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La omisión del título militar de Francisco Solano López Carrillo en el título de este comentario es a propósito, pues en este artículo no existe intención de hablar de esa faceta.

Portada del libro La Guerra del Paraguay, del inglés Jorge Thompson (1910)

Portada del libro La Guerra del Paraguay, del inglés Jorge Thompson (1910)

El próximo 24 de julio de 2013 se recordará el 186º aniversario del nacimiento de Francisco Solano López Carrillo, hijo primogénito de doña Juana Pabla Carrillo y de don Carlos A. López.

Y si bien es cierto su actuación política y militar no esta exenta de polémicas y controversias, su vida personal no se queda atrás. Su padre, don Carlos, fue el primer presidente constitucional del Paraguay electo en el congreso de 1844, cuando él apenas contaba con 17 años.

Otro brillante militar, pero contemporáneo, el Cnel. Arturo Bray, quien sumó a su experiencia en las armas la producción literaria, escribió uno de los libros más ecuánimes acerca de la figura de Francisco Solano distanciándose del mito que lo rodeó luego de la Guerra contra la Triple Alianza y sus nefastas consecuencias.

Bray se despojó del áurea de romanticismo y de la categoría de héroe o villano con que frecuentemente se dividen las opiniones con respecto a Francisco Solano para presentarnos su dimensión histórica, pues en su opinión “la historia ha de ser relación de la verdad y no instrumento para halagar el patriotismo”.

“Querer a nuestros héroes y próceres limpios de toda mancha, sin una mácula sobre su escudo ni un solo pecado en su vida pública y privada, es necedad impertinente que a nada bueno conduce”, afirma el prefacio del libro Solano López, Soldado de la Gloria y del Infortunio.

Pero Bray no fue el único. Desde el siglo XIX ha sido tema para muchos autores que lo han tratado de todas las formas posibles: lo han alabado, condenado a los infiernos, elevado a los altares, denostado, criticado, mitificado y reivindicado.

Para algunos fue un villano. Para otros, sobre todo los que ayudaron a rescatar la figura en el 900 paraguayo, fue un héroe. Y es que si nos atenemos a la estricta dimensión de la concepción grecolatina del heroísmo y del héroe (un semidiós, hijo de un mortal y de un dios) las acciones que lo sobresalen dan la pauta y confirman la definición.

El héroe es una persona adornada con todas las virtudes posibles (que devienen de su deidad), pero también sujeto a todas las pasiones (que devienen de su mortalidad). Capaz de acciones nobles, pero también de sorprendernos con otras bajas. Es capaz de dar la vida por sus ideas y su pueblo, pero no duda en llevarlo a la ruina pretendiendo un fin ideal.

Si bien es cierto podemos asumir la posición heroica de Francisco Solano, es importante entender que como ser humano, en la otra vereda, hay hechos que confirman su mortalidad. Para saber y entender eso hay que leer, leer y leer. No quedarnos con un sólo texto y para ello les recomiendo, entre muchos más, los siguientes títulos bibliográficos:

Solano López, Soldado de la Gloria y del Infortunio. Arturo Bray. Carlos Schuman Editor (1984)
Francisco Solano López, Cartas y Proclamas. Julio César Cháves. Editorial Nizza (1957)
Con la rúbrica del Mariscal. Juan Livieres Argaña. Tomos I, II, II, IV, V y VI.
La Guerra del Paraguay. Jorge Thompson (1910)

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