Ayala, Estigarribia y el Partido Liberal

La historia, y eso es lo emocionante, tiene de hecho varios rostros que dependen de quienes escriben sobre ella, sobre el acto histórico…

Tapa del libro Ayala, Estigarribia y el Partido Liberal, de Policarpo Artaza
Tapa del libro Ayala, Estigarribia y el Partido Liberal, de Policarpo Artaza

La de Policarpo Artaza es una de esas visiones sobre un hecho o acontecimiento que ha marcado a fuego al Paraguay, la Revolución Febrerista (1936). La «cuartelada», como la define el autor.

En la nota preliminar de este interesante texto bibliográfico dice lo siguiente: «El doctor Juan Stefanich, ex ministro de Relaciones Exteriores del gobierno defacto surgido a raíz de la cuartelada del 17 de febrero de 1936, acaba de publicar en tres volúmenes los Capítulños de la revolución paraguaya. Quiere justificar en ellos aquel triste episodio llamándolo ‘movimiento de liberación integral del pueblo paraguayo’ contra los ‘vende patria, legionarios, entregadores liberales», cuando en realidad, el 17 de febrero de 1936 marca la iniciación de la anarquía que desde hace diez años carcome los cimientos vitales del Paraguay. La historia juzgará a su hora ese pronunciamiento, que no tiene justificación ni explicación alguna dentro de la lógica y del patriotismo».

El libro recorre, así, los prolegómenos de la Guerra del Chaco hasta el año 1937, como también sus hechos más sobresalientes.

Policarpo Artaza, al momento de editar este libro (1946) estaba en el destierro en la ciudad de Buenos Aires. Artaza, político y periodista, diputado y senador en su momento, dirigió también los diarios asunceños El Orden y El país, y afiló su pluma al lado de otros personajes como Gualberto Cardús Huerta, Eusebio Ayala y Rodolfo Riquelme. Su padre, héroe de la Guerra Grande, fue uno de los fundadores del Partido Liberal.

La Biblioteca Histórica Abierta Digitalizada Aranduvera tiene el placer de ofrecer este adelanto a la edición del libro en formato de lectura en streaming que subirá en breve a su página web en libre disposición de los lectores, ávidos de materiales sobre la Guerra del Chaco y su contexto.

Queremos agradecer, muy especialmente, al Prof. Arq. Quintín Fernández, la donación de este importante material, más aún teniendo en cuenta que el mismo pertenecía a su padre. Parafraseándolo: «El libro queda en buenas manos», en las del público lector que se merece tener a su alcance textos como este que le ayuden a construir su propio imaginario.

Muchas gracias, Prof. Arq. Fernández, en nombre del proyecto y en el de los lectores por disponer generosamente de este material.

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Día de la Mujer Paraguaya

A propósito del 24 de febrero (I)

Como es sabido, el 24 de febrero es recordado el Día de la Mujer Paraguaya gracias al esfuerzo y a la propuesta, ante el Congreso Nacional, de la diputada Carmen Casco de Lara Castro, sumado a los esfuerzos de la investigadora Idalia Flores de Zarza.

Serafina Dávalos, primera mujer en el Paraguay en ingresar a la universidad y primera abogada; gran luchadora de los derechos de la mujer

Cabe recordar que dicho acontecimiento tiene una base histórica, y es la Primera Asamblea de Mujeres Paraguayas llevada a cabo en 1867 durante la Guerra contra la Triple Alianza, misma en la que se había propuesto y aceptado la donación de joyas para financiar los costos de la contienda.

Pero la lucha a favor de los derechos de la mujer en el Paraguay tiene en este hecho, y en otros, los inicios de un intento de justa reivindicación a la labor y la función que cumplen. Hay que recordar, simplemente, el martirio de las residentas para comprender lo justiciero del homenaje y del reconocimiento de igualdad de trato y oportunidades.

Tal es así que al ser ocupada la ciudad de Asunción en 1869 y una vez fundado el periódico La Regeneración de la familia Decoud, éste fue uno de los voceros de la implementación de los derechos de las personas en el Paraguay. Entre ellos la institución del casamiento civil, la separación de la Iglesia del Estado, la igualdad de géneros en la educación y la libertad de acción de la mujer.

La discusión acerca del Paraguay que se pretendía se llevaba a cabo en todos los ámbitos de la sociedad y en todos los lugares posibles: bares, cafeterías, casas de familia, teatros improvisados y escenarios callejeros. Todos con un propósito final, devolver al país su estado de nación moderna con leyes justas e igualitarias. Se sucedían entre los oradores, grandes educadoras como Asunción Escalada y otras compañeras.

Pero hasta llegar a 1974, año en que se instituye el día como un objeto de reflexión y justiciero homenaje, pasó igualmente mucha agua bajo el puente. No es que no se había hecho nada, se estaba trabajando, y algunas de las acciones o antecedentes son los siguientes:

Año 1901: 36 mujeres de Concepción enviaron un telegrama al Senado nacional protestando por la elección de José Segundo Decoud para ocupar una bancada. Este hecho es considerado como una de las primeras manifestaciones políticas de la mujer en el Paraguay.

Año 1904: Las integrantes del Comité Pro Paz solicitaron al presidente Benigno Ferreira que evitara desatar la inminente guerra civil de esa fecha.

Año 1946: La Unión Democrática de Mujeres formaron la más importante organización social para lograr la amnistía y la vigencia de las libertades de “profesar su culto, pensar libremente, trabajar sin hambre y vivir sin miedo”.

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Juan Sinforiano Bogarín

Obispo y primer arzobispo de Asunción

Juan Sinforiano Bogarín, una de las figuras más importantes de la curia nacional, tiene entre sus ascendientes a otras como San Roque González de Santa Cruz, el misionero Amancio González y el prócer Javier Bogarín.

Monseñor Juan Sinforiano Bogarín
Monseñor Juan Sinforiano Bogarín

Mons. Bogarín escribió sus memorias, las que son un documento muy original para leer la historia del país, relatada desde su función pastoral. Vale la pena echar un vistazo a ellas.

Nació en Mbuyapey, localidad del departamento de Paraguarí, el 21 de agosto de 1863, apenas un año antes del inicio de la Guerra Grande, contienda en la cual perdió a sus progenitores. Primero a su padre, durante la defensa de Humaitá, y luego a su madre por la enfermedad del cólera, residenta en la localidad de Borja.

Huérfanos él y sus tres hermanos fueron criados por una tía materna durante esos duros años que fueron los de guerra y posguerra para el Paraguay. Cuando el Seminario Conciliar de Asunción abrió sus puertas en 1880 para continuar la prolífica labor que desempeñó durante años, teniendo sus antecedentes inmediatos en el Real Colegio Seminario de San Carlos, el joven Bogarín fue de la primera generación de ordenados, específicamente en 1886, el 24 de febrero.

Designado al siguiente año como párroco de la Catedral, los años en que estuvo al frente sirvieron para encarar proyectos de remodelación y restauración del templo, venido muy abajo por el tiempo y las acciones de la guerra contra los aliados, cuyos efectos también se hicieron sentir en la conformación del clero nacional que estaba reducido y desorganizado.

Precedido de un gran prestigio popular por la sencillez de su prédica como pastor, su trabajo apostólico y el apoyo a las diferentes organizaciones que rodeaban a la Iglesia, su nombre fue propuesto en una terna junto a Claudio Arrúa y Antonio Palacios para cubrir la vacancia dejada por el obispo Pedro Juan Aponte a su muerte en 1891.

En 1894, mediante Bula Papal, León XIII lo exaltó a Obispo del Paraguay, siendo consagrado el día de San Blas, el 3 de febrero de 1895, por el monseñor Luis Lasagna. En el año 1929, fue creada la Provincia Eclesiástica del Paraguay y en 1930 Juan Bogarín recibió el cargo arzobispal, convirtiéndose en el primero en este cargo en nuestro país.

Luego de 54 años de gran labor pastoral en que le cupo la reorganización del clero nacional, después del ordenamiento de casi cien jóvenes paraguayos, luego de haber apoyado la llegada de otras órdenes religiosas al país, de un gran apoyo a las organizaciones sociales y campesinas en defensa de sus derechos y de sus tierras; habiendo precautelado en un periodo de gran crispación civil por los enfrentamientos internos políticos los intereses de su feligresía con sendas Cartas Pastorales, falleció a los 85 años de edad el 25 de febrero de 1949, apenas luego de emitir la última de ellas siete días antes, un día como hoy 18 de febrero.

Fuentes:
Zubizarreta, Carlos. Cien vidas paraguayas. 1985. Editorial Servilibro, Asunción
Amaral, Raúl. Forjadores del Paraguay.
Seiferheld, Alfredo. Mis apuntes. Memoria de Monseñor Sinforiano Bogarín. 1986. Editorial Histórica. Asunción
Bray, Arturo. Hombres y épocas del Paraguay. 1957. Buenos Aires

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Alejandro Guanes Recalde

Un poeta posromántico

A dos años de haber terminado la Guerra Guasú (1864-1870), nació en Asunción el 18 de noviembre uno de los más significativos intelectuales paraguayos: Periodista, ensayista y poeta, cubrió con su trabajo literario el espectro temporal del 900.

Según algunos investigadores, Alejandro Guanes se inspiró en su casa familiar para escribir el poema, pero que de manera metafórica los versos se refieren en realidad al país (fotografía de la Casa Guanes, Colección Charles Müller; curador, Arq. Jorge Rubbiani)
Según algunos investigadores, Alejandro Guanes se inspiró en su casa familiar para escribir el poema, pero que de manera metafórica los versos se refieren en realidad al país (fotografía de la Casa Guanes, Colección Charles Müller; curador, Arq. Jorge Rubbiani)

En el báratro de sombras alocado el viento brega,
ya blasfema, ya baladra, ora silba y ora juega
con el tul de la llovizna, con las ramas que deshoja,
   con la estola de una cruz;
ya sus ímpetus afloja, ya retorna, ora dibuja
   del relámpago a la luz,
un fantástico esqueleto que aterido se arrebuja
   del sudario en el capuz.

Estos son los versos iniciales del poema épico Las Leyendas de 1909, publicado en el libro póstumo «De Paso por la Vida», y que le valiera el aprecio y el respeto de otros connotados integrantes de la intelectualidad de la época como Juan E. O’Leary, Manuel Domínguez y Cecilio Báez.

 
Caserón de añejos tiempos, el de sólidos sillares,
con enormes hamaqueros en paredes y pilares,
el de arcaicas alacenas esculpidas, ¡qué de amores,
   qué de amores vio este hogar!,
el que sabe de dolores y venturas de otros días,
   estructura singular,
viejo techo ennegrecido, ¡qué de amores y alegrías
   y tristezas vio pasar!

Guanes había realizado sus estudios en la Argentina y muy pronto dio a conocer sus primeras estrofas poéticas. Al regresar al Paraguay colaboró intensamente con la prensa nacional y, sobre todo, con la revista del Instituto Paraguayo (1896-1908), insigne publicación que recibió en sus hojas, en 64 números que se editaron en total, a lo mejor del arte nacional e internacional de la época.

Por los ángulos oscuros de sus cuartos vaga el pora.
Es quizás un alma en pena que la vida rememora,
vida acaso de grandeza, tal vez mísera existencia,
   ¡vida de héroe tal vez!
En pesada somnolencia la tertulia se sumerge
   en confusa placidez;
es la hora en que sus formas toma el pora y en que emerge
   de la triste lobreguez. (…)

El poeta falleció el 25 de mayo de 1925, apenas con 52 años. Analistas de la literatura paraguaya como José Rodríguez Alcalá, Sinforiano Buzó, Hugo Rodríguez Alcalá, Beatriz González de Bosio, Teresa Méndez-Faith y Carlos Villagra Marsal le dedicaron estudio y páginas en sus respectivas publicaciones a este gran vate poco estudiado y referido.

Con su obra Las Leyendas, Guanes legó una gran elegía panegírica al país, cuya todavía sangrante herida provocada por la guerra que había socavado sus cimientos estaba muy presente en el paraguayo. Para rescatar el ser nacional, el trabajo de éste y otros grandes poetas e intelectuales de la época estuvo al lado del ciudadano apuntalándolo.

Fuente:
Buzó, J.S. Indice de la poesía paraguaya (1959). Edic. Niza, Asunción.
Centurión, C.R. Historia de la cultura paraguaya (1961). Buenos Aires

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A 147 años de la célebre batalla de Curupayty

«¿No llegan hasta vuestro oído los aires marciales de una diana vibrante y arrebatadora? La batalla va a empezar. Mirad con vuestro pensamiento el soberbio panorama de aquella tarde inolvidable. Aquí, detrás de estas trincheras esperan nuestros leones, ávidos de pelear, devorados por la fiebre de una ansiedad incontenible».

Cuadro del pintor argentino Cándido López, llamado también el Manco de Curupayty ya que participó de la batalla y allí perdió el brazo derecho hasta el codo. Fue el principal ilustrador de la contienda a partir de los bocetos que realizó durante la misma
Cuadro del pintor argentino Cándido López, llamado también el «Manco de Curupayty» ya que participó de la batalla y allí perdió el brazo derecho hasta el codo. Fue el principal ilustrador de la contienda a partir de los bocetos que realizó durante la misma

De esa manera, Juan E. O’Leary rememora y homenajea el valor del soldado paraguayo y el ingenio del Gral. Díaz en la batalla de Curupayty (El Libro de los Héroes, pág. 260: 1922), la mas brillante y resonante victoria del Ejército paraguayo durante la guerra.

Luego de ser rechazado de las tierras aliadas el Ejército paraguayo, las acciones de la Guerra contra la Triple Alianza se desarrollarían totalmente en territorio paraguayo hasta finalizar en 1870. Tomaron el dominio de los ríos Paraguay y Paraná con el objetivo de llegar a Asunción, pero en el camino les esperaba la fortaleza de Curupayty y, más arriba, Humaitá.

Antes de la contienda, el 12 de setiembre, López y Mitre se reunieron en Yataity Corá para buscar una salida elegante al conflicto, acuerdo que no llegaría a causa de los brasileños. Entonces no quedó más que seguir con las acciones. El 22 de setiembre de 1866, Bartolomé Mitre, comandante de las fuerzas aliadas, ordenó el asalto de Curupayty que días antes 5.000 paraguayos fortificaron eficazmente.

El lodazal producido por una lluvia de tres días, la posición elevada, una laguna, el estero, las trincheras y las trampas que el Gral. Díaz ordenó que se plantaran rodeando la fortaleza fueron las murallas contra las que chocaron una y otra vez los soldados aliados en número de 9 y 8 mil argentinos y brasileños, respectivamente.

Carga tras carga eran rechazados. Los soldados aliados retrocedían y eran empujados de nuevo al frente por la retaguardia pasando por encima de los cuerpos de sus propios compañeros. Cuando Mitre ordenó la retirada, a las 17 hs., sobre el campo de batalla quedaron alrededor de 9 mil muertos e incontables heridos aliados, entre ellos la mayoría de los jefes de batallones y cuerpos.

En el lado paraguayo, las bajas fueron un jefe, tres oficiales y 19 soldados. La victoria fue completa y el efecto sobre la moral de los aliados fulminante. Varios cambios se produjeron como resultado de la batalla: el Brasil cambió a sus jefes principales, Mitre tuvo que volver a la Argentina a enfrentar revueltas internas a causa del desacuerdo con la guerra y las acciones se detuvieron por 10 meses aproximadamente.

Fue el tiempo corto de una paz impensada, de la calma que precede a la tormenta. Al año siguiente las cosas cambiarían y los aliados, repuestos de su derrota y aprendida la lección, atacarían de nuevo y ya no pararían hasta entrar sobre Asunción el 5 de enero de 1869.

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El origen del Día del Niño en Paraguay

De hecho, ningún episodio de guerra puede dejar de ser terrible en todos los sentidos. Y durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870) se vivieron varios de ellos.

Asunción había sido evacuada bajo orden marcial de Francisco Solano López en febrero de 1868 ante el avance incontenible de las fuerzas aliadas sobre el Paraguay. También habían sido evacuadas otras ciudades, tanto internas como aquellas a orillas de los principales ríos, Paraguay y Paraná, ante la amenaza de las fuerzas navales enemigas que se apropiaron del tráfico fluvial.

Luque se convirtió en la segunda capital, luego fue Piribebuy y por último San Isidro de Curuguaty. A Piribebuy se había trasladado gran parte de las funciones del Estado. Funcionaron el Tesoro, un hospital de guerra, el Archivo y el comando militar; incluso el periódico de trinchera La Estrella, dirigido por Manuel Trifón Rojas; incluso algunas legaciones extranjeras mantenían a sus representantes.

Pero la guerra no daba descanso. Piribebuy fue atacada por las fuerzas contrarias el 12 de agosto de 1869 como si fuera un acto premonitorio de lo que ocurriría apenas cuatro días después.

La desigualdad en el número de combatientes era inmensa y no dio posibilidad a ninguna victoria; apenas se atinó a la defensa. Cuando los aliados entraron a Piribebuy se libró la primera batalla urbana de la guerra, y los brasileños vengaron la muerte de su comandante José Luis Mena Barreto. El Conde D’Eu, jefe de las fuerzas imperiales brasileñas, ordenó pasar por degüello a los prisioneros y quemar el hospital de guerra con todo y enfermos más personal dentro en uno de los ejemplos más documentados de genocidio de esta guerra.

Sin embargo, otro episodio cruel se estaba gestando. Apenas cuatro días después, el 16 de agosto, el Gral. Caballero al mando de 3.500 soldados, entre ancianos y niños disfrazados con barbas postizas, más un escuadrón de 600 veteranos enfrentaron a brasileños y argentinos en número de 20.000 en la batalla de Acosta Ñú, conocida también como batalla de Campo Grande.

A cañonazos, con cargas de caballería, a sablazos y tiros; y como si eso no bastara, prendiendo fuego al monte y empujando a punta de bayoneta a los sobrevivientes dentro del bosque para que murieran quemados o ahogados por el humo junto a sus madres que ayudaban desde la espesura cuidando a los heridos y juntando a los muertos, el enemigo terminó la jornada con una victoria que muy poco habla de su moral.

Ese aciago día, el 16 de agosto de 1869, fue testigo del nacimiento en el Paraguay del heroísmo extremo que asumen los seres humanos en situaciones extremas, y dio pie no al festejo sino a la recordación que debe brindarse a la valentía de la niñez nacional. Asumamos, pues, en este día, con coraje y honor el homenaje a quienes cayeron en defensa de la dignidad.

Bibliografía a consultar:
Rodríguez Alcalá, G. Residentas, destinadas y traidoras (1991). Edit. Criterio. Asunción
Mendoza, H. La campaña de las Cordilleras (2010). Edit. El Lector y ABC Color. Asunción
Cardozo, E. Hace 100 años. Crónicas de la guerra de 1864-1870. Tomo III (1970). Edit. Emasa. Asunción
http://www.lagazeta.com.ar/acosta-nu.htm. Batalla de Acosta Ñú – 16 de agosto de 1869 (Día del niño paraguayo). Consultado el 25 de julio de 2013

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El Ateneo Paraguayo y su derrotero

El 28 de julio se recordarán 130 años de la fecha de fundación del Ateneo Paraguayo, ocurrida en 1883 en la ciudad de Asunción, a escasos 13 años de haber culminado la Guerra Guasu.

La construcción de dos plantas de la derecha, en primer plano, es el Palacio Barrios, casa del yerno de don Carlos, Vicente Barrios, construcción ya desaparecida en Pdte. Franco e Independencia Nacional. A ese lugar se mudó el Instituto cuando fue derribada la Casa López-Carrillo. La de la izquierda es el fondo de la actual Farmacia Catedral (fotografía Colección Charles Müller)
La construcción de dos plantas de la derecha, en primer plano, es el Palacio Barrios, casa del yerno de don Carlos, Vicente Barrios, construcción ya desaparecida en Pdte. Franco e Independencia Nacional. A ese lugar se mudó el Instituto cuando fue derribada la Casa López-Carrillo. La de la izquierda es el fondo de la actual Farmacia Catedral (fotografía Colección Charles Müller)

El país estaba tratando de salir de la tremenda crisis producida por la Guerra contra la Triple Alianza por diversos medios. Uno de ellos era el intento de reconstrucción de las instituciones y la instalación de otras que nunca estuvieron presentes en el país.

De hecho, las acciones culturales en el país siempre fueron escasas, ya sea por lo «cerrado» del Dr. Francia o porque no hubo tiempo de consolidar el proyecto transformador encarado por don Carlos debido a la contienda contra Argentina, Brasil y Uruguay entre 1864 y 1870.

Sin embargo, ni bien fue ocupada Asunción en 1869 por los Aliados, la capital y el resto del país se abrieron de nuevo y comenzó la ardua tarea reconstructora de la nación.

En ese ambiente de grandes movimientos sociales se conformó el Ateneo por muchos de los más brillantes intelectuales del país: Los nombres de Adolfo Decoud, Benjamín Aceval, Ramón Zubizarreta, Alejandro Audivert, Leopoldo Gómez de Terán y Cecilio Báez pueden leerse en el acta fundacional junto al de otras importantes figuras de distintas áreas y especialidades.

Pero la institución no duraría mucho tiempo; apenas seis años, puesto que en 1889, debido quizá a desavenencias personales de sus integrantes y lo convulsionado de la política criolla, disolvió sus actividades.

Sin embargo, el germen de la asociación estaba presente. En 1895 aquel impulso inicial dio paso a la formación de otro grupo que sería igualmente importante: el Instituto Paraguayo, órgano continuador de los esfuerzos del Ateneo.

A ese impulso se sumó, en 1913, la creación del Gimnasio Paraguayo y el Club de Gimnasia y Esgrima, conformados en su mayoría por jóvenes paraguayos que volvían de usufructuar becas en el exterior.

El país vivía una de sus eras más brillantes, la conocida como el Novecentismo. En ese ámbito, la unión de los tres grupos se concretó en diciembre de 1933, adoptándose como nombre propio el del anterior Ateneo Paraguayo como un homenaje al grupo inicial.

Esta denominación no está libre de polémica, ya que algunos investigadores como Raúl Amaral sostienen que un Ateneo y otro difieren mucho en intereses generales y, por lo tanto, no son la misma institución. Como fuere, lo que no se puede negar es el impulso y el apoyo que estos tres grupos dieron a la cultura de nuestro país y a su desarrollo con el propósito de sacar al país del sitio en donde le sumió la guerra.

Bibliografía:
Amaral, Raúl. Escritos Paraguayos. Editorial Mediterráneo (1984). Asunción
Gamarra Doldán, Pedro. En el Centenario del Gimnasio Paraguayo. Suplemento Cultural del diario ABC Color (2013). Asunción
Pérez Acosta, Francisco. Núcleos Culturales del Paraguay Contemporáneo. Edit. del autor (1959). Buenos Aires

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El Museo Nacional de Bellas Artes de Asunción

Se ha visto en notas anteriores cuestiones referentes a los museos y al germen de esa tan importante institución en nuestro país. Ineludiblemente acabamos citando a Juan Silvano Godoy y sus acciones para dotar al país de una colección de arte permanente en un momento álgido de su historia.

Calvario de Sagunto, Santiago Rusiñol, (España), óleo sobre tela, 114x149 cm
Calvario de Sagunto, Santiago Rusiñol, (España), óleo sobre tela, 114×149 cm

El 28 de marzo de 1909, Juan Silvano había afirmado en el acto de apertura de su museo que ese era “un acontecimiento culminante, al que tienen derecho los habitantes todos de la república”. Y si rememoramos las condiciones en que nuestro país se desenvolvía, apenas a 30 años de distancia de la Guerra Grande y sus terribles consecuencias, sus palabras tienen una profundidad social contundente, así como denotan una esperanzadora intención de vindicar con el arte los aspectos culturales, morales y sociales del sufrido pueblo paraguayo.

Es evidente que 104 años después de ese acto y 73 años luego de que el Estado se hiciera cargo de ese acervo cultural tan importante, sus palabras fueron más que promisorias. Se puede decir que todavía hay algunos puntos que completar para que que todo sea justo y perfecto, como lo es que dicho museo cuente con un local propio, y que puedan recuperarse las piezas robadas en el 2002 (un Tintoretto, un Murillo y un Coubert), pero las obras que forman parte de su colección están disponibles para que sean objeto de disfrute.

De esa manera, los Rusiñol, Da Ponte, Samudio, Delgado Rodas, Bouchard, Da Ré, Alborno, Campos Cervera, Bestard, Favretto, Blinder, Schulz, Mornet, Boggiani, Colombo, Montesinos, Caviedes, Santoro, Montenegro y otros brillantes exponentes, tanto de nuestra cultura como del extranjero, forman parte del catálogo a la espera de su observación, estudio, comprensión y análisis, tanto de parte de los investigadores como de los estudiantes y amantes del arte en general.

Bibliografía:
Museo Nacional de Bellas Artes, Dirección General de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Secretaría General de Cultura. Fotografías de Jorge Candia Coronel, Dirección de Comunicación de la Secretaría Nacional de Cultura (2011)

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Sobre los museos (II)

Hace unos días, el 18 de mayo, se recordaba el Día Internacional de los Museos. Esta fecha tan especial da pie para que hablemos de algunas cuestiones acerca de estas instituciones en el Paraguay.

Catecismo de la lengua guarani, de Antonio Ruyz de Montoya
Carátula del libro Catecismo de la Lengua Guaraní del padre jesuita Montoya publicado en Madrid en 1640. El primer libro bilingüe guaraní-español (Fuente: archive.org, copia del autor).

Carátula del libro Catecismo de la Lengua Guaraní del padre jesuita Montoya publicado en Madrid en 1640. El primer libro bilingüe guaraní-español (Fuente: archive.org, copia del autor).

A partir del siglo XVIII, los museos comenzaron a constituirse tal como se los conocen hoy en día con las variaciones lógicas del tiempo. De esa forma, fueron apareciendo en varios países de Europa primero y luego en América.

En el Paraguay, los antecedentes pueden rastrearse hasta la época de los jesuitas y franciscanos, quienes en sus reducciones realizaban estudios acerca del nativo y de su idioma, así como de la naturaleza tan rica en plantas y animales con cuyas muestras reunidas crearon muestrarios como también bibliotecas cuando comenzaron a funcionar las imprentas.

Por la característica propia de una América en la que todo estaba por descubrirse, registrarse y catalogarse, muchos llegaron hasta estas tierras para ello. Si nos atenemos solamente al Paraguay y sus territorios podría hablarse del padre José Sánchez Labrador, don Félix de Azara, Aimé Bonpland, Eberhard Munck, Charles Twiten, Du Graty y otros más como los que con su trabajo fueron creando las colecciones y los muestrarios que pueden considerarse como la base de un museo.

Durante el tiempo transcurrido entre la independencia y la Guerra Grande, puede mencionarse que en 1836 don Gaspar Rodríguez de Francia creó la primera biblioteca del Paraguay con 5.000 volúmenes (Vázquez, 1975). El 16 de octubre de 1840, luego de su muerte, la Junta de Gobierno decidió abrirla públicamente y se nombró al primer encargado, José Gabriel Benítez.

En 1863, el Mcal. López autorizó la compra en el Uruguay de una colección de minerales y monedas. Comenzada la guerra, los trofeos obtenidos en el campo de batalla formaron un acervo que funcionó en la antigua Casa de los Gobernadores. Todo esto desapareció cuando Asunción fue tomada por los aliados en 1869 (Pusineri S., 1987).

La Guerra contra la Triple Alianza fue decisiva para que el país quedara con un déficit importante en cuanto a la existencia de las instituciones, entre ellas el museo. Recién en 1875, durante la presidencia de Juan Bautista Gill, se creó el primero posterior a la contienda.

El Paraguay trataba de superar las consecuencias nefastas de la guerra. Esa recuperación, en lo económico, cultural e institucional, se debió al enorme esfuerzo de muchos hombres que tuvieron la visión necesaria para ello.

Bibliografía:
Vázquez, Antonio J. (1975). El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos. Buenos Aires. Editorial Universitaria de Buenos Aires
Pusineri Scala, Carlos. (1987). Museos y Colecciones del Paraguay. Asunción

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La Plaza Uruguaya

Una de las zonas verdes más emblemáticas de la ciudad, incluso del país, es la conocida como Plaza Uruguaya, situada en pleno centro histórico de Asunción.

PlazaUruguayaLa proficua labor de los franciscanos en el Paraguay comenzó en 1542, cuando sus primeros miembros llegaron con Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Hacia 1580 comenzó la construcción de su primer convento, que quedó inconcluso; pero un informe de 1587 avisa la construcción de otro edificio, sobre la rivera del río Paraguay, cementerio incluido, en la Loma Karapã, en la populosa Chacarita.

A principios del siglo XVIII, el mismo se vio amenazado por el tiempo y los raudales. Entonces los franciscanos solicitaron a las autoridades un solar que perteneció a los jerónimos para construir un nuevo convento. La ubicación corresponde a la manzana de las actuales calles Iturbe, México, 25 de Mayo y Eligio Ayala.

El sitio donde actualmente se encuentra la Plaza Uruguaya, fue el lugar donde la orden contaba con un rancherío de esclavos y corral de bestias. Durante el gobierno del Dr. Francia el sitio fue convertido en cuartel del Ejército y luego de la Guerra Grande, en 1873, se vendió el terreno. La parte correspondiente a la actual plaza, que era un gran arenal donde incluso se efectuaron fusilamientos, era conocida popularmente como Plaza San Francisco.

Cambio de nombre

El Uruguay fue el primer país aliado en devolver los objetos que sus fuerzas llevaron del Paraguay durante la Guerra Grande. En 1885, el presidente oriental Máximo Santos presentó a su Congreso un proyecto de ley de condonación de deuda y de devolución de trofeos que fue aprobado por aclamación.

Se conformó una delegación encabezada por el ministro de Guerra Gral. Máximo Tajes, acompañado de una banda de músicos y militares. La comitiva se trasladó al Paraguay a través del río y fue presentando honores en distintos lugares como Humaitá y Pilar, echando anclas en la bahía de Asunción el 31 de mayo de 1885 a las 7 de la mañana bajo una salva de 21 cañonazos.

Multitudinarias actividades cívicas se llevaron a cabo durante los días que la delegación estuvo en el país. El presidente Santos fue declarado general honorario del Ejército nacional y ciudadano paraguayo, al igual que los otros integrantes de la delegación.

Pero el evento que se relaciona con esta nota fue el cambio de nombre de la antigua Plaza San Francisco por el de Plaza República del Uruguay, conocida popularmente como Plaza Uruguaya, como un acto de gratitud.

Bibliografía:
Durán Estragó, M. Conventos, ermitas, iglesias y parroquias del Paraguay colonial. La Historia en el Paraguay, ABC Color, Fasc. Nº 9, Cap. Nº 6. 2012.
Recuperado de internet: http://archivo.abc.com.py/2003-04-20/articulos/43535/un-gesto-de-amistad

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