A 147 años de la célebre batalla de Curupayty

«¿No llegan hasta vuestro oído los aires marciales de una diana vibrante y arrebatadora? La batalla va a empezar. Mirad con vuestro pensamiento el soberbio panorama de aquella tarde inolvidable. Aquí, detrás de estas trincheras esperan nuestros leones, ávidos de pelear, devorados por la fiebre de una ansiedad incontenible».

Cuadro del pintor argentino Cándido López, llamado también el Manco de Curupayty ya que participó de la batalla y allí perdió el brazo derecho hasta el codo. Fue el principal ilustrador de la contienda a partir de los bocetos que realizó durante la misma
Cuadro del pintor argentino Cándido López, llamado también el «Manco de Curupayty» ya que participó de la batalla y allí perdió el brazo derecho hasta el codo. Fue el principal ilustrador de la contienda a partir de los bocetos que realizó durante la misma

De esa manera, Juan E. O’Leary rememora y homenajea el valor del soldado paraguayo y el ingenio del Gral. Díaz en la batalla de Curupayty (El Libro de los Héroes, pág. 260: 1922), la mas brillante y resonante victoria del Ejército paraguayo durante la guerra.

Luego de ser rechazado de las tierras aliadas el Ejército paraguayo, las acciones de la Guerra contra la Triple Alianza se desarrollarían totalmente en territorio paraguayo hasta finalizar en 1870. Tomaron el dominio de los ríos Paraguay y Paraná con el objetivo de llegar a Asunción, pero en el camino les esperaba la fortaleza de Curupayty y, más arriba, Humaitá.

Antes de la contienda, el 12 de setiembre, López y Mitre se reunieron en Yataity Corá para buscar una salida elegante al conflicto, acuerdo que no llegaría a causa de los brasileños. Entonces no quedó más que seguir con las acciones. El 22 de setiembre de 1866, Bartolomé Mitre, comandante de las fuerzas aliadas, ordenó el asalto de Curupayty que días antes 5.000 paraguayos fortificaron eficazmente.

El lodazal producido por una lluvia de tres días, la posición elevada, una laguna, el estero, las trincheras y las trampas que el Gral. Díaz ordenó que se plantaran rodeando la fortaleza fueron las murallas contra las que chocaron una y otra vez los soldados aliados en número de 9 y 8 mil argentinos y brasileños, respectivamente.

Carga tras carga eran rechazados. Los soldados aliados retrocedían y eran empujados de nuevo al frente por la retaguardia pasando por encima de los cuerpos de sus propios compañeros. Cuando Mitre ordenó la retirada, a las 17 hs., sobre el campo de batalla quedaron alrededor de 9 mil muertos e incontables heridos aliados, entre ellos la mayoría de los jefes de batallones y cuerpos.

En el lado paraguayo, las bajas fueron un jefe, tres oficiales y 19 soldados. La victoria fue completa y el efecto sobre la moral de los aliados fulminante. Varios cambios se produjeron como resultado de la batalla: el Brasil cambió a sus jefes principales, Mitre tuvo que volver a la Argentina a enfrentar revueltas internas a causa del desacuerdo con la guerra y las acciones se detuvieron por 10 meses aproximadamente.

Fue el tiempo corto de una paz impensada, de la calma que precede a la tormenta. Al año siguiente las cosas cambiarían y los aliados, repuestos de su derrota y aprendida la lección, atacarían de nuevo y ya no pararían hasta entrar sobre Asunción el 5 de enero de 1869.

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Una recordación al Karai Guasu en su aniversario

«Al tomarle el pulso, Francia abrió los ojos y lo conoció cuando más se acercaba el último trance. El Dictador aprovechó este momento para preguntar de su estado. El médico (Dr. Vicente Estigarribia), con toda franqueza contestóle: señor, la enfermedad no tiene remedio…».

El Dr. Francia, según Lorenzana
El Dr. Francia, según Lorenzana

De esa manera relata el investigador Antonio Ramos en su obra «La muerte del Dictador Francia» (El Liberal, 1935) el transcurrir de los últimos minutos del Karai Guasu.

Acostumbrado a dar largos paseos a caballo por la ciudad en las tardes, un aguacero le sorprendió en el mes de julio de 1840 produciéndole un malestar del que se vio recuperado aparentemente. Sin embargo, su salud, con 74 años a cuesta, no iba a mejorar a pesar del reposo y los cuidados de su médico personal.

«Cada día que pasaba su estado se agravaba y en la segunda quincena de setiembre una fuerte crisis no tardó en poner fin a sus días» (Núñez, 1972). Luego de pasar tres días, desde el 17 de setiembre, sin ninguna mejoría, aquel hombre poderoso que no se dejó vencer por la adversidad durante 25 largos años, dictó al oído del médico su última voluntad acerca de la distribución de sus bienes personales. Francia partió definitivamente al mediodía del 20, a las 13:30 en presencia de su médico, de su fiel de fechos Policarpo Patiño, de María Roque Cañete y Ubalda García (Cháves, 1958).

El Congreso, en 1841, decidió distribuir los bienes de Francia de la siguiente manera: De sus sueldos no cobrados, una parte al Colegio Seminario junto a sus joyas personales; otra parte para pagar las honras fúnebres al recordarse el primer aniversario de su desaparición; otra parte más a su hermana, Petrona Regalada Francia, junto con un baúl y cajas con ropas; sus esclavos fueron declarados libres de toda servidumbre. A Ubalda y a María Roque, su chacra de Yvyray, y a la tropa de los cuarteles de los fuertes y la frontera un mes de sueldo (Núñez, 1972).

«No podía haber acontecido un suceso más triste, que el que con mayor dolor nos reúne en este templo a celebrar las exequias del Excmo. Señor Dictador Perpetuo de esta República», cita el presbítero Manuel Antonio Pérez en la Iglesia de la Encarnación durante la ceremonia del sepelio.

Había ocurrido lo que no parecía ser. Se habían acabado 25 años de gobierno autocrático y muy particular de Francia. Mucho ocurrió en ese tiempo: el desaire a Bolívar, la prisión de sus enemigos, el paredón para algunos y para otros el exilio, el enclaustramiento del país, una educación dirigida al campo y la conformación de una estructura social totalmente dependiente de su figura darían paso a otra generación de políticos que esperaban su momento.

Llegó el tiempo de los López, de don Carlos y, luego, de su hijo, Francisco; de la modernización del Paraguay en manos del primero y de la destrucción por efecto de la Guerra contra la Triple Alianza en manos del segundo.

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Don Carlos Antonio López y su paso a la eternidad

Mucho antes de su desaparición física, don Carlos Antonio López ya había pasado a la eternidad por todo lo que ha significado su gobierno y sus acciones con sus luces y sus sombras.

Don Carlos Antonio López según una litografía de Canelle, imagen inserta en El Paraguay (1862) de Du Graty
Don Carlos Antonio López según una litografía de Canelle, imagen inserta en El Paraguay (1862) de Du Graty

Recordando con estos pensamientos sus acciones, algunas sumamente importantes y que tendrían relevancia posterior, aparte de su intención por convertir el Paraguay en un país que trascendiera, existen gestos que marcan grandeza.

Pero el destino habría de marcar su propia jugada. El país que él había soñado corría grave peligro ante las amenazas del Brasil y la Argentina. «En su lecho de muerte, dio a su hijo Francisco Solano, designado vicepresidente por pliego testamentario conforme a las normas constitucionales, el siguiente consejo: ‘Hay muchas cuestiones pendientes a ventilarse, pero no trate de resolverlas con la espada, sino con la pluma, principalmente con el Brasil’. Expiró el 10 de setiembre de 1862, dejando al país floreciente, con un poderoso ejército, graves problemas internacionales y un nuevo gobernante ávido de glorias y prestigios para su patria y su persona» (Cardozo, E. La Guerra Contra la Triple Alianza citando a Fidel Maíz).

Don Carlos falleció en las primeras horas del 10 de setiembre de 1862, siendo asistido por el padre Maíz, de quien recibió los auxilios sacramentales. Luego de haberse realizado las ceremonias litúrgicas previas, su cuerpo fue colocado en un ataúd que fue llevado a la Catedral acompañado de una gran multitud y sus parientes, esposa e hijos.

Luego, por expresa voluntad fue enterrado en la iglesia que él mismo había mandado construir, la Santísima Trinidad, a donde llegó en el tren que también había legado al pueblo como un medio moderno de comunicación. Había muerto el hombre y había nacido el mito. El Paraguay que había ayudado a construir, muy pronto habría de sufrir las pruebas más duras que le pueden deparar a una nación.

Al Exmo. Señor Don Carlos Antonio López
En ocasión del decreto del 1º de agosto sobre libertad de Imprenta

Sacude su letargo, musa mia,
No ensordezcas al grito del contento,
Y en dulce y jubilosa melodía,
Alza de gloria el triunfador acento…
¡Canta del libre la inmortal poesía!

Paraguayos, venid, cercad al hombre,
Que os indica el sendero de la gloria;
Cante la fama su preclaro nombre,
Y en letras de marfil grave la historia
Una página insigne a su memoria.

Tejed coronas para orlar su frente,
López! repita sonoro el viento,
López! aclama la entusiasta gente,
Pues con mano juiciosa y prepotente,
Las cadenas rompió del pensamiento.

Ya el pensamiento es libre, ciudadanos!
No abuseis de esta dulce independencia,
Que no hay pasiones donde no hay tiranos,
Ni quien sondar pretenta los arcanos
Del Santo tribunal de la conciencia.

Contemple la nación el bien que alcanza,
Que el sol de libertad mostró sus rayos.
La ilustración con ellos se afianza.
¡Alimenten los pechos paraguayos,
El fuego bienhechor de la esperanza.

Sacude tu letargo, musa mia,
No ensordezcas el grito de contento,
Y es dulce y jubilosa melodía,
Alza de gloria el triunfador acento…
¡Canta del libre la inmortal poesía.

Ildefonso Antonio Bermejo
El Eco del Paraguay, Año I, Nº 17
Jueves 9 de agosto de 1855

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El origen del Día del Niño en Paraguay

De hecho, ningún episodio de guerra puede dejar de ser terrible en todos los sentidos. Y durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870) se vivieron varios de ellos.

Asunción había sido evacuada bajo orden marcial de Francisco Solano López en febrero de 1868 ante el avance incontenible de las fuerzas aliadas sobre el Paraguay. También habían sido evacuadas otras ciudades, tanto internas como aquellas a orillas de los principales ríos, Paraguay y Paraná, ante la amenaza de las fuerzas navales enemigas que se apropiaron del tráfico fluvial.

Luque se convirtió en la segunda capital, luego fue Piribebuy y por último San Isidro de Curuguaty. A Piribebuy se había trasladado gran parte de las funciones del Estado. Funcionaron el Tesoro, un hospital de guerra, el Archivo y el comando militar; incluso el periódico de trinchera La Estrella, dirigido por Manuel Trifón Rojas; incluso algunas legaciones extranjeras mantenían a sus representantes.

Pero la guerra no daba descanso. Piribebuy fue atacada por las fuerzas contrarias el 12 de agosto de 1869 como si fuera un acto premonitorio de lo que ocurriría apenas cuatro días después.

La desigualdad en el número de combatientes era inmensa y no dio posibilidad a ninguna victoria; apenas se atinó a la defensa. Cuando los aliados entraron a Piribebuy se libró la primera batalla urbana de la guerra, y los brasileños vengaron la muerte de su comandante José Luis Mena Barreto. El Conde D’Eu, jefe de las fuerzas imperiales brasileñas, ordenó pasar por degüello a los prisioneros y quemar el hospital de guerra con todo y enfermos más personal dentro en uno de los ejemplos más documentados de genocidio de esta guerra.

Sin embargo, otro episodio cruel se estaba gestando. Apenas cuatro días después, el 16 de agosto, el Gral. Caballero al mando de 3.500 soldados, entre ancianos y niños disfrazados con barbas postizas, más un escuadrón de 600 veteranos enfrentaron a brasileños y argentinos en número de 20.000 en la batalla de Acosta Ñú, conocida también como batalla de Campo Grande.

A cañonazos, con cargas de caballería, a sablazos y tiros; y como si eso no bastara, prendiendo fuego al monte y empujando a punta de bayoneta a los sobrevivientes dentro del bosque para que murieran quemados o ahogados por el humo junto a sus madres que ayudaban desde la espesura cuidando a los heridos y juntando a los muertos, el enemigo terminó la jornada con una victoria que muy poco habla de su moral.

Ese aciago día, el 16 de agosto de 1869, fue testigo del nacimiento en el Paraguay del heroísmo extremo que asumen los seres humanos en situaciones extremas, y dio pie no al festejo sino a la recordación que debe brindarse a la valentía de la niñez nacional. Asumamos, pues, en este día, con coraje y honor el homenaje a quienes cayeron en defensa de la dignidad.

Bibliografía a consultar:
Rodríguez Alcalá, G. Residentas, destinadas y traidoras (1991). Edit. Criterio. Asunción
Mendoza, H. La campaña de las Cordilleras (2010). Edit. El Lector y ABC Color. Asunción
Cardozo, E. Hace 100 años. Crónicas de la guerra de 1864-1870. Tomo III (1970). Edit. Emasa. Asunción
http://www.lagazeta.com.ar/acosta-nu.htm. Batalla de Acosta Ñú – 16 de agosto de 1869 (Día del niño paraguayo). Consultado el 25 de julio de 2013

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Francisco Solano López Carrillo

La omisión del título militar de Francisco Solano López Carrillo en el título de este comentario es a propósito, pues en este artículo no existe intención de hablar de esa faceta.

Portada del libro La Guerra del Paraguay, del inglés Jorge Thompson (1910)
Portada del libro La Guerra del Paraguay, del inglés Jorge Thompson (1910)

El próximo 24 de julio de 2013 se recordará el 186º aniversario del nacimiento de Francisco Solano López Carrillo, hijo primogénito de doña Juana Pabla Carrillo y de don Carlos A. López.

Y si bien es cierto su actuación política y militar no esta exenta de polémicas y controversias, su vida personal no se queda atrás. Su padre, don Carlos, fue el primer presidente constitucional del Paraguay electo en el congreso de 1844, cuando él apenas contaba con 17 años.

Otro brillante militar, pero contemporáneo, el Cnel. Arturo Bray, quien sumó a su experiencia en las armas la producción literaria, escribió uno de los libros más ecuánimes acerca de la figura de Francisco Solano distanciándose del mito que lo rodeó luego de la Guerra contra la Triple Alianza y sus nefastas consecuencias.

Bray se despojó del áurea de romanticismo y de la categoría de héroe o villano con que frecuentemente se dividen las opiniones con respecto a Francisco Solano para presentarnos su dimensión histórica, pues en su opinión «la historia ha de ser relación de la verdad y no instrumento para halagar el patriotismo».

«Querer a nuestros héroes y próceres limpios de toda mancha, sin una mácula sobre su escudo ni un solo pecado en su vida pública y privada, es necedad impertinente que a nada bueno conduce», afirma el prefacio del libro Solano López, Soldado de la Gloria y del Infortunio.

Pero Bray no fue el único. Desde el siglo XIX ha sido tema para muchos autores que lo han tratado de todas las formas posibles: lo han alabado, condenado a los infiernos, elevado a los altares, denostado, criticado, mitificado y reivindicado.

Para algunos fue un villano. Para otros, sobre todo los que ayudaron a rescatar la figura en el 900 paraguayo, fue un héroe. Y es que si nos atenemos a la estricta dimensión de la concepción grecolatina del heroísmo y del héroe (un semidiós, hijo de un mortal y de un dios) las acciones que lo sobresalen dan la pauta y confirman la definición.

El héroe es una persona adornada con todas las virtudes posibles (que devienen de su deidad), pero también sujeto a todas las pasiones (que devienen de su mortalidad). Capaz de acciones nobles, pero también de sorprendernos con otras bajas. Es capaz de dar la vida por sus ideas y su pueblo, pero no duda en llevarlo a la ruina pretendiendo un fin ideal.

Si bien es cierto podemos asumir la posición heroica de Francisco Solano, es importante entender que como ser humano, en la otra vereda, hay hechos que confirman su mortalidad. Para saber y entender eso hay que leer, leer y leer. No quedarnos con un sólo texto y para ello les recomiendo, entre muchos más, los siguientes títulos bibliográficos:

Solano López, Soldado de la Gloria y del Infortunio. Arturo Bray. Carlos Schuman Editor (1984)
Francisco Solano López, Cartas y Proclamas. Julio César Cháves. Editorial Nizza (1957)
Con la rúbrica del Mariscal. Juan Livieres Argaña. Tomos I, II, II, IV, V y VI.
La Guerra del Paraguay. Jorge Thompson (1910)

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Francisco Sauvageod de Dupuis y el Himno nacional

Francés de nacimiento (1813), no existe mucha información acerca de él hasta que recaló en Asunción en 1853, contratado por don Carlos Antonio López como parte de sus acciones para modernizar el Paraguay.

Portada del resultado de la encuesta llevada a cabo por el Instituto Paraguayo para la dilucidación de la originalidad del Himno nacional paraguayo en 1923 y cuyos resultados fueron entregados en 1930 al Estado para ser promulgado en 1934 (copia del original propiedad del autor)
Portada del resultado de la encuesta llevada a cabo por el Instituto Paraguayo para la dilucidación de la originalidad del Himno nacional paraguayo en 1923 y cuyos resultados fueron entregados en 1930 al Estado para ser promulgado en 1934 (libro, propiedad del autor)

Muchos fueron los técnicos y especialistas europeos cuyo servicio don Carlos había solicitado a Europa con la idea de darle al Paraguay una fisonomía moderna. Fue así que en 1853 llegó al Paraguay Francisco Sauvageod de Dupuis para hacerse cargo de la organización musical del Paraguay. Fue tan importante su contratación que percibía más que un ministro de Gobierno (mientras él ganaba 100 pesos fuertes, Francisco S. López ganaba 50).

Unos años antes habían comenzado los intentos por dotar al Paraguay de un himno. Información de ello se puede encontrar en el periódico El Paraguayo Independiente de 1845. Lo cierto es que ante lo caro que iba a costar que el autor del himno argentino, Vicente López, escribiera el nuestro, el poeta uruguayo Francisco Acuña de Figueroa tomó la iniciativa y en 1846 le obsequió al Paraguay los versos indicando en el manuscrito original que la música era igual a la del Uruguay pero sin acompañar partitura alguna.

Ese detalle ayudó a alimentar la polémica sobre el verdadero compositor de la música de nuestro Himno. Algunos sostienen que fue Dupuis, otros que fue el húngaro Debalí. Lo cierto es que el italiano Cavedagni, músico que llegó al país en 1874, fue el primero que lo publicó en ese mismo año en Buenos Aires. También hay otras versiones de Cantalicio Guerrero, Nicolo Pellegrini y Remberto Giménez.

Luego de la Guerra contra la Triple Alianza, el himno quedó relegado como muchas otras cuestiones de Estado, y se conocieron y utilizaron otras «canciones patrióticas», tanto en guaraní como en castellano, sobre todo alimentadas por la catástrofe que provocó la contienda.

Recién en 1934 se oficializó al Himno, pero con una curiosa base anecdótica: la encuesta que en 1923 iniciara el afamado Instituto Paraguayo «a fin de dilucidar diversos puntos obscuros y dudosos a su respecto», la que culminó con el veredicto de que el mismo era auténtico basado en diversos estudios bibliográficos y emerográficos.

Por último, el 20 de mayo es recordado como el del Himno Nacional paraguayo porque ese día fue entregado por el poeta Acuña de Figueroa a los representantes nacionales con dedicatoria especial al Paraguay y al presidente Carlos A. López. Dupuis fallecería en 1861, un día como hoy, 2 de julio, y Acuña de Figueroa el 6 de octubre de 1862, pocos días después que don Carlos Antonio López.

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El 1 de mayo…

Sin lugar a dudas, el 1 de mayo es una fecha sumamente importante para el mundo entero por cuanto se recuerda el Día Internacional del Trabajador. Pero, sin embargo, para los paraguayos, esa fecha pasa casi desapercibida en relación a otro acontecimiento de suma trascendencia en la historia de nuestra nación.

Tratado de la Triple Alianza
Tratado de la Triple Alianza

Apenas 25 años antes de los hechos que dieron origen a la fecha recordatoria de los trabajadores (Chicago, mayo de 1886), en América del Sur tres países reunidos en secreto, Argentina, Brasil y Uruguay, dieron pie a uno de los actos más bochornosos y polémicos de la historia reciente: el Tratado de Alianza contra el Paraguay.

En 19 artículos más un protocolo, definieron la suerte del Paraguay con acciones cuyas consecuencias incluso se sienten en la actualidad, más allá de cualquier intento de reconciliación por parte de los firmantes de dicho documento que fue dado a conocer a la opinión pública en el Parlamento británico en 1866 y publicado en Francia en abril de ese mismo año con traducción y comentarios atribuidos al intelectual argentino Juan Bautista Alberdi, una de las figuras públicas más críticas del tratado, de sus firmantes y de sus intenciones.

Y es que ese documento secreto que incluso imponía nuevos límites territoriales al Paraguay, castigos monetarios e indemnizaciones, tuvo amplia repercusión a nivel mundial y ganó para el Paraguay la simpatía de muchos alrededor del mundo ante la tremenda aplicación de la fuerza por parte de los países aliados al pueblo de la Nación que pretendían doblegar mediante la guerra.

Muchas fueron las voces de protesta que se alzaron en Europa y América ante la desproporción del enfrentamiento y sobre todo ante el cinismo del «contrato» que firmaron esos países para traer una supuesta guerra «libertadora en contra del Gobierno y no del pueblo» como reza en su texto en algún capítulo, cuando lo que en realidad hicieron fue expoliar las riquezas y apoderarse de territorios del Paraguay imponiendo la ley del vencedor.

Y ciertamente, 4 años y 10 meses después de la firma del infame Tratado con el que fueron responsables de uno de los episodios más sangrientos del siglo XIX, Argentina, Brasil y Uruguay acababan la guerra con la muerte del Mariscal Francisco Solano López y la exterminación de gran parte de la población paraguaya en fecha 1 de marzo de 1870, dando así cumplimiento a la letra del documento mencionado y la intención de sus firmantes. Todavía quedaría mucho más por escribirse en la historia luego de esa fecha, pero eso es tema de otro capítulo.

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Acerca del ferrocarril paraguayo

Los tambores de guerra contra los aliados estaban sonando fuerte ya cuando en 1864 el ferrocarril paraguayo inauguró su recorrido Luque-Areguá-Patiño un día como hoy, 5 de marzo.

Tren Lechero_Rev. Asunc_1951
Imagen del conocido como Tren Lechero, que unía San Lorenzo con Asunción

Una de las instituciones más emblemáticas del Paraguay es el ferrocarril «Presidente Carlos Antonio López», llamado así en homenaje al mandatario en cuyo gobierno las obras de progreso cambiaron la faz del país.

Luego de ocupar la presidencia a la muerte del Dr. Francia, don Carlos encaró con firmeza la modernización del país. Envío a su hijo Francisco en misión diplomática y comercial a Europa, contrató técnicos para residir aquí, modernizó la flota militar y mercante, abrió oficinas de negocios en otros países, apoyó la educación y fomentó las obras de infraestructura.

Entre esas obras resaltaba un medio relativamente nuevo que revolucionaría el transporte en el mundo entero: el ferrocarril. Con una visión progresista encaró los primeros trabajos a partir de 1854 y luego solicitó a los agentes del Paraguay en Europa la compra de todo lo necesario para que tengamos un tren.

El 24 de marzo de 1856 le fue enviado a los hermanos Blyth, encargados de negocios de Paraguay en Londres, una primera entrega de 200 mil pesos oro para la compra de todo lo necesario para cubrir 13 leguas de ferrocarril, la distancia aproximada entre Asunción y Cerro León: rieles, vagones y locomotoras» (Pérez Acosta, J.: Carlos A. López, Obrero Máximo. 1948).

Comenzaba de esa manera el camino largo, sinuoso y amargo de un medio que lamentablemente no llegó a consolidarse en nuestro país, en parte como consecuencia de la guerra contra los aliados. Hoy en día se extraña un medio de transporte como el ferrocarril, tan importante en otros países del mundo.

El ferrocarril en las Américas

La historia del ferrocarril en las Américas comenzó en los EE.UU. en 1831; luego le siguió Cuba, en 1834. En Sudamérica este transporte comenzó a rodar en Chile en 1851; en Brasil, en 1854 (según algunos autores), y en la Argentina en 1857. Para Pérez Acosta, Paraguay fue el tercer país sudamericano en contar con este medio de transporte (Pérez Acosta, J.: Carlos A. López, Obrero Máximo. 1948); para otros fue el cuarto, ya que Paraguay echó a rodar sus primeros vagones oficialmente el 25 de diciembre de 1861, a pesar de que en 1854 ya estaban trabajando en las obras para sostener las vías y aproximadamente a partir de esa fecha comenzó a funcionar un tramo que unía el arsenal con el puerto, pero para el uso de zorras estiradas a caballos y no locomotoras a vapor (Verón, L.: Ferrocarril del Paraguay. 2002).

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Parque Nacional Cerro Corá

En el departamento del Amambay, aproximadamente a 450 kilómetros de Asunción, se encuentra el mítico sitio conocido como Cerro Corá, enclave de gran belleza y sitio de la última batalla de la Guerra contra la Triple Alianza, importante por su significación histórica, cultural y natural paraguaya y guaraní.

Francisco S. López_Rev. Asunc_1951Cerro Corá está inserto en la cultura popular paraguaya por ser el lugar en que terminó el hombre y comenzó la leyenda. En efecto, el mariscal Francisco López asentó su último campamento en ese lugar, el que sería testigo de su paso a la inmortalidad, un 8 de febrero de 1870 con los restos de su ejército.

En el lugar, un sitio de increíble belleza, una especie de teatro natural formado por las distintas ramificaciones de la cordillera del Amambay, a orillas del río Aquidabán, destacan los cerros Punta Porã, Guazú, Tacurú Pytã, Alambique, Mirón, Tanquería y Tangaró junto a otras elevaciones menores que conforman en conjunto un sitio de exuberante y gran riqueza que debía ser protegida para las generaciones futuras. Así se entendió y en el año 1976, por Decreto Nº 20.698 del 11 de febrero fue reservada una extensión de 12 hectáreas como área protegida y elevada a la categoría de Parque Nacional.

Los habitantes del «centro del mundo»

El cerro Guazú o Jasuka Venda para los Paĩ Tavyterã, es su centro cosmológico. El sitio donde Ñane Ramõi Jusu Papa (Nuestro Abuelo Grande Eterno), engendró la palabra, la humanidad y el universo todo.

El cerro Guazú fue promovido como Patrimonio Cultural en 1993 y expropiado a favor de los Paĩ. Esa acción fue de suma importancia, ya que en las faldas del cerro, en las cavernas, también se encuentra una cantidad importante de lo que se considera arte o inscripciones rupestres que ya han sido objeto de investigación y estudio por autoridades en la materia, siempre bajo la atenta mirada de la comunidad guaraní que precautela su propiedad religiosa y cultural.

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El Oratorio y Panteón de los Héroes

Uno de los edificios más emblemáticos, y por qué no decirlo el más importante de nuestro país por el significado que le da la ciudadanía, es el Oratorio de la Virgen Nuestra Señora de la Asunción y Panteón Nacional de los Héroes.

PanteónEn 1537, Juan de Salazar y Espinoza fundó a orillas de la bahía de los carios-guaraníes el fuerte que había prometido tiempo antes a los nativos que le habían recibido a él y sus soldados mientras iba camino al norte por el río Paraguay en exploración.

La que a la larga se convertiría en la ciudad de Asunción, cuyo título oficial es “La Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora Santa María de la Asunción”, también conocida como la “madre de ciudades, amparo y reparo de la conquista” y “cuna del primer grito de la libertad en América”, fue puesta por los españoles bajo el amparo religioso de la Virgen de la Asunción, cuya recordación coincidía con la fundación de la casa militar, el 15 de agosto de 1537.

Según la historiadora compatriota Margarita Durán Estragó, quien le dedicó mucho tiempo a investigar lo referente a la Patrona de la ciudad, no existe certeza acerca del origen de la devoción. Dice que “en la nave de Pedro de Mendoza venía como titular una imagen de la Concepción, la que luego pasó a manos de Salazar. Cuando fundaron Asunción, la imagen desembarcó con ellos y se creó la primera capilla religiosa del Paraguay con esta figura. Como la misma se realizó en la fecha correspondiente a la recordación de la Asunción de María, como no había una imagen suya, el fuerte levantado quedó bajo el amparo y la protección de la advocación de la Virgen que desembarcaron” (Estragó, 1996).

En la otra esquina…

Algunos investigadores afirman que la imagen de la Virgen de la Asunción tuvo solamente dos capillas o “casas” en esta que es su ciudad. La primera de ellas en las actuales calles Palma y Chile, pero en la esquina opuesta a donde se encuentra ahora el Oratorio y Panteón. Según dicen es en el mismo sitio donde está el Lido Bar y según otros en el solar de al lado, donde se halla el estacionamiento, y estuvo siempre al custodio de la familia Machaín-Zavala y sus descendientes.

Lo cierto es que por razones políticas debido a que la Iglesia católica no toleraba la relación de Madame Lynch con Francisco Solano López, en 1863, siendo ya el mariscal presidente del Paraguay, le ordenó al arquitecto italiano Alesandro Ravizza y al constructor Giácomo Colombino la construcción de un oratorio particular en donde podrían realizar sus devociones sin tanta pena. El edificio es una construcción neoclásica inspirada en la capilla de Los Inválidos (París, Francia) construida en el siglo XVII, sitio donde se encuentran los restos de Napoleón Bonaparte, y en el Colegio Cuatro Naciones también en París, así como también en la capilla Santa María Carignano (Génova, Italia), sobre todo en el estilo del domo y en la cripta.

Dicha construcción se encontraba en el mismo lugar donde ahora se alza el edificio, en la misma manzana, sólo que la propiedad era del Mariscal y estaba cercada. La Guerra contra la Triple Alianza estaba muy cerca, y la misma impidió que ésta y otras construcciones planificadas por el gobierno y particulares, se pudieran llevar a cabo.

Las cosas en el Paraguay resultaron muy mal durante y luego de la contienda bélica contra la Alianza. Un alto precio fue pagado por las personas y las instituciones; edificaciones tales como el Palacio de López, el Teatro de la Ópera y el mismo Oratorio quedaron postergadas y abandonadas mucho tiempo, cuando no destruidas.

Terminado mucho tiempo después

Recién luego de que asumiera la presidencia de la República como presidente el Cnel. Rafael Franco, en 1936, se terminó la construcción del Oratorio y se le dio la función de Panteón de los Héroes. Se trasladaron a él los restos del Mariscal López que fueron rescatados de Cerro Corá, así como los de un soldado desconocido que cayó en la Guerra del Chaco, transformando el edificio en un monumento cívico de homenaje a los héroes de la patria.

Cuando en 1937 asumió el poder el presidente Dr. Félix Paiva, debido a supuestas presiones populares le devolvió al edificio su carácter de Oratorio dedicado a Nuestra Señora Santa María de la Asunción, Patrona y Mariscala de los Ejércitos del Paraguay, siendo colocada en un altar la imagen que correspondía a su jerarquía, funcionando desde ese momento la construcción en su doble carácter cívico-religioso.


Sitio de encuentro popular

El edificio es quizás el sitio más emblemático del país. En sus jardines y veredas se convoca la ciudadanía para expresar sus emociones, ya sea luego de un partido de fútbol para festejar una victoria, ya sea para realizar un acto de protesta, presenciar el cambio de la guardia y el izamiento o el descenso de la bandera.

Cuando se realizaron los festejos que recordaron los 200 años de la independencia del Paraguay, ese sitio fue el escogido espontáneamente por los miles de espectadores que presenciaron el emotivo acto de luces y colores, así como la entonación multitudinario del Himno Nacional paraguayo.

En sus veredas se pueden encontrar indígenas que venden artesanías, estudiantes con su alegría a cuestas, turistas que sacan fotos y gente que toma el sol mirando la vida pasar por la congestionada calle Palma mientras los aromas del Lido Bar inundan la calle e invitan a pasar por sus mostradores siempre que encontremos un lugar donde sentarnos.


 

Bibliografía
Díaz de Guzmán, R. (1835). Historia Argentina del descubrimiento, población y conquista de las provincias del Río de la Plata. Buenos Aires: Imprenta del Estado
Durán Estragó, M. (1987). Templos de Asunción 1537-1860. Asunción: Biblioteca de Estudios Paraguayos, Universidad Católica
Durán Estragó, M. (2000). Oratorio de la Virgen de Asunción. Asunción: Arzobispado de Asunción
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