVIII, los museos comenzaron a constituirse tal como se los conocen hoy en día con las variaciones lógicas del tiempo. De esa forma, fueron apareciendo en varios países de Europa primero y luego en América.

En el Paraguay, los antecedentes pueden rastrearse hasta la época de los jesuitas y franciscanos, quienes en sus reducciones realizaban estudios acerca del nativo y de su idioma, así como de la naturaleza tan rica en plantas y animales con cuyas muestras reunidas crearon muestrarios como también bibliotecas cuando comenzaron a funcionar las imprentas.

Por la característica propia de una América en la que todo estaba por descubrirse, registrarse y catalogarse, muchos llegaron hasta estas tierras para ello. Si nos atenemos solamente al Paraguay y sus territorios podría hablarse del padre José Sánchez Labrador, don Félix de Azara, Aimé Bonpland, Eberhard Munck, Charles Twiten, Du Graty y otros más como los que con su trabajo fueron creando las colecciones y los muestrarios que pueden considerarse como la base de un museo.

Durante el tiempo transcurrido entre la independencia y la Guerra Grande, puede mencionarse que en 1836 don Gaspar Rodríguez de Francia creó la primera biblioteca del Paraguay con 5.000 volúmenes (Vázquez, 1975). El 16 de octubre de 1840, luego de su muerte, la Junta de Gobierno decidió abrirla públicamente y se nombró al primer encargado, José Gabriel Benítez.

En 1863, el Mcal. López autorizó la compra en el Uruguay de una colección de minerales y monedas. Comenzada la guerra, los trofeos obtenidos en el campo de batalla formaron un acervo que funcionó en la antigua Casa de los Gobernadores. Todo esto desapareció cuando Asunción fue tomada por los aliados en 1869 (Pusineri S., 1987).

La Guerra contra la Triple Alianza fue decisiva para que el país quedara con un déficit importante en cuanto a la existencia de las instituciones, entre ellas el museo. Recién en 1875, durante la presidencia de Juan Bautista Gill, se creó el primero posterior a la contienda.

El Paraguay trataba de superar las consecuencias nefastas de la guerra. Esa recuperación, en lo económico, cultural e institucional, se debió al enorme esfuerzo de muchos hombres que tuvieron la visión necesaria para ello.

Bibliografía:
Vázquez, Antonio J. (1975). El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos. Buenos Aires. Editorial Universitaria de Buenos Aires
Pusineri Scala, Carlos. (1987). Museos y Colecciones del Paraguay. Asunción

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El Poder Legislativo

Conocido como el Poder que hace las leyes, esta figura constitucional, en la actualidad, en la doctrina social de derecho, tiene también la facultad de actuar como contralor o contrapeso del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial.

Cabildo
El Cabildo construído en épocas de don Carlos Antonio López

En el Paraguay colonial, regido por la monarquía y su amplio abanico de leyes, usos y costumbres, era el Cabildo la institución encargada de muchas funciones, entre ellas la de impartir algún tipo de justicia, la educación y la observación del cumplimiento de las leyes y disposiciones, así como de configurar la Intendencia como un antecedente inmediato de la Municipalidad.

Cabe señalar, igualmente, que existieron en realidad dos Cabildos: el primero, el Cabildo de la Catedral de Asunción, se refería a las cuestiones religiosas; el segundo, el Cabildo, Justicia y Regimiento, trataba las cuestiones seculares o civiles (Velázquez, 1985).

La ciudad de Asunción había sido elevada a tal grado en 1541 y pasó a ser la primera en el Río de la Plata en contar con tal institución. Le fueron permitidos regidores elegidos de entre el pueblo para llevar a cabo las funciones de ayudar al gobernador a dirigir la ciudad (Peña Villamil, 1969).

El Cabildo, como Institución, fue variando de funciones y responsabilidades con el correr del tiempo, derivando la representación popular a la figura del Congreso. Cuando la Provincia del Paraguay obtuvo su independencia en 1811, en junio se había constituido el Primer Congreso Nacional para ordenar el país y tomar las medidas de carácter urgente que la situación solicitaba.

El Congreso tuvo una vida muy agitada. Pasó de ser figura a ser suprimida por el Dr. Francia en 1824; recuperada por los López en 1840, estuvo presente en la vida institucional del país en los mejores y en los peores momentos de nuestra historia.

El viejo edificio

La figura del Cabildo precisaba de un sitio en el que mantener sus reuniones. Las mismas se llevaban a cabo en la catedral o en la casa del gobernador. Se proyectaron edificios pero no se hicieron realidad sino hasta 1844, cuando don Carlos ordenó construir un salón para las sesiones sobre la calle el Paraguayo Independiente, en la parte de atrás del actual Teatro Municipal Ignacio A. Pane.

Lo que hoy conocemos como Cabildo, o edificio del Cabildo, fue terminado en 1854 durante el gobierno de don Carlos y sirvió para varios fines: como sede del Poder Ejecutivo, como ministerio y como sede del Poder Legislativo. Actualmente funciona en el lugar un dinámico centro cultural.

Ambas cámaras del Poder Legislativo, Senadores y Diputados, funcionan desde el año 2003 en las nuevas instalaciones que se encuentran detrás de la Casa de la Cultura, sobre la Avda. República, mirando a la bahía.

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El Poder Judicial

La Justicia, junto al Legislativo y el Ejecutivo conforma la institucionalidad de nuestro país y su sistema de gobierno democrático basado en la división e independencia de poderes.

La Justicia y su disposición en nuestro país no fueron siempre como las conocemos ahora. Por su origen colonial, las cuestiones judiciales de la antigua Provincia del Paraguay, creada en 1776, estaban sujetas a lo que disponía la corona española.

Pero no se debe pensar que al no existir un Poder Judicial constituido faltaba la figura, sólo había una forma distinta de impartir Justicia acorde a la época, centralizada y enfocada en el poder del rey.

Para decidir cómo dar a cada cual lo suyo estaban el Cabildo, los gobernadores, los alcaldes y los tribunales de alzada. Se dependió durante un tiempo de la Real Audiencia de Charcas, pero a partir de 1783, cuando se estableció la Real Audiencia de Buenos Aires, Paraguay cayó bajo esa jurisdicción.

Una acción de independencia

La libertad de la Provincia del Paraguay no debía ocurrir sólo en el ámbito político, también en el judicial. El Congreso General de junio de 1811 dispuso la independencia de la Justicia de Comercio separándonos de Buenos Aires, y en 1812 definió la separación total de la Real Audiencia de Buenos Aires «a fin de soltar las últimas amarras que tenían al Paraguay ligado al viejo régimen colonial».

El 19 de marzo de 1812 fue remitida a la Junta de Buenos Aires una nota en que se exigía la devolución de todos los casos judiciales pendientes para ser atendidos en la Provincia del Paraguay por sus jueces naturales. El gobierno porteño entendió que había justicia en tal pedido y ordenó el 20 de abril de ese mismo año que se diera lugar a lo solicitado.

Ese fue el acto que conquistó la independencia de la Justicia como un poder independiente en el Paraguay, aunque todavía faltaría un largo camino por recorrer para concretar la figura como una Institución, cosa que ocurriría recién a partir de la Constitución de 1870.

Provincia por República, y más aún

A dos años de la independencia, el 30 de setiembre de 1813, se reunió en Asunción el 2º Congreso de la Provincia del Paraguay a solicitud del Dr. Francia.

Varias e importantes fueron las resoluciones tomadas, entre las que se debe citar las siguientes:

  1. Se reafirmó la declaración de la independencia y se aprobó el cambio de denominación del país pasando de Provincia del Paraguay a República del Paraguay.
  2. Se adoptaron la bandera y el escudo nacionales.
  3. Se aprobó un Reglamento de Gobierno, conformando lo que podría darse en llamar la primera Constitución Nacional.
  4. Se estableció la figura del Consulado, ejercido por dos ciudadanos en igualdad de condiciones y poder que deberían gobernar por el término de un año.

Bibliografía:
Silvero, Jorge. En Los orígenes del Poder Judicial Paraguayo en el siglo XIX. El Poder Judicial en el Paraguay, sus Orígenes y Organización 1870-1900. Tomo I. Corte Suprema de Justicia. Asunción. 2011.

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La Plaza Uruguaya

Una de las zonas verdes más emblemáticas de la ciudad, incluso del país, es la conocida como Plaza Uruguaya, situada en pleno centro histórico de Asunción.

PlazaUruguayaLa proficua labor de los franciscanos en el Paraguay comenzó en 1542, cuando sus primeros miembros llegaron con Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Hacia 1580 comenzó la construcción de su primer convento, que quedó inconcluso; pero un informe de 1587 avisa la construcción de otro edificio, sobre la rivera del río Paraguay, cementerio incluido, en la Loma Karapã, en la populosa Chacarita.

A principios del siglo XVIII, el mismo se vio amenazado por el tiempo y los raudales. Entonces los franciscanos solicitaron a las autoridades un solar que perteneció a los jerónimos para construir un nuevo convento. La ubicación corresponde a la manzana de las actuales calles Iturbe, México, 25 de Mayo y Eligio Ayala.

El sitio donde actualmente se encuentra la Plaza Uruguaya, fue el lugar donde la orden contaba con un rancherío de esclavos y corral de bestias. Durante el gobierno del Dr. Francia el sitio fue convertido en cuartel del Ejército y luego de la Guerra Grande, en 1873, se vendió el terreno. La parte correspondiente a la actual plaza, que era un gran arenal donde incluso se efectuaron fusilamientos, era conocida popularmente como Plaza San Francisco.

Cambio de nombre

El Uruguay fue el primer país aliado en devolver los objetos que sus fuerzas llevaron del Paraguay durante la Guerra Grande. En 1885, el presidente oriental Máximo Santos presentó a su Congreso un proyecto de ley de condonación de deuda y de devolución de trofeos que fue aprobado por aclamación.

Se conformó una delegación encabezada por el ministro de Guerra Gral. Máximo Tajes, acompañado de una banda de músicos y militares. La comitiva se trasladó al Paraguay a través del río y fue presentando honores en distintos lugares como Humaitá y Pilar, echando anclas en la bahía de Asunción el 31 de mayo de 1885 a las 7 de la mañana bajo una salva de 21 cañonazos.

Multitudinarias actividades cívicas se llevaron a cabo durante los días que la delegación estuvo en el país. El presidente Santos fue declarado general honorario del Ejército nacional y ciudadano paraguayo, al igual que los otros integrantes de la delegación.

Pero el evento que se relaciona con esta nota fue el cambio de nombre de la antigua Plaza San Francisco por el de Plaza República del Uruguay, conocida popularmente como Plaza Uruguaya, como un acto de gratitud.

Bibliografía:
Durán Estragó, M. Conventos, ermitas, iglesias y parroquias del Paraguay colonial. La Historia en el Paraguay, ABC Color, Fasc. Nº 9, Cap. Nº 6. 2012.
Recuperado de internet: http://archivo.abc.com.py/2003-04-20/articulos/43535/un-gesto-de-amistad

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Acerca del ferrocarril paraguayo

Los tambores de guerra contra los aliados estaban sonando fuerte ya cuando en 1864 el ferrocarril paraguayo inauguró su recorrido Luque-Areguá-Patiño un día como hoy, 5 de marzo.

Tren Lechero_Rev. Asunc_1951
Imagen del conocido como Tren Lechero, que unía San Lorenzo con Asunción

Una de las instituciones más emblemáticas del Paraguay es el ferrocarril «Presidente Carlos Antonio López», llamado así en homenaje al mandatario en cuyo gobierno las obras de progreso cambiaron la faz del país.

Luego de ocupar la presidencia a la muerte del Dr. Francia, don Carlos encaró con firmeza la modernización del país. Envío a su hijo Francisco en misión diplomática y comercial a Europa, contrató técnicos para residir aquí, modernizó la flota militar y mercante, abrió oficinas de negocios en otros países, apoyó la educación y fomentó las obras de infraestructura.

Entre esas obras resaltaba un medio relativamente nuevo que revolucionaría el transporte en el mundo entero: el ferrocarril. Con una visión progresista encaró los primeros trabajos a partir de 1854 y luego solicitó a los agentes del Paraguay en Europa la compra de todo lo necesario para que tengamos un tren.

El 24 de marzo de 1856 le fue enviado a los hermanos Blyth, encargados de negocios de Paraguay en Londres, una primera entrega de 200 mil pesos oro para la compra de todo lo necesario para cubrir 13 leguas de ferrocarril, la distancia aproximada entre Asunción y Cerro León: rieles, vagones y locomotoras» (Pérez Acosta, J.: Carlos A. López, Obrero Máximo. 1948).

Comenzaba de esa manera el camino largo, sinuoso y amargo de un medio que lamentablemente no llegó a consolidarse en nuestro país, en parte como consecuencia de la guerra contra los aliados. Hoy en día se extraña un medio de transporte como el ferrocarril, tan importante en otros países del mundo.

El ferrocarril en las Américas

La historia del ferrocarril en las Américas comenzó en los EE.UU. en 1831; luego le siguió Cuba, en 1834. En Sudamérica este transporte comenzó a rodar en Chile en 1851; en Brasil, en 1854 (según algunos autores), y en la Argentina en 1857. Para Pérez Acosta, Paraguay fue el tercer país sudamericano en contar con este medio de transporte (Pérez Acosta, J.: Carlos A. López, Obrero Máximo. 1948); para otros fue el cuarto, ya que Paraguay echó a rodar sus primeros vagones oficialmente el 25 de diciembre de 1861, a pesar de que en 1854 ya estaban trabajando en las obras para sostener las vías y aproximadamente a partir de esa fecha comenzó a funcionar un tramo que unía el arsenal con el puerto, pero para el uso de zorras estiradas a caballos y no locomotoras a vapor (Verón, L.: Ferrocarril del Paraguay. 2002).

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