Revista del Instituto Paraguayo

La Revista del Instituto Paraguayo es, probablemente y de lejos, la revista más importante de la historia bibliográfica del Paraguay.

Tapa del número 1 de la Revista del Instituto Paraguayo
Tapa del número 1 de la Revista del Instituto Paraguayo

Por muchos motivos, por la calidad de sus colaboradores, por la temática tratada, por el espacio temporal que ocupó.


(Haciendo clic encima de la tapa de la revista podrá enlazar con el catálogo de la misma).


Publicada entre 1896 y 1909, la Revista del Instituto Paraguayo estuvo vigente mucho tiempo y la variedad de su contenido es también fundamental para entender un periodo de tiempo que está a caballo de la Guerra contra la Triple Alianza y la Generación del 900.

Entre sus colaboradores se pueden encontrar apellidos tales como Decoud, Báez, Pérez, Casabianca, Gonda, Domínguez y Pane entre otros próceres de la cultura nacional de dicha generación.

De esta revista se publicaron 64 números, cuya colección completa se puede contar con los dedos de una mano en nuestro país. Una de ellas, por ejemplo, se encuentra en la biblioteca de la Facultad Católica Ntra. Sra. de la Asunción (UCA); otra en la Colección Vera–Scuderi, quien pone a disposición de los interesados en la historia sociocultural de nuestro país, el Paraguay, el contenido de dicha publicación.

Por otro lado, es también justo recordar a la distinguida bibliógrafa Margarita Kallsen, quien publicó unas reediciones de dicha revista, pero llegando hasta el número 28, quedando inconclusa la intención.

La Biblioteca Histórica Pública Digital Aranduvera tiene el placer de presentar, a partir de esta edición, la revista del Instituto Paraguayo en archivos de formato de lectura en streaming.

Comenzamos con diez números, para luego agregar los otros 54 faltantes esperando que sean de su agrado.

 

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La Universidad en el Paraguay y sus historias

VITAM IMPENDERE VERO (II)

En 1941, Viriato Díaz Pérez, aquel español que dio lustre al Paraguay como muchos de sus compatriotas, refiriéndose a esta patria con palabras lustrosas, escribió en su libro Literatura del Paraguay, Vol. II (De los días coloniales a 1939) lo siguiente:

Escultura de fray Trejo de Sanabria ubicada en la plaza principal de la Universidad de Córdoba, Argentina
Escultura de fray Trejo de Sanabria ubicada en la plaza principal de la Universidad de Córdoba, Argentina

«Aunque mediatizada la ciudad por su geografía da, empero, el primer Gobernador criollo del Continente en el gran Hernandarias de Saavedra. Adentrada en sus selvas, es asiento del primer Obispado del Río de la Plata, en 1548, con el Obispo Juan de Barrios. Después de despoblada Buenos Aires, elevada por Irala a la categoría de ciudad, es en Asunción donde celebra sesión el primer Cabildo rioplatense.

De cultura restringida, en su aislamiento mediterráneo, produce a Rui Díaz de Guzmán, el primer historiador rioplatense. No tiene Universidad, pero sus hijos la fundan allende fronteras como Hernando Trejo de Sanabria, en la Córdoba americana.

Parecía estar llamada a lograr la ingencia de urbe populosa y congestiva como otras capitales similares, y resulta destinada a ser madre de pueblos, de grandes ciudades, y, así, desde 1553 a 1595, en treinta años de vitalidad, el solar asunceño engendra treinta y tres ciudades».

Dicen los que saben que el primer proyecto de una universidad en el Paraguay fue producto de un sueño de Hernando Arias de Saavedra, nuestro gobernador Hernandarias y hermano de madre con fray Hernando Trejo y Sanabria, fundador de lo que sería con los años la Universidad Nacional de Córdoba, en la Argentina.

Dicen también los que saben que la negativa del virrey de Lima a la autorización para ello se debería a cuestiones que todavía, en la época, 1598, se le cobrarían a Asunción por la Primera Revolución Comunera, antecedente principal de los espíritus emancipadores de las Américas.

Lo cierto es que Fray Hernando Trejo y Sanabria, como se dijo hermano de madre de Hernandarias, nacido sabemos en la ciudad de San Francisco (Brasil) y llegado al Paraguay en 1556 con su familia, ordenado sacerdote de la congregación franciscana y luego nombrado obispo de la Gobernación Eclesiástica de Tucumán, decidió en 1610 dotar a Córdoba de una institución educativa superior.

Para ello donó sus salarios para que los jesuitas crearan el Colegio Máximo en 1613. En él se dictaban clases de filosofía y teología, conformando la simiente de la futura Universidad de la ciudad de Córdoba, sitio donde muchos paraguayos recibieron educación, entre ellos el prócer Gaspar Rodríguez de Francia.

La historia dice que fue apenas unos años luego de que a Asunción le fuera negada la autorización para su propia Universidad, gestionada por su propio pariente, en 1598. Hernandarias, lejos de dejarse amilanar por la adversidad, designa a los jesuitas para enseñar doctrina, letras y buenas costumbres. Esos son los humildes comienzos, los inicios de nuestra Universidad Nacional de Asunción.

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