El Eco del Paraguay

El Eco del Paraguay es un periódico editado semanalmente entre 1855 a 1857, cuyo director fue el español Ildefonso Bermejo, conteniendo amplia información sobre el Paraguay y el mundo en cuatro páginas.

portada de el eco del paraguay
Portada del primer ejemplar de El Eco del Paraguay, 1855

Su fecha de aparición fue el 19 de abril de 1855 y fueron publicados en total 108 números, los cuales fueron reeditados en dos épocas diferentes en el Paraguay.

La primera de ellas en el año 1980, gracias a un trabajo comprometido del historiador Carlos Pusineri Scala y la ayuda de otras personas interesados en el tema histórico nacional y la editora Cuadernos Republicanos.

Esta primera reedición se realizó en carpetas numeradas del 1 al 4, conteniendo un total de 20 publicaciones divididas según lo indicado más abajo. El propósito fue el publicar la mayor cantidad posible, pero solo se pudo llegar a estas cuatro.

  • La carpeta 1: Contiene los números del 1 al 5
  • La carpeta 2: Contiene los números del 7 al 11
  • La carpeta 3: Contiene los números 12 al 16
  • La carpeta 4: Contiene los números 17, 19, 20, 22 y 25

Recién en 1998 el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (Fondec) y el diario Ultima Hora reeditaron en un solo compendio todos los números de esta importante publicación nacional.

Un hecho llamativo es la consecutividad de la numeración de las páginas de esta publicación, como si fueran las páginas de un libro o de un material coleccionable.

El proyecto cultural Aranduvera ofrece en esta ocasión un archivo en formato pdf que contiene las cuatro carpetas de 1980, así como los números correspondientes.

 

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Don Carlos Antonio López y su paso a la eternidad

Mucho antes de su desaparición física, don Carlos Antonio López ya había pasado a la eternidad por todo lo que ha significado su gobierno y sus acciones con sus luces y sus sombras.

Don Carlos Antonio López según una litografía de Canelle, imagen inserta en El Paraguay (1862) de Du Graty
Don Carlos Antonio López según una litografía de Canelle, imagen inserta en El Paraguay (1862) de Du Graty

Recordando con estos pensamientos sus acciones, algunas sumamente importantes y que tendrían relevancia posterior, aparte de su intención por convertir el Paraguay en un país que trascendiera, existen gestos que marcan grandeza.

Pero el destino habría de marcar su propia jugada. El país que él había soñado corría grave peligro ante las amenazas del Brasil y la Argentina. «En su lecho de muerte, dio a su hijo Francisco Solano, designado vicepresidente por pliego testamentario conforme a las normas constitucionales, el siguiente consejo: ‘Hay muchas cuestiones pendientes a ventilarse, pero no trate de resolverlas con la espada, sino con la pluma, principalmente con el Brasil’. Expiró el 10 de setiembre de 1862, dejando al país floreciente, con un poderoso ejército, graves problemas internacionales y un nuevo gobernante ávido de glorias y prestigios para su patria y su persona» (Cardozo, E. La Guerra Contra la Triple Alianza citando a Fidel Maíz).

Don Carlos falleció en las primeras horas del 10 de setiembre de 1862, siendo asistido por el padre Maíz, de quien recibió los auxilios sacramentales. Luego de haberse realizado las ceremonias litúrgicas previas, su cuerpo fue colocado en un ataúd que fue llevado a la Catedral acompañado de una gran multitud y sus parientes, esposa e hijos.

Luego, por expresa voluntad fue enterrado en la iglesia que él mismo había mandado construir, la Santísima Trinidad, a donde llegó en el tren que también había legado al pueblo como un medio moderno de comunicación. Había muerto el hombre y había nacido el mito. El Paraguay que había ayudado a construir, muy pronto habría de sufrir las pruebas más duras que le pueden deparar a una nación.

Al Exmo. Señor Don Carlos Antonio López
En ocasión del decreto del 1º de agosto sobre libertad de Imprenta

Sacude su letargo, musa mia,
No ensordezcas al grito del contento,
Y en dulce y jubilosa melodía,
Alza de gloria el triunfador acento…
¡Canta del libre la inmortal poesía!

Paraguayos, venid, cercad al hombre,
Que os indica el sendero de la gloria;
Cante la fama su preclaro nombre,
Y en letras de marfil grave la historia
Una página insigne a su memoria.

Tejed coronas para orlar su frente,
López! repita sonoro el viento,
López! aclama la entusiasta gente,
Pues con mano juiciosa y prepotente,
Las cadenas rompió del pensamiento.

Ya el pensamiento es libre, ciudadanos!
No abuseis de esta dulce independencia,
Que no hay pasiones donde no hay tiranos,
Ni quien sondar pretenta los arcanos
Del Santo tribunal de la conciencia.

Contemple la nación el bien que alcanza,
Que el sol de libertad mostró sus rayos.
La ilustración con ellos se afianza.
¡Alimenten los pechos paraguayos,
El fuego bienhechor de la esperanza.

Sacude tu letargo, musa mia,
No ensordezcas el grito de contento,
Y es dulce y jubilosa melodía,
Alza de gloria el triunfador acento…
¡Canta del libre la inmortal poesía.

Ildefonso Antonio Bermejo
El Eco del Paraguay, Año I, Nº 17
Jueves 9 de agosto de 1855

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