El 1 de mayo…

Sin lugar a dudas, el 1 de mayo es una fecha sumamente importante para el mundo entero por cuanto se recuerda el Día Internacional del Trabajador. Pero, sin embargo, para los paraguayos, esa fecha pasa casi desapercibida en relación a otro acontecimiento de suma trascendencia en la historia de nuestra nación.

Tratado de la Triple Alianza
Tratado de la Triple Alianza

Apenas 25 años antes de los hechos que dieron origen a la fecha recordatoria de los trabajadores (Chicago, mayo de 1886), en América del Sur tres países reunidos en secreto, Argentina, Brasil y Uruguay, dieron pie a uno de los actos más bochornosos y polémicos de la historia reciente: el Tratado de Alianza contra el Paraguay.

En 19 artículos más un protocolo, definieron la suerte del Paraguay con acciones cuyas consecuencias incluso se sienten en la actualidad, más allá de cualquier intento de reconciliación por parte de los firmantes de dicho documento que fue dado a conocer a la opinión pública en el Parlamento británico en 1866 y publicado en Francia en abril de ese mismo año con traducción y comentarios atribuidos al intelectual argentino Juan Bautista Alberdi, una de las figuras públicas más críticas del tratado, de sus firmantes y de sus intenciones.

Y es que ese documento secreto que incluso imponía nuevos límites territoriales al Paraguay, castigos monetarios e indemnizaciones, tuvo amplia repercusión a nivel mundial y ganó para el Paraguay la simpatía de muchos alrededor del mundo ante la tremenda aplicación de la fuerza por parte de los países aliados al pueblo de la Nación que pretendían doblegar mediante la guerra.

Muchas fueron las voces de protesta que se alzaron en Europa y América ante la desproporción del enfrentamiento y sobre todo ante el cinismo del «contrato» que firmaron esos países para traer una supuesta guerra «libertadora en contra del Gobierno y no del pueblo» como reza en su texto en algún capítulo, cuando lo que en realidad hicieron fue expoliar las riquezas y apoderarse de territorios del Paraguay imponiendo la ley del vencedor.

Y ciertamente, 4 años y 10 meses después de la firma del infame Tratado con el que fueron responsables de uno de los episodios más sangrientos del siglo XIX, Argentina, Brasil y Uruguay acababan la guerra con la muerte del Mariscal Francisco Solano López y la exterminación de gran parte de la población paraguaya en fecha 1 de marzo de 1870, dando así cumplimiento a la letra del documento mencionado y la intención de sus firmantes. Todavía quedaría mucho más por escribirse en la historia luego de esa fecha, pero eso es tema de otro capítulo.

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Acerca del ferrocarril paraguayo

Los tambores de guerra contra los aliados estaban sonando fuerte ya cuando en 1864 el ferrocarril paraguayo inauguró su recorrido Luque-Areguá-Patiño un día como hoy, 5 de marzo.

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Imagen del conocido como Tren Lechero, que unía San Lorenzo con Asunción

Una de las instituciones más emblemáticas del Paraguay es el ferrocarril «Presidente Carlos Antonio López», llamado así en homenaje al mandatario en cuyo gobierno las obras de progreso cambiaron la faz del país.

Luego de ocupar la presidencia a la muerte del Dr. Francia, don Carlos encaró con firmeza la modernización del país. Envío a su hijo Francisco en misión diplomática y comercial a Europa, contrató técnicos para residir aquí, modernizó la flota militar y mercante, abrió oficinas de negocios en otros países, apoyó la educación y fomentó las obras de infraestructura.

Entre esas obras resaltaba un medio relativamente nuevo que revolucionaría el transporte en el mundo entero: el ferrocarril. Con una visión progresista encaró los primeros trabajos a partir de 1854 y luego solicitó a los agentes del Paraguay en Europa la compra de todo lo necesario para que tengamos un tren.

El 24 de marzo de 1856 le fue enviado a los hermanos Blyth, encargados de negocios de Paraguay en Londres, una primera entrega de 200 mil pesos oro para la compra de todo lo necesario para cubrir 13 leguas de ferrocarril, la distancia aproximada entre Asunción y Cerro León: rieles, vagones y locomotoras» (Pérez Acosta, J.: Carlos A. López, Obrero Máximo. 1948).

Comenzaba de esa manera el camino largo, sinuoso y amargo de un medio que lamentablemente no llegó a consolidarse en nuestro país, en parte como consecuencia de la guerra contra los aliados. Hoy en día se extraña un medio de transporte como el ferrocarril, tan importante en otros países del mundo.

El ferrocarril en las Américas

La historia del ferrocarril en las Américas comenzó en los EE.UU. en 1831; luego le siguió Cuba, en 1834. En Sudamérica este transporte comenzó a rodar en Chile en 1851; en Brasil, en 1854 (según algunos autores), y en la Argentina en 1857. Para Pérez Acosta, Paraguay fue el tercer país sudamericano en contar con este medio de transporte (Pérez Acosta, J.: Carlos A. López, Obrero Máximo. 1948); para otros fue el cuarto, ya que Paraguay echó a rodar sus primeros vagones oficialmente el 25 de diciembre de 1861, a pesar de que en 1854 ya estaban trabajando en las obras para sostener las vías y aproximadamente a partir de esa fecha comenzó a funcionar un tramo que unía el arsenal con el puerto, pero para el uso de zorras estiradas a caballos y no locomotoras a vapor (Verón, L.: Ferrocarril del Paraguay. 2002).

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